Olanchito, Yoro.—En Olanchito, el futuro de cientos de jóvenes se decide cada semestre entre matrículas, horarios y una pregunta que pesa más que cualquier examen: ¿me quedo o me voy? En el municipio operan tres universidades, y en dos de ellas se repite un patrón claro: las carreras más escogidas siguen siendo Derecho, Psicología, Administración de Empresas y Enfermería, opciones percibidas como “seguras” y accesibles.

Pero esa elección —que parece lógica a primera vista— también revela una tensión creciente entre las aspiraciones de la juventud y la realidad del mercado laboral en la región.
“Aquí casi todos nos vamos por lo mismo: Derecho o Psicología. Uno piensa que es lo que abre puertas”, cuenta María Reyes (25), estudiante universitaria. Kevin Garcia (21), que cursa Administración, lo dice sin rodeos: “La gente escoge lo que ve en otros: que fulano ya se graduó de abogado o que en salud siempre hay chance. Pero cuando uno pregunta dónde están los trabajos, ahí es donde comienza la duda”.
La concentración en estas carreras ocurre mientras el municipio —como buena parte del país— enfrenta una oferta laboral limitada, especialmente para profesionales recién egresados, lo que alimenta el dilema juvenil: graduarse para quedarse… o graduarse para emigrar.

En el fondo, la discusión no es solo académica. Es económica. Y también cultural. Muchos jóvenes reconocen que la migración aparece como un plan B permanente. “Yo estudio Psicología porque me gusta, pero también tengo familia fuera. Si aquí no sale nada, me voy”, admite Diana Solis (22).
En contraste, otros intentan abrirse paso sin abandonar Olanchito. José Puerto (29), estudiante y emprendedor, relata que combina clases con un pequeño negocio: “No me quiero ir. Yo quiero hacer algo aquí, pero cuesta porque no hay apoyo y el empleo formal es limitado. Uno tiene que inventársela”.
Historias como la suya se multiplican: jóvenes que destacan sin irse, sosteniendo sus estudios con emprendimientos, becas, trabajos temporales o apoyo familiar.
Esa realidad contrasta con la oferta de la UNAH Campus Yoro, que ha impulsado carreras consideradas más pertinentes y técnicas, diseñadas en función de la economía regional y los giros laborales del territorio. Sin embargo, docentes y expertos locales señalan que estas opciones no resultan atractivas para buena parte de la juventud, que sigue priorizando carreras tradicionales con alta demanda estudiantil, pero con una oferta laboral cada vez más saturada.
“Aquí hay carreras que responden a lo que necesita la región, pero muchos jóvenes no las miran como aspiracionales”, explica un orientador académico. “Siguen buscando títulos muy competidos, donde ya hay demasiados profesionales”.

La falta de empleo y la limitada formación técnica en áreas estratégicas —vinculadas a producción, tecnología, logística, gestión territorial o procesos industriales— se ha convertido en un cuello de botella silencioso.

El resultado es una generación que estudia con esfuerzo, pero que muchas veces se gradúa con un horizonte estrecho: competir por pocas plazas, aceptar salarios bajos o apostar por la migración.
“Yo no quiero irme, pero si no hay oportunidades, uno no puede quedarse solo por amor al pueblo”, dice Luis Nuñez (27), a punto de terminar su carrera.
En Olanchito, las universidades siguen siendo una puerta abierta. Pero la pregunta de fondo sigue sin respuesta completa: ¿están formando para la vida real que les espera aquí? Mientras esa brecha persista —entre lo que se sueña y lo que se necesita— el futuro de la juventud continuará dividido entre dos caminos: quedarse y resistir, o irse para empezar de nuevo.

