OLANCHITO, YORO.— Había una vez una niña de ocho años que recibió una corona sin imaginar que, nueve años después, la vida la conduciría de nuevo al mismo escenario. Aquella pequeña creció entre música, arte, libros y sueños; conoció también la pérdida y aprendió a transformar el dolor en servicio. Hoy se llama Solange, es la Reina Juvenil de las Fiestas Patrias de Olanchito y lleva sobre su cabeza una corona que representa mucho más que belleza: simboliza memoria, identidad y esperanza.
Su historia con la Semana Cívica comenzó en 2017, cuando fue elegida Reina Escolar de las Fiestas Patrias. Entonces contemplaba el mundo con la ilusión propia de la infancia y todavía no alcanzaba a comprender todo lo que significaba representar a su ciudad.
El tiempo pasó. La niña creció, cambió y descubrió nuevas formas de expresarse. Se enamoró del arte, la música, la escritura y el baile. Ahora regresa como una joven sensible, creativa y curiosa que entiende que los sueños adquieren verdadero valor cuando se convierten en acciones capaces de ayudar a los demás.
“Volver años después y recibir nuevamente una corona, ahora como Reina Juvenil, se siente casi como cerrar un círculo”, expresó. “Es muy bonito pensar que aquella niña que alguna vez estuvo en estas celebraciones ahora regresa como joven para representar nuevamente a su ciudad”.
Pero detrás de esta historia de princesa existe también un capítulo marcado por el dolor.
Durante cinco años, la familia de Solange acompañó la lucha contra el cáncer de su prima, Rosa Adilia Alvarado Salmerón. En ese difícil recorrido encontraron respaldo en la fundación contra el cáncer de Olanchito, institución que brindó acompañamiento durante la enfermedad.
Rosa Adilia falleció, pero su partida no puso fin a la historia. La familia decidió convertir la tristeza en amor, agradecimiento y servicio. Solange y sus familiares se incorporaron como voluntarias de la fundación, ayudando a visibilizar su trabajo y gestionando patrocinios económicos para que otras personas puedan recibir apoyo.
“Ese dolor de perderla lo convertimos en amor y agradecimiento. Decidimos ser voluntarias y trabajar para la fundación, dándole visibilidad y gestionando patrocinios. Mi prima Rosa Adilia es nuestra inspiración y quien hoy nos tiene aquí”, relató.
Por eso, cuando Solange participa en las actividades cívicas, no representa únicamente a una joven coronada. También lleva consigo la memoria de su prima y la causa de las familias que enfrentan el cáncer en Olanchito.


Al enterarse de que sería la Reina de las Fiestas Patrias, Solange sintió emoción, nervios y gratitud. Comprendió desde el principio que no estaba recibiendo solamente una corona, sino la responsabilidad de representar a su ciudad, sus tradiciones y su identidad.
Para ella, encarnar a la mujer de la ciudad civica significa proyectar carácter, alegría, fortaleza y amor por las raíces. Es representar a una mujer que puede ser elegante y firme al mismo tiempo; que honra el pasado, pero mantiene la mirada puesta en el futuro.
Esa responsabilidad adquiere una dimensión especial cuando observa a las niñas que se acercan para saludarla o contemplan con ilusión su corona. Solange sabe que, durante estos días, cada una de sus acciones puede convertirse en un mensaje.
“Quiero que las niñas y jóvenes entiendan que pueden soñar, ocupar espacios, expresarse, ser creativas y perseguir sus metas sin tener que dejar de ser ellas mismas”, afirmó. “Si alguna niña puede verme y pensar ‘yo también puedo’, entonces para mí ya habrá valido la pena”.


Los momentos que más atesora no son necesariamente los vividos sobre una tarima. Son los saludos, las sonrisas, las conversaciones breves y el cariño de quienes se acercan durante las actividades.
En esos encuentros sencillos, dice, la corona encuentra su verdadero sentido.
La Semana Cívica de Olanchito es una celebración que atraviesa generaciones. La recuerdan quienes participaron cuando eran jóvenes, las familias que durante décadas han acompañado sus actividades y los niños que hoy descubren por primera vez sus desfiles, su música y sus símbolos.
Para Solange, formar parte de esa historia es un privilegio. Su reinado será temporal, pero pertenece a una tradición que continuará después de que ella entregue la corona.
Las Fiestas Patrias, sostiene, no pueden reducirse a los desfiles, los actos protocolarios o las fotografías. Representan la oportunidad de recordar de dónde viene el pueblo de Olanchito, valorar su historia y comprender que el amor por la patria también se demuestra cuidando la cultura y trabajando por la comunidad.
“Las celebraciones son la parte visible, pero detrás de ellas existe una historia y un sentimiento de pertenencia mucho más profundo”, explicó.
En una época dominada por las redes sociales y las nuevas tendencias, Solange no considera que la modernidad sea enemiga de las tradiciones. Cree que los jóvenes pueden utilizar las herramientas digitales para contar su historia, compartir la música, mostrar las costumbres y acercar los símbolos nacionales a las nuevas generaciones.


Una tradición, afirma, se mantiene viva cuando deja de sentirse como una obligación y comienza a reconocerse como algo propio.
Pero Antes de la corona está Solange: una joven que sueña en grande, que disfruta crear y que encuentra en el arte una manera de decirle al mundo quién es.
También está la influencia de su madre, a quien reconoce como una figura fundamental en su vida. De ella aprendió la disciplina, la constancia y la determinación para enfrentar los desafíos.
“Ha sido una de las personas que más me ha impulsado. Me ha enseñado a trabajar por lo que quiero y me ha exigido dar lo mejor de mí”, recordó. “Detrás de esta corona también hay mucho de ella”.
Cuando se le pide describir a Olanchito en tres palabras, responde sin vacilar: tradición, alegría y orgullo.
Tradición por la historia que identifica a la ciudad; alegría por su manera de celebrar y compartir; y orgullo porque ser comejamo es una identidad que se lleva incluso cuando se está lejos.
Todo cuento de princesa tiene un momento en el que termina la ceremonia y la corona debe pasar a otras manos. Solange sabe que ese día llegará.


Cuando suceda, no quiere ser recordada solamente por sus vestidos o fotografías. Aspira a permanecer en la memoria como una reina cercana, respetuosa, alegre y comprometida; una joven que utilizó su posición para servir, inspirar y darle visibilidad a una causa profundamente humana.
“Una corona es temporal, pero lo que hacemos con ella puede permanecer”, expresó.
Y cuando escucha el Himno Nacional mientras observa ondear la bandera de Honduras, piensa en la historia, en los antepasados y en el camino que las nuevas generaciones están construyendo.
En ese instante, explica, la corona deja de ser un adorno. Representa a su familia, a su ciudad, a su prima Rosa Adilia y a las personas que todavía luchan contra el cáncer. También representa la oportunidad de devolverle a Olanchito una parte de todo lo que sus tradiciones le han dado.
Quizá por eso esta no es solamente la historia de una niña que creció y recuperó su corona. Es la historia de una joven que comprendió que las verdaderas princesas no se distinguen por el brillo que llevan sobre la cabeza, sino por la esperanza que son capaces de encender en los demás.
Su mensaje para Olanchito resume el propósito de su reinado:
“Celebremos no solamente porque septiembre llegó, sino porque tenemos una historia que merece ser recordada y una identidad que merece ser cuidada. Que nunca perdamos el orgullo de ser comejamos y hondureños, y que enseñemos a las nuevas generaciones a amar esta tierra, no solamente durante las fiestas, sino durante todo el año”.

