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Shin Fujiyama se enamora de Olanchito: entre chuletas, historias, emprendedores y un pueblo que lo recibió con los brazos abiertos

El reconocido influencer japonés recorrió durante todo el viernes la Ciudad Cívica, probó sus comidas tradicionales, conoció la historia de Ramón Amaya Amador y escuchó a comerciantes afectados por un reciente incendio. También recibió el saludo del alcalde Juan Carlos Molina y una donación de 10,000 lempiras para su fundación.

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OLANCHITO, YORO. — Shin Fujiyama llegó a Olanchito la noche del jueves con una pregunta: por qué a esta ciudad le llaman la Ciudad Cívica. Veinticuatro horas después había encontrado mucho más que una respuesta. Descubrió el sabor de las chuletas con tajadas, escuchó historias de emprendedores, conoció las cenizas del escritor Ramón Amaya Amador, se sentó a jugar billar y encontró a una ciudad que, entre bromas, platos de comida y apretones de manos, terminó ganándose su cariño. Pero también conoció el rostro triste de Olanchito: el de las familias que perdieron sus negocios en un incendio y que ahora luchan por empezar de nuevo.

El filántropo y creador de contenido de origen japonés dedicó buena parte del viernes 16 de octubre a recorrer distintos establecimientos, lugares históricos y espacios públicos de Olanchito, compartiendo sus experiencias mediante videos y fotografías publicados en sus redes sociales.

Su visita convirtió por unas horas a pequeños negocios familiares, cocineras, comerciantes y personajes populares de la ciudad en protagonistas de las publicaciones de uno de los creadores de contenido más reconocidos de Honduras.

Y entre todas aquellas experiencias hubo una impresión que Shin no tardó en compartir.
«La gente de Olanchito es muy alegre, la verdad nos ha encantado esta ciudad. La vibra de las personas es excelente, es imposible andar amargado aquí», escribió.
Un encuentro inesperado con el alcalde Juan Carlos Molina

La jornada del viernes comenzó temprano. Fujiyama llegó al parador fotográfico de Olanchito, uno de los sitios donde los visitantes suelen detenerse para llevarse una fotografía de recuerdo.

Mientras realizaba grabaciones, coincidió con el alcalde municipal, Juan Carlos Molina, quien transitaba por el lugar.

Al reconocer al visitante, el edil detuvo su automóvil, descendió para saludarlo y conversó brevemente con él. Durante el encuentro le dio la bienvenida a Olanchito y puso a disposición el apoyo de la Municipalidad para cualquier actividad o necesidad que pudiera surgir durante su estadía.

El encuentro se produjo de manera espontánea, antes de que Fujiyama continuara su recorrido por la ciudad.

De una pequeña cena a una sorpresa de 10,000 lempiras

La experiencia gastronómica había comenzado desde la noche del jueves, cuando el equipo de Fujiyama recibió una invitación del restaurante Ibagari Grill.

Lo que inicialmente le habían anunciado como una pequeña cena terminó convirtiéndose en una muestra de hospitalidad que el visitante agradeció públicamente.

«Me dijeron: “Shin, te queremos invitar a una pequeña cena”. Muchas gracias Ibagari Grill por esta deliciosa comida para todo el equipo aquí en Olanchito», publicó.
Pero el restaurante también decidió respaldar el trabajo educativo que Fujiyama desarrolla en Honduras.

Durante su recorrido nocturno por Olanchito, Shin Fujiyama disfrutó de la gastronomía local, conoció a pequeños emprendedores, escuchó historias sobre una antigua moneda de la época bananera y hasta encontró tiempo para compartir una partida de billar con personajes populares de la ciudad.

Durante su visita, Ibagari Grill realizó una donación de 10,000 lempiras a su fundación, una contribución destinada a apoyar su iniciativa de construcción de escuelas.
Shin agradeció el gesto y aprovechó sus redes sociales para invitar a otras personas a sumarse a la causa educativa que impulsa desde hace años.

El filántropo dirige One Thousand Schools, organización surgida de Students Helping Honduras, cuya meta es contribuir a la construcción de mil escuelas para niños hondureños.
El mercado de Olanchito le abrió sus puertas y también su cocina

Durante el viernes, Fujiyama descubrió que una buena parte de la historia de Olanchito también se cuenta a través de su comida.

