Comienza la era Asfura: un mandato estrecho, austero y condicionado al cogobierno

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Tegucigalpa, Honduras – La presidencia de Nasry Juan Asfura Zablah inicia este martes en Honduras tras un triunfo electoral apretado, por poco más de 30 mil votos, que redefine el equilibrio político y obliga a un cogobierno con el Partido Liberal.

El resultado, certificado por el Consejo Nacional Electoral con el 99.8 % de las actas escrutadas, cerró un proceso marcado por tensiones, retrasos y señalamientos que pusieron a prueba la institucionalidad, pero que fue avalado por misiones de observación.

El Partido Nacional retorna al poder antes de lo previsto luego del ciclo del expresidente Juan Orlando Hernández. El regreso ocurre en un ambiente distinto: menos margen político, mayor escrutinio y una promesa explícita de austeridad.

Juramentación histórica y mensaje de austeridad

Asfura, de 67 años, se convierte en el presidente número 13 de la etapa democrática reciente y jura el cargo en el hemiciclo legislativo del Congreso Nacional de Honduras, rompiendo con la tradición de hacerlo en el Estadio Nacional.

El presidente del Legislativo, Tomás Zambrano, subrayó que el acto es meramente legislativo y respondió a la solicitud del mandatario de evitar gastos que, en ceremonias previas, han superado los 100 millones de lempiras.

Quiero una toma de posesión tranquila”, ha insistido Asfura, quien pidió una ceremonia austera, sencilla y rápida. Entre los asistentes figuran el cuerpo diplomático acreditado y representantes de diversos sectores, sin la presencia de mandatarios extranjeros.

Gabinete inicial y primeras señales

El nuevo presidente adelantó los primeros nombramientos: Emilio Hernández Hércules en Finanzas; Mireya Agüero en Cancillería; Luis Castro como secretario privado; y Juan Carlos García en la Presidencia. Asfura también dejó claro que no recurrirá a diputados en funciones para dirigir ministerios u oficinas.

Entre sus primeras acciones anunció decretar emergencia en salud y en la red vial, vender el avión presidencial —autorizado por el Congreso— y imprimir 10 millones de libros para 1.2 millones de estudiantes de primero a undécimo grado, junto con guías docentes.

El perfil del presidente y la prueba política

Nacido el 8 de junio de 1958 en Tegucigalpa, empresario de la construcción, casado con Lissette del Cid y padre de Monique, Stephanie y Alexandra, Asfura cultiva una imagen pragmática y cercana. “Papi” —como le llaman— es conocido por romper protocolos, su vestimenta de trabajo y su lema “¡A la orden!”, rasgos que le han granjeado simpatía popular.

Su carrera incluye pasos por la regiduría municipal, la diputación, el FHIS y dos períodos como alcalde de Tegucigalpa (2014–2022), donde priorizó infraestructura y ejecución rápida.

En 2021 reconoció su derrota ante Xiomara Castro; hoy asume sin haber recibido su felicitación pública.

Cogobierno y reducción del Estado

La estrechez del mandato condiciona la gobernabilidad. La vicepresidenta electa, María Antonieta Mejía, confirmó un plan de reducción del Estado: eliminar al menos 38 instituciones por duplicidad de funciones, de un total de 112, para dejar 74 y ahorrar entre 10 y 15 mil millones de lempiras.

Parte del Poder Ejecutivo será compartido con el Partido Liberal, confirmó Zambrano, como base del cogobierno solicitado por Asfura.

El Estado no es un ente empleador”, sostuvo Mejía, sino un facilitador de inversión y empleo. El ajuste, de concretarse, será una de las reformas más profundas del aparato público reciente.

Un inicio bajo escrutinio

Asfura llega tras un proceso electoral disputado frente a Salvador Nasralla, con intentos de judicialización que tensaron el ambiente. La declaratoria del CNE del 24 de diciembre de 2025 cerró el capítulo con respaldo de observadores, pero no disipó del todo la polarización.

El nuevo presidente ya sostuvo reuniones con actores internacionales, incluido el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. El desafío inmediato será convertir la austeridad en resultados, coordinar el cogobierno y cumplir promesas en un país que observa con expectativa —y cautela— el inicio de esta nueva etapa.