Después de una decepcionante experiencia gastronómica frente a la bahía, descubrí que en un rincón de Trujillo una familia conserva las recetas de sus abuelas. Allí, la machuca lleva pescado, caracol, camarón y jaiba, y detrás de cada plato hay una tradición que se niega a desaparecer.

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Trujillo, Colón- Hace dos semanas llegué a Trujillo con un antojo que llevaba varios kilómetros de carretera acumulándose: quería comer una auténtica machuca garífuna. No buscaba un plato elegante ni una versión adaptada al gusto de los turistas. Quería probar esa comida que ha pasado de las manos de las abuelas a las de sus hijas, con el sabor del coco, los mariscos y las recetas que forman parte de la vida de las comunidades garífunas.

Me dirigí a la conocida zona de restaurantes de la ciudad y entré a uno cuyo nombre recuerda a un mamífero marino que suele acompañar las embarcaciones. Pensé que allí encontraría lo que buscaba.

Pero la experiencia fue distinta. En lugar de aquella machuca que imaginaba, terminé frente a una sopa de pescado que me sirvieron casi helada. Me fui con la sensación de haber recorrido tantos kilómetros sin encontrar el sabor que había ido a buscar.

No pretendo juzgar toda la gastronomía de Trujillo por aquella experiencia. Sería injusto con tantas familias que han dedicado su vida a cocinar. Pero sí me quedé pensando en algo: ¿dónde están esos pequeños negocios que todavía preparan la comida garífuna como se hacía en las casas de antes?

La respuesta apareció hoy, mientras revisaba las redes sociales en busca de noticias para el periódico.
Entre tantas publicaciones encontré una entrevista que me hizo detener la lectura. Hablaba de un restaurante llamado Teigui Fa – El Sabor de Fátima, ubicado en la colonia Julio Lino, después del puente sobre el río Grande, en la carretera que conduce hacia Santa Fe, en Trujillo, Colón.

Su propietario, el licenciado Lenín González, contaba una historia que me interesó incluso más que el menú.
La idea del restaurante nació de las conversaciones familiares y de una pregunta que otras personas les hacían con frecuencia: cómo preparaban la machuca, la alabúndiga, el bimecacule y la daraza.

La respuesta de González era sencilla. Sus abuelas enseñaron a su madre, su madre les enseñó a ellos y ahora su esposa mantiene vivos esos conocimientos en la cocina familiar.
«Tratamos de que todas las semanas tengamos algo de nuestros ancestros en la casa», explicó durante la entrevista.

Aquella costumbre terminó convirtiéndose en un proyecto que comenzó a gestarse hace cuatro años. La familia avanzó poco a poco hasta que, hace unas tres semanas, una situación cotidiana les dio el impulso para abrir sus puertas al público.

Estaban preparando machuca para almorzar cuando varias personas preguntaron qué habría de comida. Al conocer el menú, comenzaron a llegar clientes. Fue entonces cuando decidieron compartir sus recetas con quienes quisieran probarlas.

Lo que más llamó mi atención fue escuchar a González describir la machuca que preparan.
El plato cuesta 400 lempiras, precio promocional que, según explicó, mantendrán hasta diciembre. Incluye un pescado de aproximadamente tres cuartos de libra a una libra, caracol, camarón, jaiba, la machuca y su respectiva sopa, preparada con el sazón tradicional de la familia.

Para alguien que había viajado buscando precisamente eso, la descripción resultaba suficiente para despertar nuevamente el apetito.
Pero había otro detalle que me gustó todavía más.

El restaurante se llama Teigui Fa, un nombre que González explica como el sazón de Fátima, en reconocimiento a su esposa, quien participa directamente en la preparación de los alimentos. También representa el conocimiento culinario heredado de su madre.

No es, por tanto, una cocina que haya nacido de una receta encontrada en internet. Es el resultado de años de aprendizaje dentro de una familia garífuna.

González asegura que su intención no es competir con otros restaurantes por ofrecer el precio más bajo, sino mantener el toque original de los alimentos de su pueblo.

Los sábados y domingos ofrecen sus especialidades tradicionales, especialmente la machuca y la alabúndiga. Durante los demás días también pueden preparar pescado, langosta, caracol, camarones y otras comidas, además de atender pedidos anticipados. El establecimiento dispone de servicio a domicilio, según su propietario.

La familia tiene planes de ampliar el lugar hasta contar con unas 40 o 50 mesas y crear un espacio donde puedan reunirse familias y visitantes. Ya han recibido solicitudes para celebraciones, aunque González aclara que desean mantener un ambiente tranquilo, sin bebidas alcohólicas ni desórdenes.

También contó que recientemente llegaron visitantes procedentes de Estados Unidos, quienes aprovecharon sus vacaciones para disfrutar de la comida tradicional garífuna. Algunos incluso pidieron llevarse otra porción.

Mientras escuchaba aquella entrevista, recordé mi visita de hace dos semanas. Pensé en la cantidad de viajeros que llegamos a Trujillo atraídos por su bahía, sus playas y su historia, sin saber que, a pocos minutos de las zonas más conocidas, existen familias que conservan una parte de la identidad gastronómica de la región.

Yo todavía no he probado la machuca de Teigui Fa. Sería incorrecto asegurar que es la mejor o que tiene exactamente el sabor que estoy buscando. Eso tendré que descubrirlo personalmente.

Pero después de escuchar a Lenín González hablar de su madre, de sus abuelas y del esfuerzo de Fátima por mantener esas recetas, hay algo que sí tengo claro.
Aunque me separen más de 150 kilómetros de carretera, ya tengo otro motivo para regresar a Trujillo.

Y esta vez sé dónde quiero sentarme a comer.
Teigui Fa – El Sabor de Fátima se encuentra en la colonia Julio Lino, después del puente sobre el río Grande, carretera hacia Santa Fe, Trujillo, Colón. Sus especialidades tradicionales se ofrecen principalmente los fines de semana y pueden solicitarse con anticipación.

Por aquí les dejo el numero del propietario por si quieren reservar su platillo,  yo lo guardo y seguramente llegue un fin de semana de estos a quitarme este bendito antojo.
Lenin González Teigui Fa – El Sabor de Fátima, Trujillo, Colon. 8980 9826

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