En la politica hondureña, un nombre resuena con fuerza entre las bancadas opositoras y, en especial, en las filas del Partido Nacional: José Tomás Zambrano Molina. A sus 43 años, el abogado originario de Nacaome, Valle, emerge como el ungido del nacionalismo para asumir la presidencia del Congreso Nacional, una apuesta que combina juventud, experiencia parlamentaria y una lealtad partidaria que lo ha convertido en figura central de la derecha hondureña en tiempos de adversidad política.

Zambrano no es un recién llegado. En un escenario marcado por la confrontación política y los embates del gobierno de Libre contra la oposición, su nombre se consolidó cuando muchos optaron por el silencio o la cautela. Fue Zambrano quien asumió la defensa frontal del nacionalismo, una postura que, para sus correligionarios, le valió respeto, respaldo y un capital político que hoy se traduce en apoyo de alcaldes, diputados y estructuras partidarias a nivel nacional.
Ese liderazgo, sin embargo, enfrenta una prueba clave: alcanzar los 65 votos necesarios que le aseguren el control del Legislativo.
Nacido el 29 de julio de 1982 en Nacaome, Zambrano creció en una familia de tradición nacionalista y vocación jurídica. Su padre, Tomás Zambrano, fue un reconocido abogado del municipio y una figura activa en la política local.
Siguiendo ese camino, José Tomás se graduó como abogado en 2004 en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), obtuvo el título de notario público y amplió su formación con posgrados en derecho penal y constitucional en la Universidad de Salamanca, España, además de estudios en comunicación y estrategia política en Miami y Barcelona. Ese mismo año fundó junto a su padre el bufete Zambrano y Asociados, que continúa operando en Nacaome.
Su ascenso político fue temprano. A los 28 años, Zambrano fue electo diputado del Partido Nacional por Valle para el período 2010-2014, convirtiéndose en uno de los parlamentarios más jóvenes del hemiciclo.

Desde entonces, encadenó reelecciones en 2013 y 2017, y durante la legislatura 2018-2022 ocupó la Secretaría del Congreso Nacional, un cargo desde el cual ganó notoriedad como operador político y articulador de consensos.
Su actual período lo ha ejercido desde la oposición, como presidente de bancada, un rol que fortaleció su imagen interna al asumir la defensa del partido en un contexto de derrota electoral.

Más allá de los números y los cargos, Zambrano ha cultivado una narrativa personal que conecta con la base nacionalista. Ha sido objeto de reconocimientos y condecoraciones, incluida una medalla de oro y pergamino especial por impulsar un grupo de oración dentro del Congreso, un gesto que sus seguidores interpretan como reflejo de convicciones personales llevadas al ejercicio del poder.
Hoy, cuando el Congreso Nacional se prepara para una nueva disputa por su liderazgo, Tomás Zambrano encarna la apuesta del nacionalismo por el Congreso Nacional. Su reto inmediato no es menor: traducir el respaldo partidario en una mayoría legislativa efectiva.
Pero en un escenario político fragmentado, su trayectoria —marcada por disciplina partidaria, el respaldo de Nasry Asfura, su formación académica y resistencia desde la oposición— lo coloca como una de las figuras más visibles y determinantes del momento político hondureño.

