Olanchito, Yoro. La historia de Laurence Hoch Slebi, conocido cariñosamente como Lorenzo Hoch, permanece ligada al recuerdo de Olanchito como la de un hombre trabajador, generoso y profundamente identificado con la tierra que lo acogió como su segunda patria.

Nacido el 24 de julio de 1944 y fallecido el 10 de abril de 2016, su vida nos evoca la historia de miles de inmigrantes que llegaron a Honduras y contribuyeron al desarrollo económico y social de la región.
Hijo de Antonio Hoch Zamur y Yalile Slebi de Hoch, descendientes de origen árabe vinculados a las migraciones que llegaron a Honduras desde finales del siglo XIX, Lorenzo creció en el seno de una familia marcada por el trabajo y comercio. Sus hermanos fueron Ivonne Hoch de Bendeck, Teresa Hoch Slebi, Luis Hoch Slebi y Fuad Hoch Slebi.
La llegada de inmigrantes árabes a Honduras se remonta a la Reforma Liberal de 1876 impulsada por el presidente Marco Aurelio Soto, un periodo que abrió las puertas a la inversión extranjera y a nuevos procesos migratorios en el país.
Muchas familias provenientes de Palestina y otras regiones del Medio Oriente encontraron en Honduras una oportunidad para establecerse y prosperar.
Esta familia de inmigrantes se establecieron en Olanchito, atraídos por el auge económico que generó la expansión de las compañías bananeras y la llegada del ferrocarril a la región, en una época considerada por muchos como la edad dorada del comercio en el valle del Aguán.
Laurence Hoch Slebi realizó sus estudios primarios en Belén, Palestina, antes de trasladarse con su familia a Honduras. Ya en Olanchito, se integró al comercio familiar, ayudando a surtir pulperías y apoyando a pequeños comerciantes, muchas veces otorgando crédito a vecinos que buscaban salir adelante.
Quienes lo conocieron recuerdan que Lorenzo fue siempre un hombre trabajador y solidario, dispuesto a ayudar a quienes lo necesitaban, incluso cuando las condiciones no siempre eran fáciles.
Además del comercio, Lorenzo desarrolló una habilidad que lo convertiría en uno de los técnicos más conocidos del municipio: la electrónica. De manera autodidacta, estudiando libros y aprendiendo en la práctica, se formó como técnico en reparación de televisores y radios.
Posteriormente perfeccionó sus conocimientos junto a Edgardo Rivera, con quien amplió su dominio de la electrónica hasta fundar su propio negocio: el Taller de Electrónica Hoch, donde brindó servicio técnico durante años a hogares y empresas.
Entre los equipos que atendía se encontraban sistemas de radio y televisión, incluyendo asistencia técnica para medios locales, en una época en que la tecnología electrónica comenzaba a expandirse en la región.
En la década de 1970, Lorenzo Hoch también fundó el recordado “Sonido Tricolor”, un sistema de audio que durante muchos años animó fiestas, graduaciones, eventos escolares y festivales estudiantiles en Olanchito y aldeas cercanas.
Su sonido formó parte de la vida social de varias generaciones, quien no recuerda una fiesta con mi pollo, el señor Hoch como le decíamos junto a varios de sus amigos.
Aunque nunca llegó a dominar completamente el idioma español, quienes lo trataron recuerdan que siempre supo hacerse entender con gestos, sonrisas y buen humor. Era conocido por su carácter campechano, amistoso y bromista, cualidades que le ganaron el cariño de vecinos, clientes y amigos.
En el ámbito familiar, contrajo matrimonio con Marta Moya de Hoch, con quien formó un hogar y tuvo tres hijos: Arlett Hoch, Tarek Hoch y Johnny Hoch.
Más allá de su trabajo, Lorenzo Hoch también fue recordado por su espíritu solidario. En numerosas ocasiones ayudó a personas en el Hospital Aníbal Murillo Escobar de Olanchito, brindando apoyo sin esperar reconocimiento.
Quienes lo conocieron destacan que su forma de ayudar siempre estuvo guiada por una filosofía sencilla: hacer el bien sin buscar publicidad ni reconocimiento, siguiendo el principio de dar sin esperar nada a cambio.
Sin duda que la figura de Lorenzo Hoch continúa siendo recordada en Olanchito como la de un inmigrante que hizo de Honduras su hogar y de Olanchito su patria adoptiva.
Su historia refleja el aporte de muchas familias que, con trabajo, humildad y perseverancia, ayudaron a construir la vida económica y social de la ciudad.
Hoy, en El Comejamo, periódico que alcanzo a leer en una ocasion cuando se hizo su primer tiraje impreso, Laurence “Lorenzo” Hoch Slebi permanece como uno de esos hombres sencillos que, sin buscar protagonismo, dejaron una huella en la sociedad que lo acogió.

