SAN PEDRO SULA.— Cuando el reloj parecía condenado a marcar una ventaja azul rumbo a Tegucigalpa, apareció Bryan Farioli para incendiar el Estadio Morazán y mantener con vida el sueño verdolaga. Marathón rescató un empate 1-1 frente a Motagua en los últimos segundos del primer duelo de la gran final del Torneo Clausura de la Liga Nacional, dejando todo abierto para la batalla definitiva del próximo domingo en el Estadio Nacional Chelato Uclés.
El conjunto sampedrano, impulsado por un Morazán vestido de verde y repleto de aficionados que no dejaron de alentar ni un solo minuto, sufrió durante gran parte del encuentro ante un Motagua ordenado y peligroso en las transiciones ofensivas.
La apertura del marcador llegó al minuto 77, cuando el árbitro Nelson Salgado sancionó sin dudar un penalti tras una falta de Damin Ramírez sobre el extremo Jefrey Macías dentro del área. El brasileño Jhon Cleber Oliveira tomó la responsabilidad desde los once pasos y definió con frialdad para silenciar parcialmente el estadio y poner en ventaja a las águilas.
Con el gol en contra y el tiempo agotándose, Marathón adelantó líneas desesperadamente en busca del empate. Motagua parecía administrar la ventaja con oficio, mientras el desgaste físico comenzaba a notarse en ambos equipos después de una intensa seguidilla de partidos en las últimas semanas.
Pero cuando el partido agonizaba y el silencio empezaba a instalarse entre los aficionados locales, el argentino Bryan Farioli apareció en el minuto 90+4 para conectar el empate y desatar la locura en el Morazán, firmando un gol que revive las aspiraciones del monstruo verde de conquistar su décima corona.
El empate deja la serie completamente abierta para el duelo de vuelta del próximo domingo en Tegucigalpa, donde Motagua buscará levantar su copa número 20 y consolidarse aún más como uno de los clubes más ganadores del fútbol hondureño.
La final quedó encendida. Noventa minutos separan ahora a Marathón de la gloria y a Motagua de una nueva estrella.

