HomeLocalesAeronáutica rechaza la pista de Coyoles Central para vuelos comerciales, pero aeropuerto...

Aeronáutica rechaza la pista de Coyoles Central para vuelos comerciales, pero aeropuerto de Olanchito sigue en pie

La pista de 1.2 kilómetros, usada históricamente por avionetas de Standard Fruit, no cumple las dimensiones mínimas exigidas para operar vuelos regulares. Aerolíneas Sosa aspiraba a conectar el Valle del Aguán con Tegucigalpa dos o tres veces por semana.

Olanchito, Yoro. – Lo que prometía ser un antes y un después para la conexión del Valle del Aguán tropezó con una realidad técnica que no admite negociación. La Dirección General de Aeronáutica Civil de Honduras inspeccionó la pista de aterrizaje de Coyoles Central y determinó que el aeródromo no reúne las condiciones mínimas para operar vuelos comerciales, frustrando de momento las expectativas que Aerolíneas Sosa había despertado en la región al plantear una ruta regular entre Olanchito y Tegucigalpa.

La visita de campo incluyó a representantes de Aeronáutica Civil, personeros del Aeropuerto Internacional Golosón de La Ceiba y al alcalde de Olanchito, Juan Carlos Molina, quien no escondió su decepción pero tampoco su determinación de seguir adelante.

El aeródromo de Coyoles Central tiene una longitud de 1.2 kilómetros por apenas 10 metros de ancho, dimensiones que han sido suficientes durante décadas para las avionetas de fumigación de Standard Fruit de Honduras, pero que resultan insuficientes para las exigencias técnicas de la aviación comercial regular.

Las normativas aeronáuticas exigen un mínimo de 2,000 metros de pista para habilitar operaciones de ese tipo, es decir, la instalación actual representa apenas el 60 por ciento de lo requerido.

Aerolíneas Sosa había planteado operar entre dos y tres frecuencias semanales entre Olanchito y la capital, una propuesta que distintos sectores locales recibieron con entusiasmo genuino. Para una ciudad que depende de horas de carretera para acceder a Tegucigalpa, la sola idea de abordar un avión en casa y aterrizar en la capital en minutos representaba un salto de calidad de vida difícil de cuantificar. La noticia, en su momento, corrió rápido y bien. El rechazo técnico de esta semana aterrizó con mucha menos alegría.

Pista de Aviación ubicada en Coyoles Central y utilizada por la transnacional empresa bananera Standard Fruit Company para sus avionetas que riegan las plantaciones de banano en el municipio de Olanchito.

Pese al dictamen adverso, el alcalde Juan Carlos Molina fue enfático al cierre de la inspección: el proyecto no muere en Coyoles Central. El mandatario municipal reafirmó su compromiso con el sitio donde hace aproximadamente dos años se anunció la construcción de un aeropuerto para vuelos comerciales, e indicó que el municipio continuará gestionando la adquisición de tierras adicionales para alcanzar los 2,000 metros de pista que exige la normativa.

La ampliación no es un asunto menor. Supone negociar terrenos, financiar la obra y cumplir con un proceso técnico y regulatorio que puede extenderse por años. Pero Molina, quien también preside la Asociación de Municipios de Honduras (AMHON), conoce bien los tiempos largos de la gestión pública y parece dispuesto a jugársela.

Lo que ocurre hoy en Coyoles Central tiene un eco histórico que pocos en la región recuerdan. En la década de 1930, Olanchito ya contaba con su propia pista de aterrizaje: el aeródromo El Arrayán, ubicado al noreste de Agalteca. Por aquellas décadas, cuando el banano mandaba en toda la zona norte del país y las compañías bananeras movían recursos con eficiencia envidiable, una pista de aterrizaje en el Valle del Aguán no era un lujo sino una herramienta.

El tiempo, el crecimiento urbano y el abandono institucional se encargaron del resto. El Arrayán ya no reúne condiciones de seguridad para ningún tipo de operación aérea, y para agravar la situación, pobladores del sector de Agalteca fueron cercando gradualmente el terreno hasta apropiarse de facto del espacio. Hoy, de aquella infraestructura pionera no queda más que el recuerdo y unos cuantos relatos de los más viejos del lugar.

Noventa años después, Olanchito sigue buscando lo que ya tuvo.

La región tiene razones concretas para querer esta conexión. El Valle del Aguán concentra actividad agroindustrial, ganadera y comercial de peso, con un Valle del Aguán que ha crecido en población y demanda de servicios, pero que sigue atado a una infraestructura vial que convierte cualquier viaje a Tegucigalpa en una jornada de varias horas.

RELATED ARTICLES
- Advertisment -

Most Popular

Recent Comments