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Próspera planea un centro de inteligencia artificial en La Ceiba, en el mismo territorio que el municipio declaró libre de ZEDE

La empresa detrás de la polémica zona económica especial de Roatán avanza en Satuyé con un clúster de datos e IA alimentado por gas importado. El proyecto revive un conflicto que la corporación municipal creía cerrado desde 2021.

La Ceiba, Honduras — Honduras Próspera Inc., la compañía que administra la Zona de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) de Roatán, avanza en la construcción de un clúster de inteligencia artificial y centros de datos en la zona de Satuyé, en la costa de La Ceiba.

La empresa de ciberseguridad MAG Technologies Group se sumó en abril como coinversionista estratégico del proyecto, bautizado Satuyé Technology & Data Center (STDC), y sus directivos ya se reunieron con el presidente Nasry Asfura para presentarlo.

El anuncio revive una disputa territorial que muchos ceibeños daban por resuelta: en 2021, ante protestas ciudadanas por un plan similar en el mismo sector, la corporación municipal de La Ceiba votó declarar el municipio libre de ese régimen especial. Cinco años después, Próspera vuelve a tocar la puerta de Satuyé, esta vez con un proyecto de mayor escala tecnológica.

El Satuyé Technology & Data Center no es solo un centro de datos: es una planta de energía, un parque de servidores y una plataforma de inteligencia artificial diseñados para operar como una sola unidad. Próspera describe el modelo con una fórmula simple: “LNG-to-Power-to-AI” (de gas natural licuado a energía, y de energía a inteligencia artificial). Funciona en tres pasos que dependen uno del otro:

1. Gas para generar energía propia. El proyecto importaría gas natural licuado (GNL) por vía marítima para alimentar una planta de generación eléctrica dentro del mismo predio. La idea es que el clúster no dependa de la red eléctrica nacional, que en Honduras sufre de cortes y limitaciones de capacidad.
2. Esa energía alimenta los centros de datos. Con electricidad propia y constante, se construirían las instalaciones físicas de cómputo: los llamados “data centers”, edificios con miles de servidores que necesitan energía ininterrumpida y sistemas de enfriamiento para funcionar sin fallas.
3. Sobre esa infraestructura se monta la inteligencia artificial. Los servidores del STDC procesarían y almacenarían datos usando programas de inteligencia artificial. Próspera llama a este componente “IA soberana”: la idea es que gobiernos y empresas de Centroamérica puedan procesar información sensible —financiera, de salud, gubernamental— dentro de territorio hondureño, en lugar de enviarla a servidores de Estados Unidos, Europa o Brasil, como ocurre hoy.

El corazón digital del proyecto estaría compuesto por centros de datos de alta capacidad, diseñados para procesar inteligencia artificial, almacenar información sensible y convertir a Honduras en un nodo regional de tecnología.

En otras palabras: el proyecto busca resolver al mismo tiempo tres problemas que arrastra la región falta de energía confiable, ausencia de infraestructura digital propia y dependencia de nubes extranjeras para datos sensibles construyendo los tres eslabones en un mismo sitio, bajo el régimen fiscal y regulatorio especial de la ZEDE.

El argumento comercial de Próspera y MAG Technologies es que Centroamérica no cuenta hoy con ningún centro de datos soberano a gran escala, lo que obliga a gobiernos, bancos y hospitales de la región a procesar su información fuera del país.

Un clúster como el STDC, sostienen, podría convertir a Honduras en el nodo regional para ese tipo de servicios, atrayendo inversión extranjera y empleo calificado en un momento en que empresas globales buscan relocalizar operaciones que antes hacían en Asia (el fenómeno conocido como nearshoring).

Erick Brimen, CEO de Honduras Próspera, enmarca el proyecto en una narrativa histórica: recuperar el peso industrial que tuvo La Ceiba antes de que San Pedro Sula concentrara la manufactura del país. La empresa afirma que la ley de la ZEDE obliga a pagar salarios al menos 25% superiores a los del mercado local, y ha publicado proyecciones que comparan los costos de operar bajo su régimen fiscal frente al sistema tributario ordinario hondureño.

La franja costera de La Ceiba donde Próspera proyecta instalar su complejo tecnológico y energético, una zona que en 2021 fue declarada libre de ZEDE por la corporación municipal.