En el mercado municipal encontró emprendedores que mantienen vivos sabores tradicionales, recetas familiares y negocios que han pasado de una generación a otra.

Uno de los momentos más espontáneos ocurrió cuando un comerciante, al ver que el visitante y su equipo tenían hambre, les obsequió chicharrón con tajadas de plátano.

El gesto llamó la atención del influencer, quien destacó la amabilidad de los olanchitos.
También probó chicharrones acompañados de guacamole, una combinación que celebró por su sabor.

Pero la experiencia no terminó allí.
En el comedor Bessy le prestaron la cocina para que, con ayuda de una mujer del mercado, aprendiera a preparar tortillas de plátano, una receta que despertó su curiosidad.

Entre risas y preguntas a sus seguidores, Fujiyama documentó el proceso y mostró el resultado de aquella improvisada clase de cocina.

También agradeció a doña Sandra por obsequiarle el tradicional pan de caballito, cuyo nombre le provocó una nueva pregunta sobre las costumbres de Olanchito.

El alcalde municipal Juan Carlos Molina compartió un encuentro con el reconocido filántropo japonés-hondureño en el parador fotográfico de la ciudad. El edil aprovechó la ocasión para darle la bienvenida y ofrecerle el respaldo de la Municipalidad para las actividades que pudiera desarrollar durante su visita a Olanchito.

Las chuletas de Chilo y una receta que atraviesa generaciones

Uno de los encuentros gastronómicos más representativos de su visita fue con las famosas chuletas de Chilo, un plato vinculado a la identidad culinaria de Olanchito.

Fujiyama conversó con una descendiente de don Chilo, a quien se atribuye el origen de esta tradición gastronómica, y escuchó cómo la receta ha sido transmitida de generación en generación.

La historia le permitió conocer la influencia de la cocina garífuna en la preparación de un alimento que se convirtió en una referencia para habitantes y visitantes de la ciudad.

«Ella es descendiente de don Chilo, el famoso creador de las chuletas de Olanchito. Generación tras generación se vienen compartiendo la receta garífuna», comentó.
Shin también compartió con sus seguidores la versión local que atribuye a Olanchito el origen de las chuletas con tajadas, una afirmación popular que forma parte de la tradición gastronómica de la ciudad.


Los pequeños negocios también tuvieron su momento

Lejos de limitarse a los establecimientos más conocidos, el visitante dedicó tiempo a conocer historias de personas que se ganan la vida con sus propios emprendimientos.

En una de sus paradas probó las arepas colombianas preparadas por Andrés, un ciudadano colombiano que decidió establecer su negocio en Olanchito.
Para Fujiyama, conocer a un extranjero que encontró oportunidades económicas en Honduras fue motivo de satisfacción.
«Qué bonito es ver extranjeros que ven a Honduras con potencial para hacer crecer sus negocios», expresó.

También llegó a los famosos tacos de El Aztecazo, donde conoció la historia que vincula el nacimiento del negocio con aquella recordada victoria de la Selección Nacional de Honduras sobre México en el Estadio Azteca.

Su recorrido incluyó los tradicionales helados de Mandito, establecimiento que, según la historia que le compartieron, fue la primera heladería de Olanchito.
En los alrededores del parque central encontró los pastelitos de doña Santos, una emprendedora que, junto a su hijo, comenzó a vender comida como una manera de sacar adelante a su familia.

Más adelante probó las tajaditas preparadas de doña Senia, otro negocio familiar ubicado en el parque central, al que también dedicó una publicación invitando a sus seguidores a apoyar el emprendimiento.

Entre una visita y otra, Fujiyama incluso terminó convertido por unos momentos en cocinero.
Una seguidora le pidió que le preparara personalmente un plato de carne, petición que aceptó entre bromas, anunciando sus improvisadas «Carnitas Fujiyama».

Shin Fujiyama visitó el monumento dedicado al escritor Ramón Amaya Amador, autor de Prisión Verde, y compartió con emprendedores locales, entre ellos doña Santos, reconocida por sus tradicionales pastelitos. También disfrutó del pan de caballito, uno de los productos típicos de la Ciudad Cívica.

La tristeza de encontrar un mercado reducido a cenizas

No todo fueron sonrisas durante el recorrido.
En el centro de Olanchito, Fujiyama conoció el lugar donde un incendio ocurrido semanas atrás destruyó varios puestos comerciales y dejó a familias sin sus negocios.

