El llamado “Niño Godzilla”, una versión particularmente intensa del fenómeno climático de El Niño, podría comenzar a impactar a Honduras entre los meses de junio y agosto de 2026, generando preocupación entre funcionarios de gobierno y productores agrícolas por sus posibles efectos sobre las lluvias, temperaturas y ciclos productivos, especialmente en regiones como el Valle del Aguán.

El término “Niño Godzilla” no es una categoría oficial, pero ha sido adoptado por especialistas para describir eventos de El Niño de gran magnitud, caracterizados por un calentamiento inusualmente elevado de las aguas del océano Pacífico ecuatorial.
Este fenómeno altera los patrones climáticos a nivel global, impactando directamente en Centroamérica.
De acuerdo con proyecciones de organismos como la National Oceanic and Atmospheric Administration, el desarrollo de un evento fuerte de El Niño suele consolidarse a mediados de año, alcanzando su intensidad máxima entre noviembre y enero, con efectos que pueden extenderse incluso hasta el primer trimestre de 2027.
En Honduras, los primeros impactos podrían sentirse desde el inicio del invierno (temporada lluviosa), cuando normalmente se espera un aumento en las precipitaciones.
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Sin embargo, bajo condiciones de El Niño, estas lluvias tienden a reducirse o volverse irregulares, afectando directamente los ciclos agrícolas.
En el Valle del Aguán, una de las zonas productivas más importantes del país, esta cambio climático podría traducirse en una disminución de las lluvias entre julio y octubre, periodo clave para cultivos como maíz, frijol y otros. La falta de agua también podría afectar los caudales de ríos utilizados para riego y consumo humano.
Especialistas advierten que, además de la sequía, El Niño puede provocar eventos extremos aislados, como lluvias intensas en cortos periodos, generando inundaciones repentinas en zonas vulnerables.
El fenómeno forma parte del ciclo climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur, que regula las variaciones de temperatura y precipitación en distintas regiones del mundo. Su fase cálida, El Niño, históricamente ha estado asociada a sequías en Centroamérica.
Aunque aún se trata de proyecciones, los patrones históricos y los modelos climáticos coinciden en que un evento fuerte de El Niño podría representar un desafío para Honduras.

