YORO, Honduras.— La Secretaría de Seguridad confirmó la captura de un segundo implicado en el secuestro y asesinato del pastor y cafetalero Óscar Núñez, ocurrido el pasado 20 de abril en el municipio de Yorito, departamento de Yoro. El nuevo detenido fue identificado como Carlos Daniel Palma Murillo, de 21 años, alias “Calolo”, capturado en el caserío El Calichón, municipio de Marale, Francisco Morazán, luego de oponer resistencia durante un patrullaje policial.
El ministro de Seguridad, Gerzon Velásquez, advirtió que en las próximas horas podrían concretarse más capturas vinculadas al caso, y que los cuerpos de seguridad del Estado mantienen intervenidos los municipios de Sulaco, Yorito, Victoria en Yoro, el norte de Francisco Morazán y el este de Comayagua.
La tragedia comenzó el lunes 20 de abril, cuando un grupo de hombres interceptó y secuestró al pastor Óscar Núñez, de 57 años, mientras se conducía en su vehículo Toyota Hilux hacia una de sus propiedades en el sector de Mina Honda, en Yorito.
Los secuestradores contactaron a la familia y exigieron cinco millones de lempiras a cambio de su liberación, por lo que los parientes lograron reunir y entregar medio millón de lempiras. Sin embargo, el pago no evitó el desenlace fatal. Los criminales, al verse acorralados por acciones policiales, le quitaron la vida a balazos esa misma noche.
Las autoridades manejan la hipótesis de que la víctima pudo haber reconocido a algunos de sus captores, lo que habría influido en la decisión de asesinarlo para evitar ser delatados. Su cuerpo fue encontrado el 23 de abril en la aldea Agua Blanca, sector Ojo de Agua, en San José del Potrero, Comayagua.

El primero en caer fue Eduin Eraldo Palma Banegas, de 29 años, alias “Puñal”, detenido la noche del 26 de abril en Marale, Francisco Morazán. Según las autoridades, habría participado en la recepción del dinero de rescate que superó el millón de lempiras.
Durante su captura, los agentes le decomisaron un arma de fuego y tres teléfonos celulares, los cuales fueron enviados a laboratorios para análisis forense. Alias “Puñal” negó cualquier vínculo con el crimen ante las autoridades.
La Fiscalía Especial Contra el Crimen Organizado (FESCCO), a través de su Sección Contra el Delito de Secuestro, obtuvo su detención judicial por los delitos de secuestro agravado y porte ilegal de arma de fuego, con audiencia inicial fijada para el 30 de abril.
El segundo capturado, alias “Calolo”, se opuso a un registro policial durante un patrullaje rutinario. Al momento de su captura portaba una mini Uzi con cargador completo, escondida bajo un suéter negro. Paradójicamente, este mismo individuo había sido detenido el 11 de abril en Sulaco en poder de un fusil y alijos de marihuana, pero fue dejado en libertad en audiencia inicial por razones que la propia Policía no logró explicar.
El Cártel del Diablo es una estructura criminal dedicada al narcotráfico, extorsión, homicidios y sicariato, con fuerte presencia en distintos municipios de Yoro. Según una investigación periodística, el verdadero cabecilla de la organización sería Yonatan Estrada, un individuo con antecedentes en estructuras criminales vinculadas al narcotráfico en México.
Sin embargo, el rostro más visible del grupo ha sido Esteban Gumercindo Ferrera Rodas, alias “El Diablo”, quien ha aparecido en videos difundidos en redes sociales y es considerado el segundo al mando.
Las autoridades ofrecen una recompensa de 300,000 lempiras a quien brinde información que facilite la captura de Ferrera Rodas, quien fue incluido en la lista oficial de los más buscados de Honduras. Los reportes policiales indican que cumplió una condena en la cárcel de Yoro por delitos relacionados con drogas, y durante ese tiempo protagonizó una fuga del penal antes de ser recapturado.
La organización se caracteriza por operar con grupos reducidos, fuertemente armados, con presencia localizada y una clara estrategia de resguardo en zonas montañosas, combinando geografía, control territorial y silencio comunitario para garantizar su expansión.

Las investigaciones han revelado que el Cártel del Diablo tenía bajo su control los municipios de Yorito, Sulaco y Victoria, en el departamento de Yoro, operando con métodos brutales que incluyen desmembramientos públicos para generar terror y sometimiento entre los habitantes. Analistas sostienen que la aparente lealtad de la población hacia estos grupos no es voluntaria, sino producto del miedo, la precariedad y la falta de oportunidades.
A esta estructura se le atribuye la masacre de cinco hombres registrada el 13 de marzo de 2026 en la aldea El Espino, en Sulaco, producto de disputas territoriales entre bandas criminales por el control de rutas de distribución de drogas.
El ministro Velásquez confirmó que la mayoría de los escenarios de homicidios múltiples en la región se relacionan con el pleito de territorios para la venta de drogas, no con víctimas civiles ajenas al conflicto — aunque el caso del pastor Núñez, un ciudadano sin vínculos criminales conocidos, desmiente esa narrativa tranquilizadora.
Equipos multidisciplinarios de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), unidades de la Dirección de Fuerzas Especiales y de la Dirección de Policía de Fronteras se sumaron a la Unidad Antisecuestros para localizar y capturar a los responsables. Operativos de allanamiento en aldeas como El Carrizal de Sulaco permitieron decomisar uniformes militares, prendas con insignias del Cártel del Diablo y teléfonos celulares usados como evidencia forense.
Sin embargo, el caso de alias “Calolo” — capturado con un fusil en abril, liberado por un juzgado y recapturado días después con una mini Uzi — plantea una pregunta incómoda sobre la cadena completa del sistema de justicia: atrapar no es suficiente si el sistema judicial devuelve a los captores antes de que el caso avance.