El plan choca con dos antecedentes que pesan sobre su viabilidad real.
El primero es político: la corporación municipal de La Ceiba, encabezada en 2021 por el alcalde Jerry Sabio, votó declarar el municipio libre de ZEDE después de semanas de protestas por un proyecto en ese mismo sector de Satuyé. Esa decisión se sumó a la de más de 30 municipios hondureños, la mayoría en el propio departamento de Atlántida.

El segundo es ambiental. En Roatán, donde Próspera opera desde 2020, organizaciones como el Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD) documentaron pérdida de bosque de manglar en la comunidad de Crawfish Rock y advirtieron que la ley de las ZEDE no exige a sus proyectos cumplir de forma central con la normativa ambiental hondureña.

Expertos en materia ambiental señalan que la ubicación elegida por Próspera repite un patrón de pérdida de manglar frente al Sistema Arrecifal Mesoamericano, la misma barrera coralina que protege buena parte de la costa de Atlántida. A esto se suma un riesgo propio del componente de gas: en proyectos similares en otros países, los estudios de impacto ambiental han reconocido que una fuga, un derrame o una colisión de buques gasíferos pueden tener consecuencias graves para la fauna marina y las zonas costeras cercanas. Hasta el cierre de esta nota no se localizó un estudio de impacto ambiental público y específico para el STDC en Satuyé.

El modelo “LNG-to-Power-to-AI” contempla importar gas natural licuado para generar electricidad propia y alimentar de forma independiente el centro de datos, sin depender de la red nacional.

Ningún centro de datos funciona sin resolver antes un problema físico: el calor. Miles de servidores trabajando al mismo tiempo generan tanta temperatura que, sin un sistema de enfriamiento constante, el equipo colapsa en horas. Ese enfriamiento es, después de la propia energía eléctrica, el segundo gran consumo de recursos de cualquier centro de datos y es ahí donde entra la preocupación por el agua.

Existen, en términos generales, tres familias de sistemas de enfriamiento:
• Enfriamiento por aire, el más simple y el que menos agua consume, pero también el menos eficiente en climas cálidos y húmedos como el de la costa atlántica hondureña.

• Enfriamiento evaporativo o adiabático, el método que hoy predomina en la mayoría de los grandes centros de datos del mundo. Funciona haciendo pasar el aire caliente a través de agua que se evapora para bajar la temperatura. Es el sistema más barato de operar en términos de energía, pero también el que más agua consume: según estimaciones de la industria, una torre de enfriamiento evaporativo puede requerir más de 28,000 metros cúbicos de agua al año por cada megavatio de carga de cómputo, el equivalente a más de ocho piscinas olímpicas. Esa agua no siempre regresa al ciclo local: buena parte se pierde por evaporación.

• Enfriamiento líquido en circuito cerrado, la tecnología más moderna y la que suelen usar hoy los centros de datos diseñados específicamente para inteligencia artificial, que generan más calor por metro cuadrado que un centro de datos convencional. En este sistema el agua u otro líquido circula en un circuito sellado que no se evapora, por lo que el consumo se limita a reponer pérdidas ocasionales, no a un gasto continuo.
La diferencia entre uno y otro sistema no es un detalle técnico menor: puede significar la diferencia entre un proyecto que apenas toca el agua de la región y otro que compite todos los días por el mismo recurso que abastece a las comunidades de Satuyé y sus alrededores.

Detrás de cada servidor hay un sistema industrial de enfriamiento que consume grandes cantidades de energía y, en algunos modelos, miles de litros de agua al día para evitar el colapso térmico.

Empresas del sector como Equinix han reconocido públicamente que, antes de construir un centro de datos, evalúan el nivel de estrés hídrico de la zona y descartan el enfriamiento evaporativo donde el agua ya es escasa.

Ni Honduras Próspera Inc. ni MAG Technologies Group han hecho pública la tecnología de enfriamiento que utilizaría el Satuyé Technology & Data Center, ni una estimación de cuánta agua tomaría el proyecto ni de qué fuente río, pozo, acueducto municipal la obtendría. Esa es, precisamente, la información que las autoridades locales y la ciudadanía de Satuyé necesitarían exigir antes de que el proyecto avance: qué sistema de enfriamiento se usará, cuánta agua consumirá al día, si esa agua compite con el consumo humano de la zona, y qué estudio hidrológico respalda esa decisión.

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