El siniestro se registró durante la madrugada del domingo 4 de octubre, cuando las llamas consumieron al menos cinco establecimientos dedicados principalmente a la venta de ropa y otros artículos, cerca de las oficinas de Hondutel.

Al conocer lo sucedido, el influencer expresó su tristeza por las pérdidas sufridas por las familias.

«Qué triste esto. Me acabo de dar cuenta que hace un par de semanas se quemó este mercado de Olanchito. Muchas familias quedaron sin su sustento por culpa de este siniestro», comentó en sus redes sociales.

Ramón Amaya Amador, Prisión Verde y las historias de la Ciudad Cívica

La visita también llevó a Fujiyama a explorar parte del patrimonio literario e histórico de Olanchito.
Uno de los lugares que conoció fue el espacio dedicado a Ramón Amaya Amador, escritor hondureño nacido en Olanchito y autor de Prisión Verde, una de las novelas más representativas de la literatura social del país.

El influencer mostró interés por la historia del escritor, por el contenido de su obra y por las cenizas que se conservan en su memoria.
También compartió con sus seguidores lo que le contaron sobre las controversias que rodearon la circulación de Prisión Verde debido a sus denuncias sobre las condiciones de los trabajadores bananeros.

La visita le permitió acercarse a una faceta de Olanchito distinta de sus comercios y gastronomía: la de una ciudad que también ha contribuido a la literatura y al pensamiento hondureño.

Entre las curiosidades históricas que descubrió figuró una antigua moneda fechada en 1910, que, según le explicaron, habría sido utilizada como forma de pago durante la época de las compañías bananeras.

Shin mostró la pieza y preguntó a sus seguidores cuánto valor habría tenido en aquellos años, sin que se haya establecido aún su procedencia o utilización histórica.
La serpiente bajo la iglesia y una noche de billar

Como ocurre en muchos pueblos hondureños, Olanchito también tiene historias que sobreviven a través de la tradición oral.
Una de ellas llegó hasta Fujiyama durante su recorrido por el centro de la ciudad.

Según la leyenda que le compartieron, una enorme serpiente permanece dormida debajo de la iglesia San Jorge, frente al parque central.
Lejos de presentar la historia como un hecho comprobado, Shin trasladó la pregunta a sus seguidores: ¿se trata de una realidad o solamente de un mito que ha pasado de generación en generación?

También se mostró sorprendido por la cantidad de personas que encontró en la iglesia durante la noche del viernes.

«Me sorprende y me alegra ver la iglesia de Olanchito tan llena un viernes por la noche», escribió, acompañando el comentario con una comparación humorística sobre la vida nocturna de otras ciudades.

La jornada también tuvo espacio para la diversión.
Fujiyama aceptó la invitación de un personaje conocido como Caguama para visitar un salón de billar, donde le contaron que su anfitrión era un jugador difícil de vencer.
El encuentro terminó convertido en otro de los episodios compartidos en sus redes sociales, con la pregunta de si lograría quitarle el invicto a su rival.
Hasta el Social Sol encontró un lugar en su recorrido

La pasión futbolística de Olanchito tampoco pasó inadvertida para el visitante.
Durante su estadía recibió una camiseta del Club Deportivo Social Sol, equipo representativo de la ciudad que este sábado 17 de octubre enfrentará al Victoria en La Ceiba, por la décima jornada de la Liga Nacional de Ascenso.

Fujiyama aprovechó el regalo para bromear sobre su fama de traer mala suerte a algunos equipos que apoya.
«Si mañana pierde el equipo de Olanchito, no me culpen a mí», escribió entre risas.
También mencionó a su amigo Carlos Eduardo Espina, relacionado en su comentario con el equipo ceibeño.

Shin Fujiyama llegó el jueves por la noche preguntando por qué Olanchito era conocida como la Ciudad Cívica.
Durante el viernes encontró parte de su respuesta en los libros de Ramón Amaya Amador, en las historias de los antiguos trabajadores bananeros y en las tradiciones conservadas durante generaciones.

Pero encontró mucho más en la vida cotidiana.
En el comerciante que le regaló comida, en las mujeres que le abrieron sus cocinas, en las familias que mantienen vivos sus negocios, en la gente que lo invitó a jugar billar y en quienes se han unido para ayudar a los afectados por el incendio.

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