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La empresa que todo lo tiene y todo lo pierde: el colapso de la ENEE y la cuenta que pagan todos los hondureños

Monopolio total del mercado eléctrico, 2.1 millones de clientes sin alternativa y una deuda que ya supera los 114,000 millones de lempiras. La historia de cómo la empresa más grande de Honduras se convirtió en su mayor lastre financiero — y qué tendría que cambiar para salvarse.

La Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) es, en teoría, la empresa más poderosa de Honduras: monopolio legal de todo el sistema eléctrico del país, 2.1 millones de clientes cautivos, sin competencia posible. En la práctica, es también la empresa más deficitaria, la más endeudada y, según sus propias autoridades, está técnicamente quebrada.

Cada día que amanece, la ENEE pierde 50 millones de lempiras. Y la factura, en última instancia, la paga el ciudadano.
Los números que no mienten: una hemorragia de décadas

Las cifras oficiales de la ENEE, verificadas a través de sus propios boletines estadísticos, cuentan una historia de deterioro que ninguna administración ha podido revertir. Al cierre de 2024, las pérdidas operativas acumularon 24,335 millones de lempiras, equivalentes a un 36% de toda la energía que entra al sistema.

Al primer trimestre de 2026, ese índice se redujo ligeramente a 32.1%, pero la deuda total ya superó los 114,449 millones de lempiras al cierre de 2025 — un incremento del 6.81% respecto al año anterior.

IILas tres plagas: robo, contratos leoninos e ineficiencia estructural

Los analistas del sector energético coinciden en tres causas estructurales que sostienen el déficit crónico de la ENEE. Ninguna es nueva. Ninguna ha sido resuelta por ningún gobierno.

Primera plaga: el robo de energía. En Honduras, de cada 100 lempiras de energía facturada, se pierden casi 38 — sea por robo mediante conexión ilegal, por medidores alterados o por redes obsoletas que disipan corriente antes de llegar al cliente.

Este nivel triplica el promedio de Costa Rica y es entre 10 y 12 veces el de los países desarrollados. Las pérdidas no técnicas es decir, el hurto puro representan el componente más difícil de erradicar: según el gobierno, la ENEE pierde 24 millones de lempiras diarios solo por robo de energía mediante conexión ilegal.

En 2024, el impacto financiero de todas las pérdidas de energía sumó 14,270 millones de lempiras, según un informe de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ).

Segunda plaga: los contratos de generación privada.

Entre 2010 y 2021, se firmaron 192 contratos de generación con privados por aproximadamente 4,000 megavatios. Muchos de ellos se adjudicaron sin licitación competitiva y a precios muy por encima del mercado regional.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió en 2018 que esos contratos eran “condición ineludible de revisión” para el rescate de la ENEE. Solo a las empresas térmicas, la ENEE paga más de 495 millones de dólares anuales.

Doce de los contratos más onerosos fueron aprobados en la llamada “hemorragia legislativa” del 20 de enero de 2014, calificada por analistas como uno de los episodios de mayor captura del Estado en la historia reciente de Honduras.

Tercera plaga: la politización y el sobreempleo.

El Programa Nacional para la Reducción de Pérdidas (PNRP) — creado para resolver el robo de energía — pasó de 1,711 trabajadores en 2024 a 2,099 en agosto de 2025, con una planilla que consumió 655.8 millones de lempiras en solo 242 días.

A pesar de ese gasto, las pérdidas no disminuyeron. Se gastaron 20,000 millones de lempiras en el programa para perder 40,086 millones de lempiras en el mismo período, según la ASJ.

“Hay un buen agujero fiscal. Cualquier gobierno que esté al frente tiene que frenarlo, porque si no, la estatal está en términos financieros quebrada. Lo que la sostiene es que el gobierno inyecta fondos, pero ahora tiene una bola de nieve que va creciendo.” Eduardo Oviedo, gerente de la ENEE.
IIIEl costo que paga el hondureño de a pie

La crisis de la ENEE no es solo un problema contable. Se traduce en consecuencias directas y cotidianas para los 2.1 millones de abonados del sistema. Entre 2022 y 2025 se registraron más de 40,000 interrupciones de circuitos eléctricos. Solo en 2024, hubo más de 12,000 fallas que generaron pérdidas diarias superiores al millón de dólares para el sector productivo. En marzo de 2025, un apagón nacional vinculado a fallas en la interconexión regional dejó en evidencia la fragilidad estructural del sistema de transmisión.

Para colmo, Honduras tiene una de las tarifas eléctricas más altas de Centroamérica: 0.21 dólares por kilovatio-hora, un precio que resulta paradójico en un país con abundante potencial hidroeléctrico y donde el subsidio eléctrico existe precisamente porque el costo real del servicio es insostenible para la mayoría.

El subsidio otorgado desde 2022 a hogares con consumo menor a 150 kWh mensuales sumó 18,817 millones de lempiras durante los cuatro años del gobierno de Xiomara Castro. Pero la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE) detectó que usuarios con dos y hasta tres contadores recibían el beneficio simultáneamente.

En mayo de 2026, el nuevo gobierno focalizó el subsidio a 324,638 hogares, dejando fuera a más de 600,000 abonados que antes lo recibían sin calificar por condición de pobreza.


IV¿Tiene solución? La hoja de ruta que los expertos proponen

En mayo de 2026, la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), capítulo hondureño de Transparencia Internacional, presentó “Potencia Honduras”, una propuesta técnica que plantea un ahorro fiscal de más de 144,000 millones de lempiras en 10 años mediante una reforma estructural en cuatro ejes ejecutables en 48 meses.

La iniciativa surge después de constatar que el Estado transfirió 46,422.5 millones de lempiras a la ENEE entre 2022 y 2025 sin fijar metas claras ni mecanismos de rendición de cuentas.

“La ENEE no debe ser una empresa con fines de pérdida. El rescate del sector no puede esperar más y es técnicamente factible y fiscalmente necesario.” Samuel Rodríguez, experto en energía, y ASJ Potencia Honduras, mayo 2026.

La ENEE fue creada en 1957 por la Junta Militar de Gobierno como una apuesta de desarrollo nacional. Casi siete décadas después, sigue siendo la única empresa con poder sobre cada interruptor eléctrico de Honduras. Esa posición monopólica, que debería ser una ventaja, se ha convertido en su principal problema: sin competencia, sin presión de mercado, sin consecuencias reales por la ineficiencia, la empresa tiene poca razón para transformarse.

El reto no es técnico los expertos saben qué hacer. El reto es político. Y en Honduras, ese siempre ha sido el más difícil de todos.

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