Una espera bajo el frío que retrata la deuda histórica con el pueblo tolupán

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Yoro, Yoro – Manuel Funez tiene 19 años, carga sobre sus hombros una responsabilidad que pesa más que su edad. Junto a su esposa y sus dos hijos, salió de madrugada de su hogar en la tribu San Francisco de Locomapa, en el departamento de Yoro, impulsado por una urgencia que no admite espera: uno de sus pequeños se había quemado un pie y necesitaba atención médica.

El trayecto, largo y silencioso, terminó en la cabecera departamental. Pero allí, lejos de encontrar alivio inmediato, la joven familia se topó con otra herida más profunda: no llevaban dinero ni siquiera para pagar la consulta médica.

Una consulta que, en el papel, debería ser gratuita, pero que en la práctica tiene un costo inaccesible para quienes sobreviven al margen del sistema.

Mientras aguardaban, acurrucados para protegerse del frío que hoy martes cubría Yoro, la escena pasó desapercibida para muchos. Para otros, fue imposible ignorarla. “Los vi. Estaban acurrucados por el frío, abrazados, esperando. Es una imagen común aquí, pero no deja de doler”, relató el periodista Rigoberto Urbina, testigo del momento.

“No andaban dinero para la consulta, pero como a los hijos de Dios nunca les falta una mano solidaria, vecinos les regalaron el dinero y otros amigos ofrecieron ayuda”.

La familia pasó horas a la intemperie, sostenida únicamente por la solidaridad de personas anónimas. Fue hasta que medios de comunicación locales difundieron la imagen y la historia, que la situación despertó la atención y sensibilidad del personal del Hospital Manuel de Jesús Subirana.

Poco después, autoridades del centro asistencial ordenaron la atención inmediata de la familia indígena tolupán.

Según informaron funcionarios de salud, tanto la madre como los niños fueron examinados para descartar otras afecciones y se les brindaron los medicamentos necesarios. La atención llegó, pero no sin antes evidenciar una realidad que se repite en silencio.

En Yoro, centenares de miembros de las 28 comunidades tribales tolupanas viven en condiciones económicas precarias, con acceso limitado a servicios básicos y un sistema de salud que, en muchas zonas, resulta insuficiente o distante.

La historia de Manuel y su familia no es una excepción, sino un reflejo de una deuda histórica que sigue pendiente con los pueblos originarios de Honduras.

Porque detrás de cada imagen viral hay una verdad incómoda: para muchos, llegar a un hospital sigue siendo un acto de fe más que un derecho garantizado.