En el Valle del Aguán, donde el calor siempre ha sido parte del paisaje tanto como los campos de Banano y las riberas del río, una pregunta comienza a inquietar cada vez con más frecuencia a agricultores ¿está haciendo más calor que antes?

Los registros históricos de temperatura disponibles en plataformas meteorológicas internacionales y bases de datos climáticas utilizadas por organismos como la NASA y el NOAA sugieren que la respuesta podría ser afirmativa. En las últimas dos décadas, el corredor norte de Honduras —incluyendo los municipios de Olanchito, Saba y Tocoa— ha experimentado un incremento sostenido en sus temperaturas promedio anuales.
De acuerdo con los análisis comparativos de datos climáticos desde inicios de los años 2000 hasta la actualidad, el Valle del Aguán ha registrado un aumento estimado de entre 0.5°C y 1.2°C en su temperatura media anual.
Aunque pueda parecer una variación mínima, especialistas advierten que incluso cambios inferiores a un grado pueden alterar significativamente los ciclos agrícolas, la disponibilidad de agua y la salud humana.
Datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y estudios regionales de la CEPAL sobre variabilidad climática en Centroamérica indican que las zonas de baja altitud del Caribe hondureño han experimentado un incremento de temperatura promedio de entre 0.7°C y 1.0°C desde 1960, con una aceleración más marcada a partir de la década del 2000.
Este aumento ha sido particularmente evidente en regiones del litoral atlántico y regiones interiores como el Valle del Aguán, donde la temperatura máxima diaria ha mostrado una tendencia ascendente de aproximadamente 0.2°C por década, según registros analizados por el sistema global de monitoreo climático del NOAA.

Asimismo, proyecciones contenidas en el informe Estado del Clima en América Latina y el Caribe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierten que Honduras podría experimentar incrementos adicionales de hasta 1.5°C en su temperatura media hacia el año 2040, especialmente en zonas por debajo de los 300 metros sobre el nivel del mar, como el Valle del Aguán.

Este comportamiento térmico está asociado a una mayor frecuencia de días extremadamente cálidos y a la reducción progresiva de noches frescas, fenómeno que impacta directamente en la evapotranspiración del suelo y en la disponibilidad hídrica de microcuencas que abastecen sistemas comunitarios de agua potable en municipios como Olanchito.
El fenómeno no ocurre de manera aislada. En todo el territorio hondureño, las temperaturas mínimas nocturnas han mostrado una tendencia al alza, reduciendo los periodos de enfriamiento natural del ambiente. En términos prácticos, esto significa noches más cálidas y una sensación térmica acumulada que eleva el estrés térmico en la población, particularmente en comunidades rurales donde el acceso a sistemas de ventilación o climatización es limitado.
Para una región como el Aguán, cuya economía depende en gran medida de la agricultura, el aumento progresivo de las temperaturas representa un desafío silencioso pero persistente. Cultivos como el maíz, el frijol e incluso la palma africana pueden ver modificados sus tiempos de siembra y cosecha debido al estrés hídrico provocado por el calor extremo.
Además, el incremento térmico está estrechamente vinculado a la evaporación acelerada de fuentes superficiales de agua, afectando microcuencas que abastecen sistemas de agua en aldeas del municipio de Olanchito. Este comportamiento podría incidir directamente en la reducción de caudales durante la estación seca.
Las proyecciones climáticas para Honduras indican que, de mantenerse las actuales tendencias globales de emisión de gases de efecto invernadero, las temperaturas promedio en regiones bajas como el Valle del Aguán podrían continuar aumentando durante las próximas décadas, intensificando eventos como sequías prolongadas y olas de calor.
Aunque el cambio puede pasar desapercibido en el día a día, sus efectos comienzan a sentirse en la productividad agrícola, el consumo energético y la salud pública. El calor, que antes era simplemente una característica del trópico, podría estar convirtiéndose lentamente en uno de los mayores retos ambientales y económicos para las comunidades del Aguán.


