“Busqué refugio cuando la ley dejó de protegerme”

Nacionales

La noche del 11 de diciembre de 2025 entendí, con una claridad dolorosa, lo frágil que puede ser el Estado de derecho cuando el poder decide torcerlo. La persecución del oficialismo había alcanzado su punto más alto y, sin asidero legal alguno, nuevamente se dirigió contra mí con la intención de aprehenderme de forma arbitraria e ilegal. Asi relata Ana Paola Hall sus momentos.

En este testimonio, es Ana Paola Hall García quien toma la palabra y narra, los hechos que marcaron uno de los momentos más críticos de su vida pública y personal. Desde su condición de consejera presidenta del Consejo Nacional Electoral, Hall reconstruye la noche en que tuvo que abandonar su hogar, buscar refugio y acogerse a la protección diplomática, describiendo no solo la presión institucional y política que enfrentó, sino también el miedo, la incertidumbre y la convicción de que la legalidad y la democracia debían prevalecer aun cuando —según su propio relato— el Estado dejó de garantizarle protección

Tuve que salir de mi casa y deambular por la ciudad sin rumbo, con el alma en vilo, buscando a quién acudir y dónde resguardarme. Fueron minutos eternos, marcados por la incertidumbre y el peligro real.

En medio de esa situación extrema recibí un mensaje oportuno, firme y solidario del Cédric Prieto, embajador de Francia en Honduras, quien me ofreció amparo y protección en la residencia diplomática que dignamente ocupa, bajo el manto de la inviolabilidad que reconoce el derecho internacional.

Ese gesto —que jamás olvidaré— no fue solo un acto de protección personal. Fue una demostración clara de apego a los valores que sostienen la convivencia civilizada entre las naciones. Gracias a ese resguardo, pude continuar mis labores como consejera presidenta del Consejo Nacional Electoral en un momento crucial, cuando el país y la comunidad internacional aguardaban la declaratoria oficial de las elecciones.

Durante los días que permanecí en la residencia diplomática, del 11 de diciembre de 2025 al 14 de enero de 2026, la persecución no cesó. Ministerios, instituciones del Estado, titulares de poderes y actores políticos emplearon —de manera sistemática y cruel— sus mecanismos de presión y ataque.

A ellos se sumaron sectores recién llegados a la política, que actuaron en manada, con la intención de intimidar y desacreditar.

A pesar de la violencia diaria dirigida en mi contra y de jornadas extremadamente difíciles, ese espacio se convirtió en mi lugar de seguridad y calma. Cada día, tras superar un obstáculo más, miré hacia el futuro con la esperanza de que las instituciones llamadas a proteger los derechos fundamentales de los hondureños reencontraran el cauce constitucional.

La posterior admisión de mi recurso de amparo por la Sala de lo Constitucional, junto con las medidas cautelares de protección derivadas del fuero político constitucional, confirmó algo esencial: la razón jurídica —aunque a veces tarde— puede y debe prevalecer.

Hoy dejo constancia pública de este episodio no como un testimonio personal aislado, sino como una lección ética y democrática. El gesto del Gobierno de Francia honra a la diplomacia y ennoblece a las naciones que hacen de los derechos humanos un compromiso real y no una consigna retórica.

En mi memoria quedará grabado como un auxilio oportuno, pero también como una señal de que, incluso en los momentos más oscuros, la solidaridad y el derecho internacional siguen siendo un faro.