Olanchito, Yoro. — El departamento de Yoro es, según el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), el territorio hondureño donde más muertes múltiples se han registrado desde diciembre de 2022: 24 escenarios violentos que dejaron 84 víctimas mortales entre hombres, mujeres, niñas y niños.
El dato ubica a Yoro por encima de Francisco Morazán, Cortés y Olancho, y confirma una tendencia que el propio organismo describe como creciente.
De acuerdo con el informe divulgado esta semana, Honduras contabiliza 130 escenarios de muertes múltiples hechos con tres o más víctimas en 17 de los 18 departamentos del país durante los últimos 44 meses. Ante este panorama, el Conadeh calificó la situación como una ola de violencia que exige una investigación seria y exhortó a las autoridades de seguridad a fortalecer los mecanismos de prevención e investigación para evitar la impunidad.
El informe del Conadeh documenta con precisión la evolución del fenómeno en Yoro: dos casos ocurrieron en diciembre de 2022, cuatro en 2023, cinco en 2024, seis en 2025 y siete en lo que va de 2026, es decir, el año aún no concluye y ya superó la cifra completa del año anterior.
La tendencia se sostiene incluso al compararla con mediciones previas del mismo organismo: en marzo de este año, cuando el conteo llegaba a 40 meses, Yoro reportaba 20 casos y 69 víctimas; hoy, cuatro meses después, la cifra saltó a 24 casos y 84 víctimas.
La violencia no se distribuye de manera uniforme dentro del departamento. Según el desglose del Conadeh, El Progreso y Olanchito concentran el mayor número de hechos, con cinco casos cada uno, seguidos por El Negrito con cuatro, Victoria con tres, y Morazán, Sulaco y Yoro con dos cada uno, mientras Santa Rita registra un solo caso. Del total de víctimas, 68 fueron hombres, ocho mujeres, cuatro niñas y cuatro niños.

El hecho más reciente incluido en la estadística del Conadeh ocurrió apenas el martes 4 de agosto en la colonia Murillo Soto de Olanchito, donde hombres armados que se movilizaban en motocicletas llegaron hasta una vivienda y abrieron fuego contra sus ocupantes, dejando seis personas fallecidas dos en el lugar del ataque y cuatro más en el Hospital Aníbal Murillo Escobar. Las autoridades confirmaron que al menos tres de las víctimas pertenecían a un mismo núcleo familiar: hermanos, una nuera e hijos.
Las primeras líneas de investigación policial apuntan a que el ataque estaría relacionado con una disputa entre estructuras criminales que operan en la zona. El jefe de la Policía Nacional en Olanchito, comisario Herlan Vindel, confirmó el hecho y señaló que las diligencias continúan para esclarecer el móvil e identificar plenamente a los responsables.
El caso de Olanchito no es un hecho aislado dentro de la estadística nacional: según el conteo de medios que le dan seguimiento al fenómeno, en lo que va de 2026 Honduras ya contabiliza 22 masacres, una cifra que en los últimos meses ha crecido de manera sostenida.
En mayo pasado, el propio Conadeh había advertido que el país acumulaba 118 muertes múltiples en 42 meses, con Francisco Morazán, Yoro, Cortés, Olancho y Colón como los departamentos más golpeados. Tres meses después, Yoro no solo se mantiene en esa lista: la encabeza.
El Conadeh ha insistido en que la respuesta del Estado no puede limitarse a reaccionar después de cada hecho violento, sino que debe incluir mecanismos efectivos de prevención. Sin embargo, la cadena de masacres en Yoro y en particular la concentración de casos en Olanchito y El Progreso plantea una pregunta que el propio organismo de derechos humanos no respondió en su informe: por qué, pese a las repetidas advertencias públicas, la curva de violencia en el departamento sigue en ascenso año tras año.

