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Estatuas Vivientes sorprenden a La Ceiba: estudiantes convierten calles y espacios turísticos en escenarios de arte

Estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán llevaron una singular propuesta escénica al Paseo de los Ceibeños, el Muelle Fiscal y el Malecón Turístico Reinaldo Canales, demostrando que para contar una historia no siempre hacen falta palabras.

LA CEIBA, Atlántida.— Por algunos minutos, quienes caminaban por conocidos espacios públicos de La Ceiba tuvieron motivos para detenerse y mirar dos veces. Aquellas figuras inmóviles que parecían formar parte del paisaje comenzaron repentinamente a moverse: eran estudiantes convertidos en Estatuas Vivientes, llevando el teatro fuera de las aulas y directamente al encuentro de los ceibeños.

La iniciativa fue desarrollada por la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), a través de su Centro Universitario Regional de La Ceiba (CURCEI), con estudiantes de la asignatura Expresión Vocal y Corporal, bajo la dirección del magíster Odgar Mendoza Torres.

La actividad trasladó la formación artística universitaria hacia tres espacios emblemáticos de la ciudad: el Paseo de los Ceibeños, el Muelle Fiscal y el Malecón Turístico Reinaldo Canales, transformando lugares habitualmente destinados al tránsito, recreación y turismo en escenarios abiertos.

Sin grandes tarimas ni complejas escenografías, los estudiantes utilizaron su propio cuerpo como principal herramienta artística.

La quietud, los movimientos cuidadosamente ejecutados, el vestuario, la caracterización facial y la expresión corporal permitieron construir personajes capaces de despertar curiosidad y provocar la interacción de quienes transitaban por estos lugares.

La propuesta de las Estatuas Vivientes exige particularmente concentración, control corporal y capacidad interpretativa. El artista debe permanecer inmóvil durante determinados períodos y utilizar movimientos precisos para romper inesperadamente esa quietud y establecer una conexión con el espectador.

La experiencia también permitió que los conocimientos adquiridos dentro del aula fueran llevados a un entorno completamente distinto, donde los estudiantes debieron enfrentarse a un público espontáneo y a las condiciones propias de un espacio abierto.

Pero la actividad dejó además otra imagen para La Ceiba: la de una universidad que decidió sacar el arte de sus instalaciones y colocarlo frente al mar, sobre los paseos y en medio de la vida cotidiana.

Durante unas horas, el Muelle Fiscal dejó de ser únicamente un muelle, el malecón fue algo más que un sitio para caminar y el Paseo de los Ceibeños se convirtió en escenario.

Y entre personas que se detenían sorprendidas para observar aquellas figuras aparentemente inmóviles, los estudiantes dejaron una sencilla demostración: el arte también puede hablar cuando nadie pronuncia una sola palabra.

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