EL CORPUS, CHOLUTECA. — Durante generaciones, los habitantes de El Corpus han contado una historia que parece sacada de una leyenda: bajo la iglesia del municipio existiría una laguna escondida, atravesada por antiguos túneles mineros, donde descansa un mítico “lagarto de oro”.
Hoy, ese relato vuelve a cobrar fuerza por una razón menos fantástica y mucho más preocupante: el templo presenta grietas, humedad y filtraciones, y los vecinos temen que la estructura que ha resistido más de cuatro siglos pueda derrumbarse.
La iglesia católica de El Corpus ha sido durante siglos uno de los principales símbolos históricos y religiosos del municipio. Pero en los últimos años, sus habitantes han comenzado a observar señales de deterioro que alimentan una preocupación creciente.
Fisuras en los muros, humedad, filtraciones y daños han llevado a muchos a preguntarse si el agua que, según testimonios locales, corre bajo el templo podría estar debilitando sus cimientos.
“Mucho temor tenemos porque un día esto se puede derrumbar”, expresó una vecina al describir la inquietud que existe en la comunidad.
Ese temor se mezcla con una historia que forma parte de la memoria oral del pueblo.
Según la tradición, debajo de la iglesia existirían antiguos túneles excavados durante la época minera de El Corpus. Uno de ellos, cuentan los pobladores, conduciría hacia una laguna subterránea donde estaría escondido el célebre “lagarto de oro”.
La leyenda sostiene que durante la explotación de oro en la zona, en tiempos de los españoles, aparecían pequeñas pepitas con formas que recordaban lagartos. Con el paso de los años, aquella imagen terminó convirtiéndose en uno de los relatos más conocidos del municipio.
Para algunos pobladores, el “lagarto de oro” es una historia transmitida de padres a hijos.
Para otros, podría tener su origen en las antiguas actividades mineras que marcaron la historia del lugar.
No existe confirmación técnica de que bajo la iglesia haya realmente una laguna ni de que exista el objeto descrito por la leyenda. Pero sí hay testimonios de vecinos que aseguran haber visto agua corriendo debajo del altar mayor durante trabajos realizados décadas atrás.

Una maestra del municipio recuerda que, cuando era niña, pudo observar cómo el agua pasaba bajo la iglesia “como una quebrada”.
Aquella imagen, que durante años fue parte de las historias locales, hoy adquiere un significado distinto.
La iglesia ha sufrido inundaciones y fuertes filtraciones. La humedad es visible en diferentes zonas del edificio y las grietas han aumentado la preocupación de los feligreses.
Además, hace unos seis años, un rayo impactó la zona del campanario y provocó nuevos daños en la estructura.
Los habitantes temen que una tormenta, un sismo o cualquier otro fenómeno natural pueda terminar afectando seriamente el templo.
Pero la preocupación va más allá de lo arquitectónico.
La iglesia ha acompañado a generaciones enteras de familias de El Corpus. Allí se han celebrado bautizos, bodas, funerales, fiestas patronales y encuentros religiosos que forman parte de la historia personal de muchos habitantes.
Mientras el misterio del “lagarto de oro” continúa alimentando conversaciones y leyendas, los vecinos miran ahora con preocupación las paredes agrietadas y las señales de humedad.
La leyenda sigue bajo tierra.
El templo continúa en pie.
Y en El Corpus, entre la fe y el temor, los habitantes esperan que la iglesia que ha resistido más de cuatro siglos no termine convirtiéndose también en una historia del pasado.

