TEGUCIGALPA, Honduras. — El padre Lucas Aguilera no llegó a la Catedral Metropolitana de Tegucigalpa solo como sacerdote. Llegó también como nieto.
Su abuelo, Máximo Aguilera, fue una de las 15 personas asesinadas hace 51 años en la Masacre de Los Horcones, uno de los episodios más sangrientos y menos recordados de la historia reciente de Honduras.
Este jueves, ante familiares de los mártires, dirigentes campesinos y miembros del Partido Demócrata Cristiano de Honduras, el padre Aguilera presidió la eucaristía conmemorativa del aniversario de esa tragedia, convirtiendo el acto en algo más que una misa: en un testimonio vivo de que la memoria también se hereda.
“Es importante contar con la presencia del sacerdote Lucas Aguilera, quien es nieto de uno de los mártires; eso realmente nos lleva a reflexionar sobre la memoria y el legado que dejaron”, señaló Felícito Ávila, dirigente de la Democracia Cristiana, al término de la ceremonia.
La Masacre de Los Horcones ocurrió en junio de 1975, en la hacienda del mismo nombre en el departamento de Olancho. Quince personas fueron asesinadas: diez campesinos que participaban en procesos de organización social y cinco religiosos de la Iglesia Católica que los acompañaban. Sus cuerpos fueron arrojados en un pozo en la propiedad.

El crimen ocurrió en el contexto de la represión contra el movimiento campesino hondureño que reclamaba tierra y dignidad, y se convirtió en símbolo de la violencia con la que sectores del poder respondieron a la organización popular en la Honduras de los años setenta. La masacre es recordada junto a la de Santa Clara como uno de los capítulos más oscuros de esa época.
Cinco décadas después, las heridas no han cerrado del todo. Pero la memoria, como demostró esta mañana la Catedral de Tegucigalpa, sigue viva.
En su homilía, el padre Lucas Aguilera reiteró el llamado a mantener vigente la búsqueda de justicia y dignidad, conectando el mensaje del Evangelio con la memoria de quienes murieron en Los Horcones. La doble condición del celebrante sacerdote y descendiente de víctima cargó cada palabra con un peso que los presentes percibieron en silencio.
El acto concluyó con una remembranza histórica a cargo del abogado Juan Ramón Martínez, dirigente de la Democracia Cristiana, quien llamó a preservar la memoria de los hechos como garantía de no repetición.

“Honrar a los mártires es también mantener viva la lucha por la justicia, la verdad y la dignidad humana”, fue el mensaje que quedó resonando al final de la ceremonia.
La conmemoración no se limitó a la capital. Felícito Ávila informó que este jueves se desarrollaron actividades similares en Juticalpa, en Lepaguare y en la propia hacienda Los Horcones, donde ocurrieron los hechos hace 51 años, lo que convirtió la jornada en un acto de memoria colectiva que abarcó distintos puntos del país.
Al término de la misa en Tegucigalpa, los miembros del Partido Demócrata Cristiano presentes en la actividad posaron en una fotografía conmemorativa junto a familiares y asistentes, cerrando un acto que, a diferencia de los discursos políticos habituales sobre el pasado, tuvo el peso de quienes todavía llevan la historia en la sangre.

