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191 AÑOS DE HISTORIA, ESCUELA MODESTO CHACÓN

Cuando se fundó en 1835, las niñas tenían prohibido aprender a leer "para que no leyeran las cartas de los novios". Casi dos siglos después, la escuela que nació de esa exclusión sigue siendo el corazón educativo de la Ciudad Cívica

OLANCHITO, Yoro — Antes de que existiera un edificio, antes de que tuviera nombre, antes incluso de que las niñas de este pueblo tuvieran derecho a sentarse en un pupitre, ya existía la necesidad. Corría el año 1835 cuando los vecinos de Olanchito se reunieron con un propósito que hoy parece elemental pero que entonces era un privilegio reservado a unos pocos: educar a sus hijos.

Hasta ese momento, solo las familias pudientes podían costear tutores particulares. El resto del pueblo, la inmensa mayoría, no tenía dónde aprender a leer ni a escribir.

De esa asamblea nació la primera escuela de Olanchito. Y nació, como tantas instituciones de su época, marcada por una exclusión que hoy resulta difícil de comprender: sería escuela exclusivamente de varones.

Los padres de familia de la época sostenían, sin matices, que las niñas no debían aprender a leer “para que no leyeran las cartas de los novios”. La educación femenina tendría que esperar generaciones para encontrar su propio espacio institucional en el pueblo.

La escuela no tuvo edificio propio desde el primer día. Sus primeras clases se impartieron en lo que hoy conocemos como la Casa de la Cultura de Olanchito, un espacio prestado que durante décadas albergó generaciones de niños aprendiendo sus primeras letras.

Estudiantes de sexto grado de la Escuela Modesto Chacón posan en el patio del centro educativo en Olanchito, Yoro, en una fotografía que data aproximadamente de 1961.

No fue sino hasta finales de 1962 cuando la institución estrenó por fin una construcción propia, cerrando un ciclo de más de un siglo de itinerancia entre espacios cedidos por la comunidad.

El nombre con el que hoy se le conoce Escuela Modesto Chacón no fue el original. Fue el alcalde municipal de la época quien ordenó rebautizarla en honor al presbítero Modesto Chacón, durante la gestión del entonces director Francisco Murillo Soto, una de las figuras más influyentes en la historia educativa de Olanchito.

Quién fue Modesto Chacón: cura, médico e ingeniero empírico

El nombre que hoy lleva la escuela no pertenece a un simple sacerdote. Modesto Chacón, cuyo natalicio se conmemoró este martes 16 de junio, fue una figura multifacética poco común para su época: presbítero de profesión, pero también médico empírico e ingeniero autodidacta.

Su legado más perdurable en el municipio no está en las aulas, sino en la tierra misma. Chacón diseñó y construyó los sistemas de canales de riego conocidos como “acequias” que llevaron agua a las haciendas de las familias Sosa, Soto y Martínez Canales en la región, entre ellas la hacienda de Rosaura Sosa.

Presbítero Modesto Chacón, figura insigne de la historia de Olanchito, cuyo legado trascendió la fe para dejar huella en la educación, la medicina empírica y la ingeniería agrícola. Su nombre quedó inmortalizado en la escuela más emblemática del municipio, símbolo de casi dos siglos de formación

Esa infraestructura hidráulica, ideada sin formación académica formal, transformó la agricultura de varias generaciones de familias de Olanchito mucho antes de que su nombre adornara la fachada de una escuela.

Históricamente, el presbítero Chacón ya había dejado huella en la educación local décadas antes: en 1902, bajo la administración del alcalde Purificación Zelaya, fundó el colegio “Estrella del Norte”, el primer centro de educación secundaria del pueblo, aunque ese primer intento educativo cerró sus puertas apenas dos años después de abrir.

Murillo Soto: el primer director con título profesional

Si Modesto Chacón le dio nombre a la escuela, fue Francisco Murillo Soto quien le dio identidad pedagógica. Murillo Soto, nacido en 1893 y fallecido en 1988, fue el primer director de la institución en contar con un título profesional obtenido en una escuela formal de maestros, un gran paso en una época donde buena parte del magisterio hondureño se ejercía de forma empírica.

Se formó en la Escuela Normal de Varones bajo la dirección del recordado educador Pedro Nufio, convirtiéndose en uno de los primeros graduados profesionales de esa institución.

Hoy la escuela de varones tambien alberga a niñas de las colonias aledañas a la institución educativa.

Su huella trascendió las aulas de la Modesto Chacón. Fue precisamente como maestro de esta escuela donde concibió la idea de crear la “Semana Cívica” de Olanchito en 1935, una tradición que con el tiempo le valió a la ciudad el sobrenombre con el que se le conoce hasta hoy: la “Ciudad Cívica”.

Una generación de educadores con nombre propio

A lo largo de su historia, la dirección de la escuela ha pasado por las manos de educadores que el pueblo de Olanchito todavía recuerda: Renato Quezada, Joaquín Reyes Figueroa, Plutarco Meléndez, Norma Saravia, Mario Murillo, Bety Pineda, Lesbia Amaya y Leslie Cabrera completan la lista de quienes han custodiado el legado fundacional de 1835, cada uno aportando su propia huella a casi dos siglos de educación pública en el municipio.

Casi dos siglos después, la misma necesidad que la fundó

De aquella reunión de vecinos en 1835 que buscaba romper el monopolio educativo de las familias pudientes, a la escuela que hoy cumple 191 años de existencia ininterrumpida, la Modesto Chacón ha sido testigo de cada transformación social de Olanchito: la llegada de la educación femenina al municipio, la profesionalización del magisterio hondureño, el nacimiento de su identidad como “Ciudad Cívica” y la formación de figuras que después escribirían, narrarían y educarían al resto del Valle del Aguán.

La Casa de la Cultura de Olanchito, edificio que albergó las primeras aulas de la Escuela Modesto Chacón desde su fundación en 1835. Durante más de un siglo, este histórico inmueble fue el punto de partida de la educación pública en el municipio, formando generaciones enteras antes de que la institución tuviera sede propia en 1962.

La escuela que nació para excluir a las niñas terminó, con el paso de los siglos, convertida en patrimonio compartido de todo el pueblo. Esa es, quizás, la lección más profunda que dejan sus 191 años de historia.

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