OLANCHITO, YORO.— Para muchos ganaderos de Olanchito, la preocupación ya no es cuánto producirán sus vacas mañana, sino cuántas lograrán mantener con vida. Después de meses de sequía, pastos agotados y más de un centenar de reses muertas, unos 200 pequeños productores recibieron alimento de emergencia como parte de una intervención de la Secretaría de Agricultura y Ganadería para contener nuevas pérdidas en uno de los sectores más golpeados del Alto Aguán.
La entrega se realizó ante el deterioro que han sufrido las fincas dedicadas principalmente a la producción de leche y carne, donde la falta prolongada de lluvias redujo la disponibilidad de pastos y elevó los costos para alimentar al ganado.
La medida tiene un propósito inmediato: evitar que continúen muriendo animales.
Las autoridades explicaron que las raciones entregadas no fueron formuladas para sostener o aumentar los niveles normales de producción de leche o carne. Su función es mucho más básica y urgente: proporcionar alimento suficiente para ayudar a los animales a sobrevivir mientras mejoran las condiciones en el campo.
El impacto de la sequía ha sido particularmente duro en las zonas productoras del municipio. De acuerdo con los reportes del sector, más de un centenar de cabezas de ganado han muerto, convirtiendo la falta de agua y alimento en un problema económico para numerosas familias que dependen directamente de esta actividad.
El presidente de la Sociedad de Agricultores y Ganaderos de Olanchito (SAGO), Juan José Molina, destacó que el apoyo llega en un momento crítico para pequeños productores que durante meses han tenido que enfrentar la escasez de agua, la desaparición de los pastos y la muerte de animales.
“Lo urgente en este momento es ayudar al pequeño productor a mantener vivo su ganado. Hemos visto cómo esta sequía ha golpeado fuertemente a nuestras comunidades y cualquier apoyo que permita reducir las pérdidas representa un alivio para las familias ganaderas”, expresó Molina.
Funcionarios de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) explicaron que cada apoyo contempla 1,000 libras de ensilaje de maíz, además de suplementos nutricionales, como parte del Programa de Incentivo a la Producción Ganadera 2026.

Las autoridades aclararon que el alimento constituye un paliativo frente a la emergencia y no pretende mantener los niveles habituales de producción. La prioridad es proporcionar una reserva alimenticia que contribuya a la supervivencia de los animales mientras persistan los efectos de la prolongada sequía.
“Estamos atendiendo una necesidad inmediata. Este alimento busca ayudar al productor a sostener sus animales y proteger un patrimonio del que dependen muchas familias. Paralelamente se brinda asistencia técnica para fortalecer la capacidad del sector ganadero frente a períodos climáticos cada vez más extremos”, señalaron funcionarios de la SAG.
La dimensión humana de la crisis puede encontrarse en comunidades como San Lorenzo Arriba, donde Miguel Cruz, un joven dedicado a la ganadería, asegura que los productores están aprendiendo a convivir con veranos mucho más prolongados.

“La sequía siempre ha estado presente, pero antes el verano era más estable. Ahora se alarga demasiado; en esta zona llevamos ya nueve meses sin lluvia”, relató.
Cruz explica que cuando desaparecen los pastos, alimentar cada res se convierte en una batalla diaria y los costos comienzan a superar las posibilidades de muchas familias.
“Con este incentivo de ensilaje de maíz y el balde nutricional tenemos un respiro, una reserva que nos ayuda a seguir adelante y cuidar nuestras vacas en medio de tanta incertidumbre”, agregó.
Su historia resume el desafío que atraviesa buena parte del campo en la ciudad civica: para muchos pequeños ganaderos, después de meses esperando que vuelva la lluvia, producir dejó temporalmente de ser la prioridad. Hoy la batalla es mantener vivo su ganado.


