OLANCHITO, YORO.— El domingo, Norma Nicoll Ramírez Arteaga iba junto a su hermana gemela en un autobús de Tegucigalpa, la ciudad a la que habían llegado para estudiar. Después todo ocurrió demasiado rápido: un asalto, el miedo, una unidad todavía en movimiento y la desesperada decisión de saltar. María José sobrevivió. Norma cayó y se golpeó fuertemente la cabeza. Cuatro días después, mientras su familia esperaba un milagro, Olanchito recibió la noticia que nadie quería escuchar: Norma Nicoll había muerto.
Desde entonces, su historia dejó de contarse solamente en partes médicos o publicaciones en redess. Comenzó a reconstruirse de otra manera: a través de fotografías, recuerdos, oraciones y decenas de mensajes escritos por personas que conocían a sus padres, a su familia o a aquella joven que había salido de Olanchito llevando consigo sus propios sueños.
“No existen palabras. Oh, qué grande dolor. Ruedan lágrimas hoy, me duele el corazón al saber que partió”, escribió una mujer en redes sociales.
Era quizá la manera más sencilla de describir lo que estaba ocurriendo.
De acuerdo con las versiones divulgadas después del hecho, Norma Nicoll viajaba junto a su hermana gemela, María José Ramírez Arteaga, cuando ambas habrían quedado en medio de un asalto dentro de una unidad del transporte público capitalino.
En cuestión de segundos tomaron una decisión desesperada: lanzarse del autobús mientras todavía estaba en movimiento.
María José sobrevivió al impacto. Norma Nicoll no tuvo la misma suerte.
La joven sufrió un fuerte golpe en la cabeza y fue trasladada a un centro asistencial de Tegucigalpa. Su condición se agravó y habría permanecido en coma durante varios días.
Mientras ella luchaba por sobrevivir, a kilómetros de distancia su familia y quienes la conocían esperaban noticias.
Hasta que el jueves llegó la peor.
Norma Nicoll había fallecido.

La noticia viajó rápidamente hasta Olanchito y las redes sociales comenzaron a convertirse en una enorme esquela colectiva.
Pero detrás de muchos mensajes había dos nombres que se repetían constantemente: los de sus padres, los docentes José Santos Ramírez y Norma “Charito” Arteaga.
“Dios consuele sus corazones destrozados por tan lamentable partida, Profe Charito y Profe José Santos. No hay palabras”, escribió July Soto.
Nidia Cabrera dejó otro mensaje: “Mi más sentido pésame a sus padres… que Dios les dé fortaleza y resignación para asimilar tan inmenso dolor”.
Otros mensajes hablaban de un “ángel”, pedían fortaleza para la familia o simplemente admitían que resultaba imposible encontrar palabras suficientes frente a una pérdida semejante.
“Lamento profundamente la partida física de Norma Nicoll. Solo Nuestro Señor Jesucristo puede dar consuelo en estos momentos difíciles”, escribió Esmeralda Venegas.
Las condolencias siguieron acumulándose durante las horas siguientes.
No eran mensajes impersonales. Muchos provenían de compañeros de sus padres, maestros y personas vinculadas a la comunidad educativa de Olanchito.
Poco a poco, detrás de la noticia trágica comenzó a aparecer la persona.
Norma Nicoll fue recordada como una joven llena de sueños, querida por quienes tuvieron oportunidad de compartir con ella y miembro de una familia ampliamente conocida dentro del sector educativo de la ciudad.

Poco a poco, detrás de la noticia trágica comenzó a aparecer la persona.
Norma Nicoll sera recordada como una joven llena de sueños, querida por quienes tuvieron oportunidad de compartir con ella y miembro de una familia ampliamente conocida dentro del sector educativo de la ciudad.
Yo también tuve la oportunidad de conocer a Norma Nicoll y a su hermana María José cuando ambas eran estudiantes de un instituto privado de Olanchito, donde también estudiaba mi hijo mayor. Las recuerdo siendo apenas unas jovencitas, pero Norma ya dejaba ver algo especial: tenía metas, soñaba en grande y mostraba una enorme ambición por superarse y destacar. Era de esas jóvenes en las que uno podía percibir que no estaban conformes con quedarse donde estaban, que querían avanzar y construir su propio camino.
Quizá por eso resulta todavía más difícil aceptar su partida. Porque quienes alguna vez coincidimos con ella no estamos recordando solamente a la joven de una noticia trágica; recordamos a aquella estudiante que tenía planes, aspiraciones y toda una vida por delante.
El Centro de Educación Básica José Trinidad Cabañas lamentó públicamente su fallecimiento y expresó solidaridad con su madre, compañera de esa institución.
El C.E.M.G. Guillermo Moore también se sumó al duelo y recordó a Norma como una joven que compartió cariño con quienes formaron parte de su vida.
Quizá una de las imágenes más dolorosas de esta historia está en aquello que ninguna estadística puede contar.
Eran gemelas.
Habían compartido infancia, familia, recuerdos y una etapa de sus vidas lejos de casa. Aquel domingo también compartían el mismo autobús y el mismo momento de miedo.
Las dos saltaron.
Pero solamente una sobrevivió.
María José continua recuperándose de las consecuencias del hecho, mientras su familia enfrentaba la pérdida de Norma Nicoll.
Y esa circunstancia hizo todavía más difícil una historia que ya resultaba dolorosa para quienes la seguían desde Olanchito.
“Mi más sentido pésame, Charito y José Santos; qué pesar me da la partida de su ángel. Dios les dé fuerzas para resistir este dolor”, escribió Nora Lizeth Ramírez.

