TEGUCIGALPA, Honduras.— Setenta y cinco alcaldes de municipios afectados por la sequía se reunirán este miércoles en el Congreso Nacional para participar en el primer Congreso Agroalimentario, un encuentro que pretende pasar de la atención de emergencia a la discusión de proyectos, políticas públicas y acciones de largo plazo frente a un problema que golpea recurrentemente la producción agrícola y ganadera del país.
La convocatoria es impulsada por el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, quien ha convocado a representantes de la Asociación de Municipios de Honduras (AMHON), alcaldes y otros actores vinculados al sector agroalimentario para analizar la situación y definir posibles respuestas desde los territorios.
El presidente de la AMHON y alcalde de Olanchito, Juan Carlos Molina, sostuvo que el encuentro debe servir para discutir no solamente cómo enfrentar la emergencia actual, sino qué debe hacer Honduras para reducir su vulnerabilidad en los próximos años.
“¿Qué proyectos, qué políticas y qué acciones debemos seguir para evitar que en este momento y a futuro nos siga afectando esta situación que año con año nos golpea?”, planteó Molina.

Para el dirigente municipalista, Honduras debe comenzar a mirar la sequía como un problema estructural y no únicamente como una emergencia que obliga periódicamente a distribuir alimentos, agua o asistencia para productores.
“El factor climático no lo vamos a cambiar de la noche a la mañana, pero tampoco podemos estar todo el tiempo con paliativos”, advirtió Molina.
El desafío que llegará este miércoles al Congreso Nacional trasciende la entrega de ayuda durante los meses más críticos. La discusión apunta a determinar qué inversiones pueden ejecutarse en los municipios para aumentar su capacidad de resistir períodos prolongados de escasez de lluvia.
Entre las respuestas que pueden formar parte de una estrategia agroalimentaria están la infraestructura para almacenamiento y aprovechamiento del agua, sistemas de riego, protección de fuentes hídricas, asistencia técnica, apoyo a pequeños productores y mecanismos para garantizar alimento y agua al ganado durante las épocas más severas.

Los organizadores adelantaron que durante el encuentro se discutirán decisiones y acciones a seguir, con los gobiernos municipales como actores centrales por ser las autoridades que enfrentan directamente las consecuencias de la sequía en las comunidades.
Aunque Olanchito no figura entre los 75 municipios señalados en alerta amarilla, Molina explicó que el municipio sí presenta afectaciones que han llevado a organismos nacionales e internacionales a incluirlo dentro de programas de asistencia.
Según el presidente de AMHON, Naciones Unidas priorizó a Olanchito entre 35 municipios afectados para recibir ayuda humanitaria, mientras que la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) también lo ha considerado para asistencia destinada al sector ganadero, incluyendo alimento para animales.
La situación evidencia una dificultad adicional: los efectos de la sequía no necesariamente terminan en los límites establecidos por una declaratoria de alerta. Las pérdidas de cultivos, reducción de fuentes de agua y dificultades para alimentar el ganado pueden extenderse hacia territorios vecinos y afectar progresivamente la economía rural.
El encuentro de este miércoles buscará precisamente convertir esas experiencias locales en propuestas nacionales.

Para Molina, el desafío consiste en abandonar una dinámica conocida: esperar que llegue nuevamente la sequía, declarar la emergencia, distribuir ayuda y comenzar de cero al año siguiente.
La lluvia seguirá dependiendo del clima. La diferencia, sostiene el Presidente, estará en qué tan preparados estén los municipios cuando vuelva a faltar.
Y esa es la pregunta que los 75 alcaldes llevarán este miércoles al Congreso Nacional: ¿seguirá Honduras administrando cada sequía como una nueva emergencia o comenzará finalmente a prepararse para la próxima?

