La Ceiba, Atlántida. – La Avenida San Isidro no alcanzó. Nunca alcanza. Y eso, en La Ceiba, es sinónimo de que todo salió exactamente como debía.
La 54° edición del Gran Carnaval Internacional de la Amistad se consumó este sábado como el antídoto perfecto a una semana que Honduras preferiría olvidar: días de masacres, de uniformados caídos, de problemas diplomáticos y de un país que necesitaba con urgencia recordar que también sabe celebrar la vida. La Novia de Honduras respondió con lo que mejor sabe hacer. Lo dio todo.
Desde las primeras horas de la mañana la ciudad ya había cambiado su cara. Los turistas nacionales e internacionales llegaron temprano, se instalaron en las aceras, en los balcones, en cualquier rincón con vista a la avenida, y esperaron. La alegría, como dicen los ceibeños, se sentía antes de que sonara la primera nota.
El desfile abrió con la solemnidad que la ocasión exige: la Academia Militar marchó al frente y la multitud respondió con aplausos que fueron creciendo cuando aparecieron los veteranos de guerra, hombres que han servido a la nación durante décadas y que este sábado recibieron el reconocimiento espontáneo de miles de personas que se pusieron de pie para recibirlos. Fue uno de esos momentos que ninguna cámara termina de capturar.

Después llegó la fiesta pura. Los grupos motorizados rugieron sobre el asfalto. Los caballos de pura sangre desfilaron al estilo vaquero que enloquece a los asistentes cada año, esos animales que parecen saber que están en escena y caminan como si lo supieran. Y entonces vinieron las carrozas: más de cincuenta, decoradas con una dedicación que tardó meses en construirse y que duró horas en recorrerse, con modelos que derrocharon la belleza hondureña y pusieron de pie a una multitud que no encontraba lugar.
Todo transcurrió con la paz y el respeto que Honduras tanto necesita y tan pocas veces logra en eventos masivos. Eso, en este país y en esta semana, no es un detalle menor. Es un logro.
Pero la noche guardaba lo mejor.
Cuando la oscuridad cayó sobre La Ceiba, la tarima internacional se convirtió en el lugar más disputado del país. La Makina de Puerto Rico prendió la avenida con el merengue que nadie puede escuchar sin bailar. Y cuando Farruko tomó el escenario, el acceso colapsó. Entrar a esas cuadras era un caos: miles y miles de personas bailando, empujando, cantando, sin ningún otro lugar en el mundo donde quisieran estar en ese momento.

Así se cerró la 54° edición del Gran Carnaval de la Amistad con una avenida que no alcanzó y una ciudad que, una vez más, demostró que sabe exactamente cómo recordarle al resto de Honduras por qué la llaman la Novia.

