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LIGA NACIONAL ELIGE A UN EQUIPO DEL CENTRO Y DEJA FUERA AL VICTORIA DE CARLOS ESPINA, AL VIDA Y AL REAL SOCIEDAD DE TOCOA

Atlántida, Colón y Yoro —las cunas de mayor exportación de futbolistas del país— siguen sin un representante propio en la máxima categoría, mientras la dirigencia liguera se decanta por Independiente de Siguatepeque para ocupar el cupo 12

SAN PEDRO SULA, Honduras — Pasó lo que buena parte del fútbol hondureño ya veía venir. Los dueños de los clubes de la Liga Nacional jamás iban a invitar al Victoria de La Ceiba en las condiciones en que el cuadro ceibeño pretendía hacerlo, y la dirigencia terminó decantándose por una opción que consolida, una vez más, el dominio absoluto de la zona centro del país sobre el balompié de primera división.

A través de un comunicado oficial emitido tras la Asamblea Ordinaria celebrada este día en San Pedro Sula, los clubes de la Liga Nacional aprobaron por unanimidad que la temporada 2026-2027 se dispute con 12 equipos en la máxima categoría, ampliando el torneo de 11 a 12 clubes participantes.

La decisión, que en el papel representa un crecimiento histórico del fútbol nacional, dejó en evidencia algo que la afición de la Costa Norte lleva años señalando: cuando llega el momento de repartir oportunidades, los pueblos del litoral atlántico vuelven a quedar al margen.

Entre los principales candidatos para ocupar la duodécima plaza apareció Atlético Independiente de Siguatepeque, una de las instituciones más competitivas de la Liga de Ascenso durante las últimas temporadas, con sede en el departamento de Comayagua, en pleno corazón de la zona centro del país.

El conjunto comayagüense ha disputado fases finales de manera constante y cuenta con una base sólida tanto en lo deportivo como en lo administrativo, argumentos que sus directivos esgrimen como la razón de su elección.

Solvencia administrativa, dicen. Pero para buena parte de los seguidores del fútbol de Atlántida, Colón y Yoro, la verdadera razón tiene menos que ver con números en una hoja de balance y más con la incomodidad que representa lo desconocido: un proyecto disruptivo, mediático y con un dueño que ya empezó a romper las reglas no escritas del fútbol hondureño.

El Victoria de La Ceiba descendió a la Liga de Ascenso tras una temporada marcada por deudas millonarias con jugadores, exjugadores y proveedores, que obligaron al club a suspender entrenamientos por falta de pagos y terminaron precipitando su caída a Segunda División. La historia, sin embargo, dio un giro inesperado cuando un nombre ajeno al fútbol tradicional decidió intervenir.

El creador de contenido uruguayo-estadounidense Carlos Eduardo Espina se convirtió formalmente en accionista y codueño del Club Deportivo Victoria, en un acuerdo que se selló con firmas legales en territorio estadounidense, con el objetivo declarado de inyectar capital, solidez administrativa, infraestructura moderna y una nueva visión comercial para rescatar a la institución.

El proyecto, según fuentes cercanas al entorno del club, apunta a replicar el modelo de clubes formadores que ha hecho exitoso a Independiente del Valle de Ecuador, apostando con fuerza por el desarrollo de futbolistas jóvenes en sus fuerzas básicas y a eso le tienen miedo quienes manipulan el fracasado fútbol hondureño.

El nuevo propietario no se quedó en las palabras. Espina anunció una medida que rompe con la norma histórica del fútbol hondureño: la institución pagará los 12 meses de salario del año a todos sus futbolistas, cuando la inmensa mayoría de los clubes del país únicamente cancela sueldos durante los meses en que se disputan los torneos. “No solo porque estés en pretemporada quiere decir que tu familia deja de comer”, declaró el empresario al justificar la medida.

Como parte del proceso de saneamiento, la nueva directiva pagó los salarios atrasados de los jugadores para ser habilitados nuevamente por la FIFA, y presentó formalmente ante la Liga Nacional una propuesta para ocupar la plaza 12 que se habilitaría para la próxima temporada. El propio presidente de la Liga Nacional, Jorge Herrera, confirmó que la deuda del club fue saldada, pero reveló que existe un obstáculo legal que frena su regreso inmediato al máximo circuito.

Saldó la deuda. Pagó lo atrasado. Prometió un modelo administrativo que ningún otro club del país ofrece. Y aun así, no fue suficiente.

¿Será cierto que a los grandes como Olimpia y Motagua no les gusta venir hasta estos pueblos? La pregunta, que muchos aficionados de la Costa Norte se hacen en privado, encuentra en este episodio un argumento difícil de rebatir con cifras. Independiente de Siguatepeque está ubicado en Comayagua, departamento de la zona centro, a poco más de dos horas de Tegucigalpa. El Victoria, El Bida o el Real Sociedad, en cambio, hubieran obligado a las caravanas de Olimpia, Motagua, Real España y compañía a viajar hasta el litoral atlántico o el valle del Aguán a estadios y carreteras que la dirigencia capitalina ha evitado sistemáticamente durante años.

La consecuencia es una distorsión geográfica que cualquier aficionado de Tela, Trujillo, Tocoa o este mismo Olanchito conoce de memoria: los departamentos de Atlántida, Colón y Yoro figuran, año tras año, entre los principales semilleros de futbolistas que nutren tanto a la selección nacional como al mercado de exportación hondureño hacia ligas de Estados Unidos, México y Europa. Y sin embargo, ninguno de los tres departamentos cuenta hoy con un representante propio en la Liga Nacional de Honduras.

Los aficionados de la Costa Norte seguirán pagando sus paquetes de televisión por cable para ver, desde sus casas, partidos de una liga que rara vez los visita y que, cuando tuvo la oportunidad histórica de corregir esa ausencia, prefirió una vez más quedarse cerca de casa.

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