HomeOpinionesUna lección de altura: cuando el desacuerdo fortalece la democracia

Una lección de altura: cuando el desacuerdo fortalece la democracia

El diálogo entre la Cámara de Comercio y la Municipalidad demostró que es posible debatir decisiones tributarias con argumentos, mientras algunos sectores políticos intentaron convertir una diferencia técnica en un conflicto partidario.

Hay municipios donde cualquier diferencia termina convertida en guerra política. Hay otros, muy pocos, donde el desacuerdo todavía conserva su función original: mejorar las decisiones públicas. Lo ocurrido este martes entre la Cámara de Comercio e Industrias de Olanchito y la Municipalidad pertenece, afortunadamente, al segundo grupo.

La reunión no dejó vencedores ni vencidos. Dejó algo mucho más valioso: evidencia de que las instituciones todavía pueden sentarse frente a frente, escuchar argumentos, cuestionar cifras y salir de una mesa sin convertir al otro en enemigo.

La presidenta de la Cámara de Comercio, Yadira Hoch, fue clara. El gremio empresarial no se opone a que la Municipalidad actualice sus tasas e impuestos. Lo que considera es que el incremento aprobado para la matrícula vehicular puede ser más gradual y equitativo.

Esa diferencia importa. Porque existe un abismo entre rechazar un impuesto y discutir la forma en que debe aplicarse.

Sin embargo, apenas terminó la reunión comenzaron los intentos por deformar esa posición. Algunos sectores políticos, particularmente vinculados al Partido Libertad y Refundación (Libre), intentaron presentar el encuentro como un rechazo absoluto de la Cámara al ajuste tributario. No ocurrió así. Quien haya estado presente en la reunión sabe que el tono fue técnico, no partidario; de negociación, no de confrontación.

Cuando la política necesita fabricar conflictos donde no los hay, termina debilitando precisamente a las instituciones que dice defender.  También conviene poner el debate en su verdadera dimensión.

La tasa vehicular que hoy genera discusión permaneció prácticamente congelada durante dos décadas. Veinte años en los que cambiaron los precios del combustible, los costos del mantenimiento vial, los salarios, la maquinaria y prácticamente toda la economía del país.
Mientras tanto, la realidad financiera municipal siguió otro camino.

Solo el combustible que consume la maquinaria destinada al mantenimiento de calles representa actualmente alrededor de nueve millones de lempiras al año. En contraste, la recaudación por matrícula vehicular apenas superó los 3.8 millones de lempiras en 2025, después de incluso haber caído en 2024 respecto a 2023.

No son cifras ideológicas. Son números.
Y los números, cuando se analizan con seriedad, explican por qué una administración municipal termina proponiendo una actualización después de veinte años de inmovilidad.

Eso no significa que toda propuesta oficial sea intocable.
Precisamente para eso existen organizaciones como la Cámara de Comercio.

Su papel no consiste en aplaudir automáticamente las decisiones del gobierno local, sino en revisarlas, cuestionarlas y plantear alternativas cuando considere que existen mejores caminos.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

La Cámara presentó una propuesta concreta: aplicar inicialmente un incremento del 50 % y escalonar el resto del ajuste en los próximos años. La Municipalidad respondió aceptando revisar algunos aspectos, entre ellos reducir también al 50 % la tarifa para vehículos de alquiler y disminuir las multas por mora, especialmente en motocicletas.

Así funcionan las sociedades maduras.
Nadie obtuvo el ciento por ciento de lo que quería.
Ambos cedieron.
Ambos escucharon.
Ambos entendieron que administrar un municipio exige algo más complejo que ganar discusiones.

Existe además otro elemento que no debería perderse de vista.
Olanchito posee hoy uno de los departamentos de Ingeniería Municipal mejor equipados de la región. Esa capacidad técnica no apareció por casualidad. Es el resultado de cuatro años de inversión pública, de adquisición de maquinaria y de una estructura que hoy permite atender calles y caminos con recursos propios, mientras municipios con presupuestos superiores apenas disponen de una o dos unidades pesadas para responder a toda su red vial.

Cuando se pregunta para qué sirven los impuestos, la respuesta también está ahí.
Por supuesto, sería ingenuo ignorar otra realidad.
Existen comerciantes que reclaman justicia tributaria mientras mantienen obligaciones pendientes con la propia Municipalidad. Ese hecho merece atención y la administración tiene el deber de aplicar la ley con igualdad.

Pero tampoco puede utilizarse ese argumento para descalificar la postura institucional que la Cámara presentó durante esta reunión, una posición que, en términos generales, fue responsable y bien fundamentada.

Al final, lo verdaderamente importante no fue el porcentaje que cada parte defendió.
Lo importante fue el método.
Una ciudad donde empresarios y autoridades dialogan es infinitamente más fuerte que una ciudad donde ambos solo intercambian acusaciones.

Porque cuando el desacuerdo se convierte en negociación, la democracia gana.
Cuando el debate sustituye al insulto, las instituciones se fortalecen.
Y cuando la política deja de buscar enemigos para empezar a construir acuerdos, quien termina beneficiándose no es una alcaldía, un partido o un gremio.
Es Olanchito.

Ese debería ser el verdadero objetivo de todos. No ganar una batalla política de corto plazo, sino construir un municipio capaz de resolver sus diferencias con inteligencia, respeto y responsabilidad.

Porque las calles que se dejan de reparar, los proyectos que se paralizan y las oportunidades que se pierden nunca distinguen colores políticos.
Las termina pagando todo el municipio.
Las termina pagando todo el pueblo.

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