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JOH en Honduras: la vuelta del hombre que gobernó Honduras y terminó en una corte de Nueva York

De rodillas en la pista de Palmerola, entre lágrimas de familia y banderas azules, el expresidente inició su regreso a su pais

Comayagua, Honduras. – Eran las 8:30 de la mañana de hoy Domingo y el sol apenas calentaba el asfalto del Aeropuerto Internacional de Palmerola, en Comayagua, cuando un avión privado procedente de Fort Lauderdale, Florida, empieza su descenso. A bordo viaja Juan Orlando Hernández, el hombre que gobernó Honduras entre 2014 y 2022 y que, hasta hace apenas ocho meses, cumplía una condena de 45 años en una prisión federal de Estados Unidos por narcotráfico y tráfico ilegal de armas.

Lo que sigue, minuto a minuto, es la reconstrucción de un regreso que Honduras entera vio venir, pero que pocos imaginaron así.

Todo empezó a confirmarse mientras el avión aún sobrevolaba el Caribe. Hernández grabó un mensaje breve desde su asiento, vestido con camisa blanca, y lo difundió en redes sociales.

“Saliendo ya, gracias a Dios”, dijo, sonriente, antes de calcular el tiempo que le faltaba para pisar suelo hondureño: dos horas. El video confirmaba lo que su defensa legal llevaba semanas negociando: un regreso voluntario, no una deportación ni una entrega custodiada.

En la comitiva viajaban su abogado en el juicio de Nueva York, Renato Stabile —quien resumió el momento con una frase corta antes de abordar: “El día ha llegado”—, tres generales de las Fuerzas Armadas de Honduras que habían testificado a su favor durante el proceso penal en Estados Unidos (Willy Oseguera Rodas, Tulio Armando Romero Palacios y Javier René Barrientos Alvarado), un equipo vinculado a la producción de un documental sobre el caso, y un empresario estadounidense no identificado por las fuentes consultadas.

De rodillas sobre el asfalto de Palmerola, Juan Orlando Hernández y su familia guardan un instante de oración minutos después de que el avión privado que los trajo desde Estados Unidos tocara tierra hondureña. Custodiado por un agente de seguridad, el círculo íntimo del expresidente —esposas, hijas y allegados vestidos de blanco— cierra los ojos y une las manos en el mismo lugar donde, hace más de cuatro años, comenzó su salida del país.

8:30 a.m. — Las ruedas tocan Palmerola

El vuelo aterriza en la pista de Palmerola, a unos 75 kilómetros al norte de Tegucigalpa. Por protocolo acordado con su defensa, Hernández es el último en descender de la aeronave. Cuando finalmente pone pie en la escalerilla, no camina directo hacia la terminal: se arrodilla, junto a varios de sus familiares, a pocos metros de la pista, y guarda un instante de oración.

Es la primera imagen que corre por redes y noticieros: el expresidente, de 57 años, de rodillas sobre el asfalto que lo recibe tras más de cuatro años fuera del país.

Incorporado ya, Hernández se funde en un abrazo con su esposa, Ana García de Hernández, y con sus hijas, en un encuentro que las fuentes describen como cargado de emoción contenida. Solo después de ese momento privado, el expresidente se somete al control migratorio que corresponde a cualquier ciudadano hondureño que regresa al país, entregando su documentación a Aduanas.

Ante la prensa que lo esperaba en la pista, Hernández ofrece apenas unas palabras: “Sabía que iba a regresar, pero no sabía que sería así, estoy agradecido con Dios.”

Fuera del perímetro aéreo, la escena es distinta: miles de simpatizantes del Partido Nacional la “marea azul”, como la describen algunos medios llevan horas concentrados desde la madrugada. Muchos llegaron en caravanas de autobuses interurbanos que saturaron la carretera CA-5 hacia Comayagua; otros optaron por pernoctar desde la noche del sábado en la ciudad colonial para asegurar un lugar cerca de la terminal.

Banderas de Honduras, banderas azules del nacionalismo, pancartas y consignas de bienvenida marcan la espera.

Un mar de simpatizantes nacionalistas levanta la señal de la victoria bajo un cielo cargado de banderas azules, en uno de los puntos de concentración previos a la llegada de Juan Orlando Hernández. Camisetas, gorras y pancartas de bienvenida se mezclan entre la multitud, que esperó desde temprano para presenciar el regreso del expresidente al territorio hondureño.

9:30 a.m. — Camino a la Finca Rocío

Con el trámite migratorio resuelto, Hernández no aborda un vehículo convencional: se traslada en la paila de un pickup blanco, saludando a los simpatizantes apostados en la vía, rumbo a la Finca Rocío, una propiedad ubicada a pocos kilómetros del aeropuerto. Ahí lo espera un acto de bienvenida organizado por allegados, donde ofrece su primer discurso público tras el regreso: se dirige a la población hondureña para hablar de su retorno, del futuro inmediato y de los desafíos que reconoce que enfrentará en esta nueva etapa.

La jornada no termina en Comayagua. Tras el acto en la finca, Hernández encabeza una caravana que se moviliza hacia la capital, con destino al Aeropuerto Internacional de Toncontín, en Tegucigalpa, donde otro grupo de simpatizantes lo espera desde temprano.

Alrededor de las 2:00 de la tarde, el expresidente ofrece una segunda intervención pública. Es en ese momento cuando su esposa, Ana García, le coloca nuevamente el anillo matrimonial, en un gesto simbólico que las cámaras registran como el cierre emocional de la jornada.

Finalmente, ya entrada la tarde, la comitiva traslada a Hernández hasta su residencia particular en Tegucigalpa, la misma vivienda de donde fue sacado hace más de cuatro años.

Con la mano en alto y el rostro distendido, Juan Orlando Hernández saluda a la multitud que colma la vía frente a un centro comercial de Tegucigalpa. Cientos de banderas azules del Partido Nacional ondean detrás de él, mientras simpatizantes se trepan a un andamio para no perder detalle del regreso del expresidente a la capital.

El regreso de Hernández no cierra su historia judicial; abre un nuevo capítulo, esta vez en Honduras. El expresidente deberá comparecer el próximo 3 de agosto ante la justicia hondureña para responder por una acusación de fraude y lavado de activos, vinculada al presunto desvío de fondos públicos que habrían financiado su campaña electoral de 2013.

Su regreso al país fue posible después de que un juez hondureño suspendiera de forma provisional la orden de captura internacional y la alerta roja de Interpol que pesaban sobre él, tras aceptar una solicitud de presentación voluntaria planteada por su defensa. Ese fallo es, en la práctica, lo que le permitió pisar Palmerola sin ser detenido de inmediato.

Todo esto ocurre casi ocho meses después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le concediera un indulto total que anuló la condena de 45 años que un tribunal de Nueva York le había impuesto por narcotráfico.

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