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Sobre la bahía de Trujillo: el salto al mar que pone a prueba a los aspirantes del curso TESON

Veintitrés alumnos realizaron una maniobra de paracaidismo con acuatizaje como parte del Curso Internacional TESON N.° 36-2026, uno de los entrenamientos de mayor exigencia de las Fuerzas Armadas de Honduras. La operación contó con 20 instructores y un dispositivo de seguridad naval desplegado en el Caribe hondureño.

Trujillo, Colón.— Desde el aire, la bahía de Trujillo puede parecer uno de los paisajes más tranquilos del Caribe hondureño. Pero para 23 militares que descendieron en paracaídas hasta caer directamente sobre sus aguas, el mar se convirtió en una nueva prueba de resistencia, coordinación y capacidad de reacción para intentar alcanzar una de las distinciones de entrenamiento más exigentes de las Fuerzas Armadas: convertirse en TESON.

La maniobra de paracaidismo con acuatizaje se desarrolló como parte del Curso Internacional TESON N.° 36-2026, con la participación de 23 alumnos y 20 instructores, según la información divulgada sobre el ejercicio.

El Primer Batallón de Fuerzas Especiales Navales, mediante su Flotilla de Botes Tácticos y la Unidad de Reacción Rápida (URR), estuvo encargado del dispositivo de seguridad durante la operación en el mar, preparado para responder ante cualquier eventualidad durante el descenso y posterior recuperación de los participantes.

El ejercicio concluyó sin novedades, convirtiéndose en una nueva etapa dentro de un entrenamiento diseñado precisamente para llevar a los aspirantes fuera de condiciones convencionales y medir su respuesta física y mental frente a escenarios adversos.
¿Qué significa ser TESON?

TESON corresponde a Tropas Especializadas en Selvas y Operaciones Nocturnas, un curso militar creado en mayo de 1976 y considerado entre los procesos de adiestramiento más demandantes de las Fuerzas Armadas hondureñas.

Su preparación incluye operaciones y supervivencia en selva, desplazamientos nocturnos, montaña, operaciones anfibias, asalto aéreo y maniobras aeromóviles, combate cercano, orientación y supervivencia en ambientes hostiles.

Pero el desafío no se limita a las destrezas militares.

El entrenamiento busca poner a prueba también la resistencia física y psicológica, disciplina, liderazgo y fortaleza mental de quienes aspiran a completar el programa.

El curso está estructurado en tres fases operativas y utiliza diferentes escenarios del territorio hondureño. Selvas, montañas, aire y mar se convierten así en parte de un mismo proceso de formación.

La bahía de Trujillo fue esta vez uno de esos escenarios.

Allí, entre el cielo y las aguas del Caribe, los participantes enfrentaron una prueba en la que no bastaba simplemente con saltar de un avión: debían controlar el descenso, ingresar al agua y ejecutar los procedimientos establecidos mientras unidades navales mantenían el perímetro de seguridad.

Para los 23 aspirantes, superar el salto representa otro paso dentro de un camino que todavía exige disciplina y resistencia antes de poder pronunciar la frase que durante décadas ha identificado a quienes culminan este entrenamiento:

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