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Olanchito paga con apagones tres décadas de abandono eléctrico

La ENEE anuncia "balanceo de carga" como respuesta a interrupciones en colonias del municipio, pero expertos y datos nacionales apuntan a un problema estructural más profundo: redes de distribución que llevan hasta 30 años sin renovarse mientras la población creció exponencialmente

Olanchito, Yoro. – Cuando un transformador se quema en una colonia de Olanchito, los vecinos ya saben el ritual: primero la oscuridad, luego la espera que puede durar horas o días, y finalmente, si hay suerte, una cuadrilla que llega a reparar el mismo equipo que lleva décadas instalado en el mismo poste. Lo que no cambia es el transformador.

La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), a través de su Unidad Técnica de Control y Distribución (UTCD), informó recientemente a la población de Olanchito que las interrupciones del servicio eléctrico en diversas colonias obedecen a “trabajos de balanceo de carga y a la instalación de una tercera línea de distribución”.

Sin embargo, esa explicación técnica, válida en sí misma, no responde la pregunta de fondo que los Olanchitos llevan años haciéndose: ¿por qué una infraestructura diseñada para una Olanchito de hace 30 años tiene que cargar hoy con una ciudad que ha multiplicado su número de abonados, su actividad comercial y su densidad habitacional?

La crisis que vive Olanchito no es un fenómeno local aislado. Es la expresión municipalizada de un problema nacional documentado.


Expertos del sector advierten que la ENEE arrastra un rezago importante en inversión de más de 30 años o 40 años, y que aunque se han realizado algunas mejoras recientes, estas siguen siendo insuficientes ante el crecimiento constante de municipios en todo el país, donde los circuitos están más que saturados.

Un componente de distribución eléctrica averiado tras una falla en la red. En Olanchito, la saturación de circuitos y el desgaste de equipos viejos se han vuelto parte de la rutina.

Ese rezago tiene consecuencias directas sobre los equipos. Los transformadores de distribución, diseñados para soportar una carga determinada de abonados, terminan operando muy por encima de su capacidad cuando la población crece y nadie los sustituye. El resultado es predecible: se queman. Y cuando se queman, dejan sin electricidad a colonias enteras.

El sector eléctrico hondureño se ha caracterizado históricamente por grandes pérdidas técnicas y comerciales en transmisión y distribución, con inversiones que continúan demorándose debido a limitaciones financieras. Si esta situación se prolonga, aumenta la frecuencia de los apagones.

Para entender por qué Olanchito tiene los mismos transformadores de hace tres décadas, hay que entender primero las finanzas de la empresa que debería haberlos cambiado.

La ENEE arrastra una deuda cercana a los 110 mil millones de lempiras, mientras que sus compromisos con proveedores, contratistas y generadores de energía superan los 26 mil millones. Miles de kilómetros de redes eléctricas obsoletas incrementan los costos operativos y deterioran la calidad del servicio.

Esa asfixia financiera tiene un efecto en cadena: sin liquidez no hay inversión, sin inversión las redes envejecen, y con redes envejecidas los apagones se multiplican. El propio titular de la estatal reconoció que “el sector eléctrico es el que más le atrasa el crecimiento económico actualmente”, al referirse al impacto directo de la crisis energética en la competitividad nacional.

Transformadores instalados hace décadas continúan operando en sectores donde la demanda energética se ha multiplicado, evidenciando el rezago histórico de inversión en la red de distribución.

Un experto en energía de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) señaló que Honduras alcanzó el precio más alto de la tarifa eléctrica en años recientes, y que a pesar de que la ENEE aduce reducción de pérdidas, la deuda histórica superó los 110 mil millones de lempiras, la mora aumentó a 18 mil millones y la deuda con proveedores de energía superó los 23 mil millones.

La saturación de la red no solo afecta a los hogares. En otras regiones del país con dinámicas similares a la del Valle del Aguán, el impacto sobre la actividad económica es ya medible.

El presidente del Sindicato de la ENEE informó que durante 2023, por muchos meses, la empresa no aprobó proyectos por falta de capacidad de transformación. “Por ejemplo, en Santa Rosa de Copán, Villanueva y en algunos otros sectores había problema de capacidad, porque no aguantaban los transformadores”.

Inversores han tenido que costear ellos mismos líneas de conducción y transformadores para llevar energía desde los postes asignados por la ENEE hasta sus proyectos. Esto incrementa entre un 15% y 20% el costo total de cualquier obra, aunque la ENEE les retorna esa inversión mediante crédito en la factura mensual.

En municipios como Olanchito, donde el comercio, la agroindustria y la construcción de vivienda dependen de un suministro estable, esa realidad frena el desarrollo antes incluso de que arranque.

El Valle del Aguán y el corredor del litoral atlántico forman parte de una de las zonas con mayor demanda energética del país, pero también de las más descuidadas en términos de infraestructura de transmisión.

Un transformador emite humo en plena noche tras colapsar por sobrecarga. Escenas como esta se repiten cada vez con más frecuencia en distintos barrios de la ciudad.

El Plan de Expansión de la Red de Transmisión 2026-2035 del Centro Nacional de Despacho concluye que la zona norte de Honduras requiere una inversión intensiva, debido a que la infraestructura actual resulta insuficiente. Se reporta una alta recurrencia de problemas técnicos que afecta la continuidad del servicio en el norte y centro-norte del país.

Como ejemplo del envejecimiento de la infraestructura, el gerente general de la ENEE mencionó la interconexión con Nicaragua, que ya tiene 50 años de operación. Un dato que habla por sí solo sobre el estado general del sistema.

Ante ese panorama, el Banco Europeo de Inversiones aprobó una línea de crédito de 200 millones de euros para fortalecer las líneas de transmisión en Honduras, un avance que los expertos reconocen, pero que advierten que tardará años en materializarse en mejoras concretas para los usuarios.

La ENEE ha anunciado planes de inversión en distintos momentos. El subgerente operativo regional de distribución anunció la ampliación de 21 subestaciones a nivel nacional, y la instalación de entre 700 y 800 kilómetros de nuevos circuitos. Con este plan se pretende cubrir los próximos siete años en crecimiento de la demanda.

En diciembre de 2023, la ENEE adjudicó la compra de 20 transformadores de potencia. En 2025 se planeaba repotenciar las subestaciones con estos nuevos equipos.

Pero los expertos advierten que esas inversiones, aunque necesarias, no resuelven el problema inmediato. El experto en energía Salomón Ordóñez señaló que los nuevos transformadores son una muy buena noticia, pero que “se necesita más inversión; la ENEE debe buscar esos fondos para seguir ampliando las subestaciones”.

Mientras tanto, en Olanchito, los transformadores que llevan décadas en los postes siguen ahí. Los abonados ya no son los mismos, la ciudad creció, la demanda creció, pero la infraestructura no. Y cada vez que uno de esos equipos viejos cede, una colonia entera vuelve a la oscuridad y la ENEE anuncia que trabaja en el balanceo de carga.

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