Trujillo, un tesoro de cinco maravillas turísticas que debes descubrir en el Caribe hondureño

Cultura

Trujillo, Colón — Al pie del mar Caribe y abrazada por montañas verdes y cielos inmensos, la ciudad de Trujillo, en el departamento de Colón, se perfila como uno de los destinos turísticos más fascinantes de Honduras.

Más allá de sus paisajes de postal, esta histórica ciudad conserva cinco joyas turísticas que la convierten en un punto imperdible para los amantes de la naturaleza, la historia y la cultura viva.

1. La Laguna de Guaimoreto: un refugio de vida silvestre

A tan solo tres kilómetros del centro de la ciudad, la Laguna de Guaimoreto se extiende como un espejo natural rodeado de manglares y humedales. Este Refugio de Vida Silvestre abarca más de 8,500 hectáreas y es hogar de aves migratorias, peces, reptiles y especies únicas.

Navegar por sus canales, hacer canotaje o simplemente observar aves entre los manglares es una experiencia inmersiva que conecta al visitante con la biodiversidad de la zona.

Sin embargo, su riqueza natural se encuentra amenazada por la expansión agrícola y urbana, lo que convierte su conservación en una prioridad urgente.

2. Banco de Estrellas: un universo bajo el mar

A unos 20 kilómetros al norte de la ciudad, frente a las costas de Puerto Castilla, se encuentra el Banco de Estrellas, un fenómeno marino que alberga alrededor de 2,500 estrellas de mar en aguas cristalinas. Rojas, anaranjadas y amarillas, estas criaturas reposan en la arena marina como joyas vivas.

Para protegerlas, se promueve la campaña “Las estrellas de mar no se tocan”, una iniciativa que busca preservar este ecosistema delicado ante el crecimiento del turismo.

Con snorkel y respeto, los visitantes pueden admirar su belleza sin perturbar su hábitat.

3. Parque Nacional Capiro y Calentura: aventura y leyenda

Elevándose sobre Trujillo, las montañas Capiro y Calentura forman parte de un parque nacional de 62 kilómetros cuadrados donde la biodiversidad y la leyenda conviven.

Senderos entre la selva tropical conducen a miradores naturales desde los cuales se observa la bahía, la laguna y la ciudad.

El parque no solo ofrece un entorno ideal para el ecoturismo y la observación de fauna —como los monos aulladores—, sino que también es vital para el suministro de agua a decenas de comunidades vecinas.

4. Casco histórico: huellas del pasado colonial

Trujillo no solo es naturaleza, también es historia viva. Su casco histórico guarda siglos de memoria en calles empedradas y edificios patrimoniales.

La Fortaleza de Santa Bárbara, construida en el siglo XVI para defender la costa de piratas, la Catedral de San Juan Bautista, el antiguo cementerio y el paseo peatonal Juan de Medina son algunos de los puntos que invitan a caminar por el pasado colonial de Honduras.

Cada piedra del centro cuenta una historia de conquista, resistencia y herencia mestiza.

5. La cultura garífuna: alma viva de la costa

Trujillo también es corazón garífuna. Comunidades como Cristales y Río Negro preservan una de las culturas afrodescendientes más ricas de América.

Música, danza, gastronomía y espiritualidad se entrelazan en celebraciones como la punta, en alimentos como el casabe —declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO— y en la defensa firme de sus territorios ancestrales.

La cultura garífuna no es una atracción, es identidad viva, es historia que resiste, que canta y que celebra.

Trujillo no es solo un destino: es un recorrido por los sentidos, una inmersión en lo profundo de la naturaleza, el espíritu y la historia de Honduras.

En sus cinco maravillas, esta ciudad costera sigue recordando al mundo que lo auténtico no necesita lujo, solo respeto y asombro.