Encuentran bomba de racimo de fabricación rusa en Olancho

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Los vecinos de San Andres del Bocay, Olancho jamás se imaginaron que en los potreros de la aldea permanecía un artefacto capaz de destruir todo a varios metros a la redonda. Durante décadas, el bosque guardó silencio. Bajo el pasto verde de San Andrés del Bocay, jurisdicción de Olancho, entre pasto, hojas y arboles, yacía intacto un vestigio de guerra que no pertenecía a este tiempo ni a este lugar.

Nadie lo vio llegar, nadie supo que estaba ahí… hasta que el paso rutinario de una patrulla militar interrumpió la calma y reveló que, en esos mismos potreros, dormía una bomba capaz de arrasar todo a su alrededor en cuestión de segundos.

Efectivos de las Fuerzas Armadas de Honduras localizaron y destruyeron un artefacto explosivo de alto poder durante un patrullaje realizado en la comunidad de San Andrés del Bocay, en el departamento de Olancho, tras identificar que se trataba de una bomba de racimo tipo RBK-250, de fabricación rusa.

De acuerdo con el informe oficial, el hallazgo se produjo mientras personal militar desarrollaba labores de reconocimiento en la zona.

Como medida preventiva, se procedió de inmediato a asegurar el área para evitar riesgos a la población civil, al tiempo que se solicitó la intervención del Equipo de Destrucción de Municiones y Explosivos de las Fuerzas Armadas.

Al llegar al lugar, los especialistas confirmaron que el artefacto correspondía a una bomba de racimo de aproximadamente 250 libras, equipada con 30 submuniciones antitanque, lo que representa un alto potencial destructivo en caso de detonación accidental.

Autoridades militares indicaron que, de haber explotado en el sitio donde fue encontrada, la bomba habría provocado severos daños dentro de un radio de acción efectivo de varias decenas de metros, poniendo en riesgo la integridad de los habitantes de la comunidad.

Para evitar cualquier eventualidad, el equipo técnico procedió a la destrucción controlada del artefacto mediante el método de detonación, siguiendo los protocolos establecidos para este tipo de operaciones.

De forma preliminar, se estima que el explosivo pudo haber permanecido en esa zona desde la década de 1980, aunque las investigaciones continúan para determinar su origen y las circunstancias en que llegó al territorio nacional.

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