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El bosque que alimenta a Sabá y Olanchito se está muriendo: autoridades alertan crisis de agua en cinco años

Lo que encontraron las autoridades fue un paisaje alarmante: áreas completas de bosque convertidas en potreros, carreteras abiertas ilegalmente entre cerros, tala indiscriminada y terrenos desmontados para expansión agrícola y ganadera.

SABÁ, Colón — Si el ritmo de deforestación continúa en la parte alta del río Monga, las comunidades de Sabá y Lomitas del Este, en Olanchito, podrían enfrentar una crisis severa de agua potable en menos de cinco años. La advertencia no es una predicción apocalíptica ni una exageración ambientalista: es la conclusión que dejaron las inspecciones realizadas este martes en la zona núcleo del Parque Nacional Botaderos, uno de los pulmones hídricos más importantes del Valle del Aguán.

Lo que encontraron las autoridades fue un paisaje alarmante: áreas completas de bosque convertidas en potreros, carreteras abiertas ilegalmente entre cerros, tala indiscriminada y terrenos desmontados para expansión agrícola y ganadera.

El daño, según técnicos del Instituto de Conservación Forestal (ICF), no es aislado. Es progresivo, constante y amenaza directamente la capacidad de captación de agua que alimenta el río Monga, fuente vital para cientos de familias de ambos municipios.

Durante la inspección participaron equipos del ICF, efectivos de las Fuerzas Armadas de Honduras, personal de las Unidades Municipales Ambientales (UMA) de Sabá y Olanchito, así como líderes comunitarios que acompañaron el recorrido por sectores como Pajuiles, una de las zonas más golpeadas por la expansión de actividades humanas dentro de áreas protegidas.

Las imágenes recogidas durante la jornada muestran una realidad brutal: laderas enteras donde hace pocos meses existía bosque denso hoy aparecen desnudas, con troncos derribados, suelo removido y caminos improvisados que facilitan la entrada de maquinaria, ganado y extracción de madera.

La preocupación principal no es únicamente ecológica. Es hídrica.

Los especialistas advierten que la pérdida de cobertura forestal en la zona alta del río reduce la capacidad natural del suelo para infiltrar agua, altera los ciclos de recarga de las microcuencas y acelera la erosión. El resultado es una disminución progresiva del caudal, especialmente en época seca.

Y eso tiene consecuencias directas.
Sabá depende de este sistema para su abastecimiento de agua potable. Lomitas del Este, del lado de Yoro, también. Si la degradación sigue avanzando, ambas zonas podrían enfrentar racionamientos severos, colapso en sus sistemas de captación y costos más altos para garantizar el acceso al recurso.

Las autoridades anunciaron que comenzarán a citar a propietarios y responsables de actividades ilegales detectadas en la zona para deducir responsabilidades administrativas y legales.

Sin embargo, líderes ambientales consultados advierten que las sanciones por sí solas podrían no ser suficientes.

El problema, dicen, es estructural: décadas de expansión ganadera sin planificación, ocupación irregular de zonas protegidas y ausencia histórica de vigilancia efectiva han convertido áreas de amortiguamiento en zonas de explotación permanente.

El río Monga no solo divide geográficamente a Colón y Yoro. También es parte del futuro de ambas regiones.
Y ese futuro, hoy, parece depender de una decisión urgente: frenar la destrucción antes de que el agua deje de bajar de la montaña.

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