HONDURAS.— Cuando numerosas comunidades ya enfrentan los efectos de la sequía, las altas temperaturas y la disminución del agua disponible, el especialista en hidrología y cambio climático Wilmer Reyes advierte que el escenario podría deteriorarse todavía más durante los próximos meses.
“Lo peor todavía está por venir. El Niño está intensificándose”, señaló Reyes al analizar la evolución del fenómeno y sus posibles consecuencias.
De acuerdo con el experto, los picos podrían presentarse entre noviembre y diciembre, pero eso no significaría que sus efectos terminarán con el año. Incluso después de que disminuyan las temperaturas, las consecuencias acumuladas podrían extenderse hasta abril.
La advertencia adquiere especial relevancia en momentos en que diferentes zonas productivas ya reportan problemas asociados con la falta de lluvia, mientras comunidades rurales dependen directamente de las condiciones climáticas para producir alimentos y mantener sus actividades agrícolas y ganaderas.
“Podemos encontrarnos con el fenómeno más potente de la historia”
Reyes planteó un escenario todavía más preocupante al referirse a las probabilidades que, según explicó durante la entrevista, existen sobre la intensidad que podría alcanzar el evento.
“Ahorita, al día de hoy, hay un 64% de probabilidad de que será el fenómeno más potente jamás visto desde que nosotros tenemos registros de estos eventos”, afirmó.
Ante esa posibilidad, insistió en que “es de tomarlo de manera seria”, especialmente en un país vulnerable a los extremos climáticos y donde las consecuencias de una sequía prolongada pueden trasladarse rápidamente desde los campos hasta la economía familiar.

El problema, explicó, no sería únicamente soportar meses de temperaturas elevadas. Una reducción prolongada de las precipitaciones puede afectar cosechas, disponibilidad de pastos, producción ganadera, reservas de agua y, finalmente, disponibilidad y precio de los alimentos.
Honduras ya conoce los efectos de El Niño
Reyes recordó que Honduras ha experimentado anteriormente los efectos asociados a anomalías de temperatura en el Pacífico ecuatorial.
El especialista mencionó particularmente 2015 y 2023 como años en los que el país recibió fuertes impactos.
Según explicó, con anomalías cercanas a 1.5 grados en la temperatura del océano Pacífico ecuatorial, Honduras ya ha experimentado consecuencias importantes.
“Con 1.5 es donde nos ha golpeado mucho más a nosotros. Nos golpeó en 2015, nos golpeó en 2023; ahora imagínese usted una magnitud de esta naturaleza”, advirtió.
Para Reyes, esa experiencia previa debería servir como referencia para dimensionar el riesgo y comenzar a prepararse antes de que el fenómeno alcance sus posibles máximos.
De una sequía a una crisis humana
La preocupación trasciende el comportamiento del clima.
Una sequía prolongada puede convertirse progresivamente en una crisis productiva, alimentaria y humana, particularmente para las poblaciones rurales cuya economía depende directamente de la agricultura y la ganadería.
Menos lluvia significa menor disponibilidad de agua para cultivos y animales. Menos producción puede significar menores ingresos para las familias y, eventualmente, mayor presión sobre los precios de determinados alimentos.
Por eso, cuando se le preguntó si la crisis podría acrecentarse, Reyes respondió sin titubeos:
“Por supuesto, por supuesto”.
La advertencia llega cuando en diferentes regiones de Honduras los efectos de la falta de lluvia ya forman parte de la conversación diaria de agricultores y ganaderos.
Y si las proyecciones descritas por Reyes terminan materializándose, el problema ya no será únicamente cuánto calor puede soportar Honduras, sino cuánto tiempo podrán resistir sus fuentes de agua, sus cultivos, su ganado y las familias que dependen de ellos.
Porque, según la advertencia del especialista, el momento más difícil podría no ser el que Honduras está viviendo ahora: podría estar todavía por llegar.

