VALLE DEL AGUÁN, Honduras. – El Valle del Aguán amaneció esta semana con una novedad en sus carreteras: las autoridades de tránsito ya utilizan radares de velocidad en el tramo entre Sabá y Olanchito, en un operativo que entró en funcionamiento en los últimos días y que marca el inicio de una estrategia de control vial en una de las zonas con mayor accidentes del norte de Honduras.
La medida, confirmada por fuentes oficiales, responde directamente al alarmante número de siniestros que se registran en esa ruta, donde los choques entre motociclistas y vehículos de mayor tamaño se han convertido en una tragedia cotidiana para las comunidades del corredor Colón-Yoro.
Los radares entre los operativos entre Sabá y Olanchito representan uno de los primeros despliegues de tecnología de foto-radar en una carretera regional del país, y anticipan lo que la Dirección Nacional de Vialidad y Transporte —DNVT ha anunciado como una política de multas para puntos estratégicos de alta demanda de accidentes.
Para los conductores de esa ruta, el mensaje es claro: la impunidad al volante en ese tramo tiene los días contados.
La Ley de Tránsito de Honduras, contenida en el Decreto Legislativo 205-2005 y publicada en La Gaceta el 3 de enero de 2006, establece en su artículo 68 los límites máximos de velocidad según el tipo de vía. Superarlos no es solo una infracción: es la causa más frecuente de muerte en las carreteras del país.


El artículo 98 de la Ley de Tránsito clasifica el exceso de velocidad como falta grave la categoría más seria del escalafón de infracciones viales, junto con conducir sin licencia, circular en sentido contrario o irrespetar señales de alto.

Tras recibir la esquela de infracción, el conductor tiene 72 horas para cancelar la multa en un banco autorizado. Si la infracción implicó decomiso de licencia, además del pago el conductor deberá esperar seis meses antes de recuperarla. La DNVT trabaja en la implementación de videomultas y cámaras de foto-radar en puntos estratégicos — proceso del que el corredor Sabá-Olanchito ya forma parte.
“La causa principal es el no cumplimiento a la norma. Si todos los conductores cumplieran la norma, no tendríamos tantas personas que fallecen.”
Los datos oficiales de la DNVT no dejan margen a la duda: 2025 cerró con 1,894 personas fallecidas en accidentes de tránsito — siete más que en 2024 — con un promedio de cinco muertes diarias. Los accidentes totales también aumentaron, de 17,451 en 2024 a 18,013 en 2025. En lo que va de 2026, la tendencia no da señales de revertirse: al primer trimestre ya se registraban 219 fallecidos.
Los accidentes de tránsito son en Honduras la segunda causa de muerte violenta, superados únicamente por los homicidios. La imprudencia al volante, el exceso de velocidad, el consumo de alcohol y el uso del celular conduciendo son las causas principales identificadas por la DNVT.
El grupo más vulnerable son los motociclistas jóvenes. Autoridades de Tránsito revelaron que el 70% de los siniestros involucra conductores de motocicleta, y que en el 40% de esos casos fallecen ellos o sus acompañantes. El 42% de las víctimas mortales del primer semestre de 2025 eran conductores de moto, seguidos por peatones con el 24.6%. Es precisamente ese perfil el motociclista joven en carretera interurbana el que domina la estadística de muerte en el tramo Sabá-Olanchito, y el que las autoridades buscan frenar con los nuevos operativos.
El Plan Mundial para el Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021-2030 de la ONU promueve reducir en al menos 50% las muertes por tránsito e impulsa límites de 30 km/h en zonas urbanas. Honduras sigue con el límite de 40 km/h en cascos urbanos, por encima de lo recomendado internacionalmente.
A nivel mundial, los accidentes de tránsito son la décima causa de mortalidad según la OMS, pero en Honduras escalan al segundo lugar entre las causas de muerte violenta. Entre 2010 y 2022, cerca de 18,300 personas perdieron la vida en carreteras hondureñas, según el Comisionado Nacional de Derechos Humanos.
Los radares entre Sabá y Olanchito no van a resolver solos una crisis de medio siglo. Pero en un país que promedia cinco muertos diarios en sus carreteras, instalar tecnología en el lugar correcto es, al menos, una señal de que alguien está mirando la carretera.

