OLANCHITO, Yoro.— Mientras las montañas, las propiedades en el valle aún expulsan humo y los brigadistas regresan agotados de sofocar un incendio, otro foco vuelve a encenderse a pocos kilómetros de distancia. En Olanchito, las llamas ya no son un hecho aislado: se han convertido en una rutina diaria que consume bosques, amenaza reservas de agua y deja una sensación creciente de impotencia entre quienes intentan detenerlas.
La falta de capturas y procesos judiciales contra los responsables está provocando preocupación entre autoridades ambientales y pobladores, luego de que en las últimas semanas el municipio registre entre dos y tres incendios diarios sin que exista una sola persona detenida o enjuiciada por estos hechos.
Los más de 30 brigadistas financiados por la Alcaldía Municipal de Olanchito y el Instituto de Conservación Forestal (ICF) trabajan jornadas continuas tratando de contener los siniestros, pero la magnitud y frecuencia de los incendios comienza a superar su capacidad operativa.
“Apagamos uno y tenemos que salir inmediatamente para otro”, relatan miembros de las cuadrillas que diariamente ingresan a zonas de difícil acceso entre humo, altas temperaturas y vegetación seca.
Uno de los puntos más críticos se localiza en la parte alta de El Nance y el sector Valle Arriba, donde las quemas se repiten constantemente. Según denuncias de vecinos y personal ambiental, los incendios vuelven a aparecer apenas horas después de haber sido controlados.
También se han reportado siniestros reiterados frente a propiedades cercanas a la Universidad Católica, donde el fuego ha consumido áreas privadas y vegetación.

La situación ha provocado frustración entre empleados de la Unidad Municipal Ambiental (UMA), quienes consideran que la ausencia de acciones judiciales está generando un clima de impunidad.
“Tenemos que entender que prender fuego a un bosque es un delito y como tal es penado”, expresó Roberto Valerio, empleado de la UMA, visiblemente afectado por la recurrencia de incendios en los mismos lugares durante los últimos días.
Valerio cuestionó que, pese a la frecuencia de los siniestros y a las reiteradas denuncias, las autoridades judiciales, fiscales y policiales no hayan logrado identificar ni procesar a los responsables.
El problema ocurre además en uno de los períodos más secos y calurosos del año en el Valle del Aguán, donde las altas temperaturas y la vegetación reseca convierten cualquier chispa en una amenaza de gran magnitud.

