Tegucigalpa — En una noche cargada de historia y emociones en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, Olimpia volvió a hacer lo que mejor sabe: ganar. Con un triunfo ajustado pero contundente, los albos se proclamaron campeones del Torneo Apertura 2026 y alcanzaron su copa número 40, un registro que amplía aún más su dominio en el fútbol hondureño.

El gol que inclinó la balanza llegó en el segundo tiempo, cuando José Mario Pinto aprovechó un espacio en la defensa verdolaga para marcar el tanto que desató la euforia en un estadio a reventar.
Fue una definición precisa, en el momento justo, que terminó por decidir una final que se mantuvo abierta hasta el último suspiro.
La serie había quedado servida desde el partido de ida en San Pedro Sula, donde Olimpia y Marathón empataron 2-2, un resultado que dejó al conjunto capitalino con la ventaja emocional y estratégica de cerrar en casa.
Marathón, que no pudo imponer condiciones como local, llegó a Tegucigalpa obligado a resistir y a golpear en el momento oportuno, algo que nunca terminó de concretar.

En la capital, Olimpia impuso su ritmo desde el arranque. Con mayor control del balón y mejor lectura del partido, los merengues neutralizaron a un Marathón que lució lejos del fútbol intenso y ordenado que lo caracterizó durante las vueltas regulares del torneo.
Aun así, el duelo nunca perdió tensión: los últimos minutos fueron de ida y vuelta, con llegadas claras en ambas áreas y la sensación constante de que cualquier error podía cambiar la historia.
Pero Olimpia resistió, administró la ventaja y volvió a celebrar frente a su gente. El pitazo final no solo confirmó un campeonato más, sino también una verdad que se repite temporada tras temporada: Olimpia sigue siendo el equipo más ganador del balompié catracho.
Con esta nueva estrella en el escudo, el club blanco amplía su hegemonía y escribe otro capítulo en su extensa historia de éxitos, mientras Marathón se queda con el subcampeonato y la tarea pendiente de volver a competir al más alto nivel en las finales hondureñas.

