Emprender por necesidad: cuando el empleo no alcanza en el Valle del Aguán

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Valle del Aguán.—En el Valle del Aguán, emprender no siempre es una elección; para muchos, es la única salida. La escasez de empleo formal y los salarios que no cubren el costo de la vida han empujado a jóvenes y adultos a montar pequeños negocios como una forma de sobrevivir en una región donde las oportunidades laborales siguen siendo limitadas.

De acuerdo con testimonios recogidos entre emprendedores, la mayoría inició su negocio tras enfrentar meses —o años— sin conseguir un empleo estable, o luego de comprobar que un salario mínimo apenas alcanza para cubrir lo básico.

Trabajé en una empresa privada, pero lo que ganaba no me daba ni para mantener a mi familia. Emprender no era mi sueño, fue mi necesidad”, relata Carlos Martínez, un joven comerciante de Sabá que hoy sostiene su hogar con un pequeño negocio informal.

La falta de empleo formal se combina con una economía local marcada por la temporalidad, especialmente en sectores como la agricultura y el comercio, donde los ingresos fluctúan y la estabilidad es escasa. Para muchos jóvenes recién graduados, el panorama es aún más complejo: títulos universitarios que no encuentran espacio en el mercado laboral y salarios que no compensan los años de estudio.

Uno estudia para mejorar, pero aquí muchas veces no hay dónde ejercer”, dice Andrea Paguada, egresada de una carrera administrativa.

Ante ese escenario, el emprendimiento surge como alternativa, pero no sin obstáculos. La mayoría de los nuevos negocios arranca sin capital suficiente, sin acceso a créditos accesibles y con escasa formación en áreas clave como costos, impuestos o mercadeo.

A ello se suma la informalidad, que si bien permite iniciar rápido, limita el crecimiento y la posibilidad de acceder a financiamiento o mercados más amplios.

Pese a las dificultades, el Valle del Aguán también ofrece historias de resistencia. Pequeños emprendimientos familiares, ventas de comida, talleres, servicios y proyectos agrícolas sostienen a cientos de hogares. Son negocios que sobreviven gracias al esfuerzo diario, no a un ecosistema favorable.

Aquí nadie te regala nada. Si uno no trabaja, no come”, resume José Murillo emprendedor del medio Aguánen Olanchito.

Especialistas coinciden en que el problema no es la falta de iniciativa, sino la ausencia de empleo digno y políticas que fortalezcan el emprendimiento como una opción real de desarrollo, y no solo como un salvavidas. Mientras eso no ocurra, emprender seguirá siendo, para muchos habitantes del Aguán, una respuesta forzada a un mercado laboral que no alcanza.

A este panorama se suma la limitada presencia del gobierno central en políticas concretas de apoyo al empleo y al emprendimiento local. Aunque existen programas anunciados para pequeñas y medianas empresas, emprendedores del Valle del Aguán coinciden en que el acceso es difícil, los requisitos son elevados y el acompañamiento casi inexistente.

Uno escucha que hay apoyo, pero cuando pregunta nadie sabe cómo aplicar o a quién acudir”, comenta un Javier Soto un comerciante informal que intentó regularizar su negocio sin éxito.

Las municipalidades, por su parte, enfrentan restricciones presupuestarias y administrativas que limitan su capacidad de respuesta, pero también cargan con el reclamo ciudadano de no haber construido ecosistemas locales de emprendimiento.

La falta de ferias permanentes, incentivos fiscales, capacitación técnica y alianzas con universidades o cooperantes ha dejado a muchos emprendedores avanzando solos. Mientras tanto, la brecha entre discurso y realidad se mantiene abierta, y en el Valle del Aguán emprender sigue siendo más un acto de resistencia individual que el resultado de una política pública sostenida.