Olanchito, Yoro. — Cada inicio de año, en comunidades rurales de Honduras y gran parte de América Latina, vuelve a escucharse una práctica ancestral: las cabañuelas, un método tradicional que busca anticipar el comportamiento del clima a lo largo del año mediante la observación de los primeros días de enero.

Las cabañuelas consisten en registrar fenómenos climáticos —lluvia, sol, viento, nubosidad o frío— durante un periodo específico del mes de enero, con la creencia de que cada día representa un mes del año.
Así, lo que ocurra el 1 de enero correspondería a enero, el 2 a febrero, y así sucesivamente hasta completar los doce meses. Existen también versiones inversas y lecturas más detalladas por horas, utilizadas para “afinar” las predicciones.
Las cabañuelas se leen tradicionalmente durante el mes de enero, siguiendo un orden que busca asociar cada observación climática con los meses del año. En la forma más común, conocida como cabañuelas directas, los primeros 12 días de enero representan los doce meses: el 1 de enero corresponde a enero, el 2 a febrero, y así sucesivamente hasta el 12 de enero, que representa diciembre.
Durante cada uno de esos días se observa con atención el comportamiento del clima —si llueve, hace sol, hay viento, frío o calor— y esas condiciones se interpretan como una referencia de cómo podría comportarse el clima en el mes correspondiente.
Para complementar esta lectura, se utilizan las cabañuelas por horas, consideradas una forma más detallada de interpretación. Generalmente se aplican entre el 25 y el 31 de enero, dividiendo cada día en tres momentos: la madrugada simboliza el inicio del mes, el mediodía representa la mitad del mes y la tarde o noche corresponde al cierre del mes.
Por ejemplo, si en la madrugada del 25 de enero llueve, se interpreta que el inicio de enero será lluvioso; si al mediodía hay sol, la mitad del mes será seca, y si al final del día hay viento, así terminaría ese mes. De esta manera, quienes practican las cabañuelas buscan afinar sus predicciones combinando días y horas para obtener una lectura más completa del año climático.

Durante décadas, este método ha sido una herramienta de referencia para agricultores y ganaderos, quienes lo han usado para planificar siembras, cosechas y manejo de ganado, especialmente en regiones donde el acceso a información meteorológica ha sido históricamente limitado.
Sin embargo, desde el punto de vista científico, las cabañuelas carecen de sustento técnico comprobado. La meteorología moderna explica que el clima está determinado por múltiples variables globales, como las corrientes oceánicas, los sistemas atmosféricos, y fenómenos como El Niño y La Niña, además de los efectos cada vez más evidentes del cambio climático, factores que no pueden ser anticipados mediante observaciones locales de corto plazo.
Aun así, especialistas reconocen que las cabañuelas no deben entenderse únicamente como un método de predicción, sino como una expresión de sabiduría popular, construida a partir de la observación constante del entorno y la experiencia acumulada de generaciones.
En Honduras, particularmente en departamentos como Yoro, Olancho y Colón, la práctica sigue vigente como parte de la cultura agrícola y la identidad comunitaria. Muchos productores la consultan no como una verdad absoluta, sino como una referencia complementaria a los pronósticos oficiales.
La conclusión, coinciden expertos y campesinos, es clara: las cabañuelas no sustituyen la ciencia, pero tampoco pueden descartarse como simples supersticiones. Representan una forma de leer la naturaleza que habla más de la historia y la relación del ser humano con su entorno que de una predicción exacta del futuro climático.

