Cuero y Salado Atlántida – Desde el primer destello de luz sobre los canales del Caribe hondureño, el monitoreo comenzó como una operación de precisión ecológica. Equipos ópticos calibrados, registros de campo y coordenadas geográficas marcaron el inicio del Censo Centroamericano de Aves Acuáticas 2026 en el Refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado, uno de los humedales más relevantes para la biodiversidad regional.

Durante tres días consecutivos, investigadores especializados recorrieron el corredor natural comprendido entre Boca del Toro y Salado Barra, documentando la presencia, comportamiento y distribución de especies acuáticas y costeras en lagunas, estuarios y desembocaduras de ríos.
El objetivo: generar una línea base científica que permita identificar tendencias poblacionales en aves residentes y migratorias que dependen funcionalmente de estos ecosistemas.
Jafeth Zablah, coordinador del Club de Observación de Aves Cotinga, explicó que este ejercicio se ha desarrollado de manera ininterrumpida durante los últimos 15 años, con el propósito de evaluar si las poblaciones de aves acuáticas presentan incrementos, estabilidad o declive en respuesta a cambios ambientales y antrópicos.

“El censo permite correlacionar variaciones en la abundancia de especies con factores como pérdida de hábitat, expansión de la ganadería extensiva, tala forestal o alteraciones hidrológicas”, señaló.
Los resultados preliminares del monitoreo registraron un total de 121 especies, confirmando la importancia ecológica del área como sitio de alimentación, reproducción y descanso para aves residentes y migratorias.
Sin embargo, los investigadores advierten que la presión sobre los humedales ha comenzado a modificar las dinámicas ecológicas del territorio.

La fragmentación del hábitat, producto del avance de actividades agropecuarias, así como la disminución de cobertura vegetal en zonas de amortiguamiento, podrían estar afectando los ciclos biológicos de diversas especies, desde sus patrones de anidación hasta sus rutas migratorias.
Este monitoreo forma parte de una red regional de evaluación ambiental que busca identificar indicadores tempranos de degradación ecosistémica en humedales estratégicos de Centroamérica. En este contexto, las aves acuáticas funcionan como bioindicadores clave del estado de salud del sistema, permitiendo inferir impactos asociados al cambio climático, variabilidad hídrica y transformación del uso del suelo.

La información generada será incorporada en los planes de manejo del Refugio de Vida Silvestre Cuero y Salado, aportando evidencia científica para el diseño de estrategias de conservación orientadas a la protección de uno de los corredores biológicos más importantes del Caribe hondureño.


