Honduras ha moderado significativamente su discurso frente a Estados Unidos, dejando atrás amenazas como la retirada de la base militar en Comayagua, mientras la nación norteamericana avanza en sus objetivos de deportación y control migratorio. La política exterior hondureña parece haber cedido ante la presión de la potencia mundial, consolidando acuerdos que fortalecen la presencia estadounidense en el país.

Desde la llegada de la nueva administración en Estados Unidos, se han registrado al menos cuatro vuelos militares con migrantes hondureños deportados, en paralelo con los vuelos chárter tradicionales. Además, Honduras ha aceptado colaborar en la deportación de migrantes venezolanos, facilitando el traslado de estos a su país de origen mediante vuelos operados por Venezuela.
El abogado experto en derecho internacional, Graco Pérez, señala que Honduras ha mostrado retrocesos en su postura inicial. “El país ha relajado su discurso mientras Estados Unidos sigue avanzando en sus intereses estratégicos. Honduras necesita a Estados Unidos como socio, y este cuenta con múltiples herramientas para ejercer presión y asegurar que sus objetivos se cumplan”, afirmó el experto.
Uno de los puntos clave en la relación bilateral ha sido la ratificación del convenio para la permanencia de la base militar estadounidense en la base aérea “Coronel José Enrique Soto Cano” en Comayagua, lo que garantiza la presencia militar de EE.UU. en suelo hondureño por un año más. Esto contrasta con las declaraciones previas del gobierno hondureño, que amenazó con revisar el acuerdo como medida de presión en las negociaciones bilaterales.
Para algunos analistas, el problema no es la moderación del discurso hondureño, sino la falta de capacidad para negociar términos que también beneficien al país. “Honduras debe buscar acuerdos que le otorguen ventajas reales, no solo ceder ante las exigencias de Estados Unidos. La lucha contra el narcotráfico y la corrupción podrían ser áreas de interés común que se exploten mejor en las negociaciones”, agregó Pérez.
Por su parte, el vicecanciller para Asuntos Consulares y Migratorios, Antonio García, ha declarado que “los problemas con Estados Unidos se desvanecieron”, resaltando que la relación entre ambos países se mantiene estable y sin tensiones visibles. Según García, la embajadora de EE.UU. en Honduras, Laura Dogu, ha manifestado que las relaciones diplomáticas atraviesan un buen momento, con programas de cooperación en marcha y sin cambios en la política bilateral.
Entretanto, Estados Unidos sigue cumpliendo sus objetivos migratorios. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) reportó una reducción del 85% en los cruces fronterizos ilegales durante los primeros 11 días del segundo mandato de Donald Trump en comparación con el mismo período de 2024. Las nuevas medidas ejecutivas han endurecido las condiciones para solicitar asilo, lo que ha llevado a una disminución significativa de intentos de ingreso irregular.
En este plano, Honduras sigue manteniendo su papel como aliado estratégico de Estados Unidos, pero con pocas ganancias concretas en el proceso. La balanza, al menos hasta ahora, parece inclinarse a favor de la potencia del norte, dejando en evidencia la necesidad de una estrategia diplomática más efectiva por parte del gobierno hondureño.