OLANCHITO, YORO.— En los potreros del Alto Aguán ya no se cuentan solamente litros de leche perdidos: se cuentan animales muertos y los días que faltan para que se termine el poco alimento disponible. Más de 200 reses han muerto, la producción lechera se ha desplomado y algunos ganaderos aseguran estar a solo días de quedarse sin comida para sus animales, en una crisis que productores de Valle Arriba, en Olanchito, califican como “inmanejable” y que amenaza con devorar en semanas el patrimonio construido durante años.
“La situación ya es inmanejable”, aseguró Carlos Cruz, ganadero del Alto Aguán, al describir un panorama que empeora conforme pasan los días sin que las lluvias sean suficientes para recuperar los potreros, las fuentes de agua y la alimentación del ganado.
Las cifras expuestas por Cruz muestran la dimensión del golpe. Según el productor, en unos cinco centros de recolección —conocidos en la zona como creles— anteriormente se recibían alrededor de 30,000 litros de leche, mientras que actualmente la cifra ronda apenas los 14,000 litros.
Los productores estiman que la producción ha caído alrededor de un 60 %, un desplome que no solamente golpea al dueño del ganado, sino a toda una cadena económica que depende diariamente de la leche.


En la región funcionan aproximadamente siete queseras artesanales y cinco centros de recolección, por lo que la crisis comienza a sentirse más allá de las fincas.
Menos leche significa menos materia prima para las queseras, menos ingresos para los productores, menor movimiento comercial y una amenaza directa para decenas de familias que dependen de esta actividad.
Pero detrás de las estadísticas aparece una realidad todavía más dramática.
“Un solo productor ya perdió 50 cabezas de ganado”, advirtió Cruz.
Los ganaderos estiman que más de 200 animales ya han muerto en la zona y temen que esa cifra aumente día tras día si las condiciones climáticas continúan y no llega asistencia.
El problema es doble: escasea el agua y también el alimento.
Los pastizales han perdido capacidad para sostener el ganado y las reservas de algunos productores comienzan a agotarse. Comprar alimento representa además un costo que muchos pequeños y medianos ganaderos difícilmente pueden sostener durante semanas.
En Valle Arriba, la desesperación ya comienza a reemplazar la preocupación.
Aníbal Núñez, productor de la zona, advirtió que la crisis ya está golpeando incluso las fuentes subterráneas de agua. Según explicó, los acuíferos también muestran una reducción considerable y algunos pozos apenas están produciendo alrededor de 10 galones por minuto, un caudal insuficiente para establecer sistemas de riego capaces de recuperar los pastizales.



A esto se suman temperaturas que alcanzan entre 40 y 41 grados centígrados, condiciones bajo las cuales la evaporación se dispara y la intensa radiación solar acelera la pérdida de humedad del suelo, dejando a los productores prácticamente sin capacidad para contrarrestar los efectos de la sequía.
José Núñez, otro productor de la zona, aseguró que apenas dispone de alimento para mantener su ganado durante tres días más.
Con lágrimas en sus ojos, Núñez resumió lo que para muchas familias ganaderas dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una emergencia inmediata.
“Mis terneros se van a morir”, expresó al explicar que ya no encuentra cómo sostenerlos si las condiciones continúan de la misma manera.
Su testimonio refleja el drama que comienza a repetirse entre productores que durante años han invertido en ganado y que ahora observan cómo la sequía reduce sus hatos sin que tengan suficientes alternativas para enfrentarse a ella.
“Es para ya, no podemos esperar un mes”
Los ganaderos del Alto Aguán están pidiendo una intervención urgente del Gobierno central, el Congreso Nacional, COPECO, la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) y organismos de cooperación.
La petición incluye asistencia inmediata con alimento para ganado, acceso a agua y mecanismos financieros que permitan sostener las fincas mientras supera la emergencia.
Otros productores consideran que también deberían habilitarse créditos de emergencia con bajas tasas de interés, especialmente para quienes están perdiendo animales o necesitan comprar alimento.

“Aquí no podemos esperar más. Ojalá las ayudas vengan, o bien sea acceso a préstamos con bajo interés, pero es para ya. No podemos esperar un mes”, manifestó otro productor.
Y el tiempo es precisamente lo que menos tienen.
Cada día sin suficiente agua significa animales más débiles. Cada potrero seco obliga a utilizar las reservas disponibles. Cada res que muere representa cientos o miles de lempiras que desaparecen del patrimonio de una familia.
La ganadería y la producción de leche constituyen una actividad económica fundamental en diferentes comunidades del Alto Aguán. Por eso, los productores advierten que el impacto podría extenderse rápidamente si la producción continúa cayendo.
La reducción de aproximadamente 30,000 a 14,000 litros en los centros de recolección mencionados por Cruz significa que miles de litros que antes circulaban diariamente dentro de la economía local simplemente han dejado de producirse.
Y detrás de cada litro perdido existe una cadena: el productor que ordeña, el trabajador de la finca, quien transporta la leche, los centros de recolección, las queseras artesanales, los comerciantes y finalmente los consumidores.
Por eso, los ganaderos insisten en que la emergencia no puede observarse únicamente como un problema individual de quienes poseen reses.
En Valle Arriba, los productores han pegado el grito al cielo.
No piden esperar a que las estadísticas confirmen dentro de varias semanas que hubo una crisis. Dicen estar viviendo esa crisis ahora mismo.
Más de 200 animales muertos, productores que reportan pérdidas de decenas de cabezas, una producción lechera severamente golpeada y reservas de alimento que en algunos casos pueden contarse con los dedos de una mano.
Mientras esperan una respuesta institucional, el reloj sigue corriendo.
Para un ganadero, una res no representa únicamente un animal. Es inversión, reproducción, leche, alimentación familiar, empleo y, muchas veces, el ahorro acumulado durante años.
Hoy, en diferentes potreros del Alto Aguán, ese patrimonio se está muriendo bajo el sol.
Y la advertencia de los productores es contundente: si la ayuda tarda semanas, para muchas reses y para algunos ganaderos podría llegar demasiado tarde.

