La tasa de seguridad terminó financiando el lujo de LIBRE

Opiniones

Durante años, a los hondureños se nos pidió pagar la Tasa de Seguridad con un argumento simple y contundente: proteger la vida, enfrentar el crimen y fortalecer a las instituciones encargadas de la seguridad pública.

Hoy, esa promesa se derrumba. La revelación hecha por el secretario de Finanzas, Emilio Hércules, de que más de 1,200 millones de lempiras fueron utilizados solo en 2025 para el alquiler de vehículos del Estado, no es un dato administrativo menor; es una bofetada directa a un pueblo que paga impuestos mientras vive con miedo, carreteras destruidas y hospitales sin medicinas.

Dinero que nació del sacrificio ciudadano terminó convertido en contratos, comodidades y vehículos de lujo para funcionarios y círculos cercanos al poder.

El problema no es solo el monto, sino la lógica del gasto. La Tasa de Seguridad no fue creada para garantizar movilidad de alto nivel a burócratas ni para sostener un estilo de vida privilegiado dentro del gobierno de LIBRE.  Fue diseñada para blindar al país frente a la violencia que azota barrios, aldeas y ciudades.

Sin embargo, los hechos apuntan a que, mientras el discurso hablaba de transformación y justicia social, las arcas del Estado eran drenadas desde abajo hasta arriba, desde funcionarios menores hasta quienes administraban los grandes presupuestos de las secretarías. No hubo incapacidad; hubo prioridades torcidas.

Este informe, además, no cuenta la historia completa. Si solo la Tasa de Seguridad arroja cifras tan escandalosas, la pregunta obligada es qué ocurrió con otros fondos públicos: los que debieron ir a la reparación de carreteras, a la compra de medicamentos, al fortalecimiento de escuelas, a la prevención del delito, los fideicomisos para terminar proyectos de vivienda y reparar la CA13.

El país necesita algo más que comunicados: la Secretaría de Defensa, el Poder Judicial y la Secretaría de Seguridad tienen la obligación moral y política de rendir cuentas claras y detalladas al pueblo hondureño.

Porque cuando el dinero de la seguridad se usa para caprichos, no solo se traiciona un presupuesto: se traiciona la confianza de toda una nación.