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Honduras un recorrido por su patrimonio prehispánico

Copán sigue siendo la joya más estudiada, pero el país guarda vestigios de al menos siete culturas indígenas dispersos en casi todos sus departamentos, desde cuevas funerarias en Olancho hasta una ciudad perdida en la selva de La Mosquitia

HONDURAS, – Honduras es, según estimaciones del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH), uno de los territorios con mayor densidad de vestigios prehispánicos sin explorar de Centroamérica. De un cálculo de más de 140,000 lugares de interés arqueológico distribuidos en los 112,000 kilómetros cuadrados del país, apenas cerca de 2,000 están formalmente registrados, es decir, con ubicación exacta documentada, mientras que el 80% del territorio nacional permanece sin estudio sistemático.

La cifra no es un dato menor para un país cuya identidad cultural se construyó sobre la herencia de al menos siete pueblos indígenas: lencas, chortís, mayas, chorotegas, pech, tolupanes y tawahkas, cuya presencia se remonta a más de 12,000 años, de acuerdo con los registros del IHAH, el organismo estatal encargado de la investigación, protección y catalogación del patrimonio arqueológico hondureño.

Este reportaje reúne los sitios arqueológicos más documentados del país, organizados por la región donde se concentran: el occidente maya, el valle de Sula, la región central, el oriente y la vasta y todavía enigmática Mosquitia.

Occidente: el corazón de la civilización maya en Honduras

La mayor concentración de vestigios de la civilización maya en territorio hondureño se ubica en el departamento de Copán, frontera con Guatemala, donde los estudios arqueológicos llevan más de un siglo de desarrollo.

Parque Arqueológico Ruinas de Copán. Es el sitio más conocido, estudiado y reconstruido del país. Fungió como centro político y ceremonial de la ciudad-estado de Copán, capital que llegó a tener unos 21,000 habitantes entre los siglos V y IX de nuestra era y que regía la frontera sur de la civilización maya.

La Estela M, ubicada al pie de la Escalinata Jeroglífica del Templo 26 en el Parque Arqueológico Ruinas de Copán, fue dedicada el 12 de abril del año 756 d.C. por K’ahk’ Yipyaj Chan K’awiil, decimoquinto gobernante de la dinastía copaneca. El monumento representa al gobernante portando una barra ceremonial de la que emerge K’awiil, deidad maya asociada al trueno y al poder real, en un ritual de invocación a los ancestros.

La Escalinata Jeroglífica, uno de sus monumentos más emblemáticos, está asociada a acontecimientos y creencias mayas y constituye una obra artística de valor universal.

El conjunto ruinas, ríos y afluentes del valle de Copán fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1980, distinción que ningún otro sitio hondureño ha alcanzado hasta la fecha.

Las Sepulturas y Los Sapos. Forman parte del complejo de Copán, aunque están ubicados fuera del grupo monumental principal, con el que se conectan mediante senderos. En Las Sepulturas se han hallado grandes cantidades de tiestos cerámicos y algunas vasijas completas.

Río Amarillo. Otro parque arqueológico dentro del valle de Copán, vinculado al mismo sistema político-religioso de la capital maya.

Parque Arqueológico El Puente, Se localiza al norte del Valle de Florida, municipio de La Jigua, departamento de Copán, a unos 6 kms. del desvío sobre la carretera que une La Entrada con Copán Ruinas, este sitio arqueológico alcanza una superficie de 2 km².

Parque Arqueológico El Puente. Ubicado al norte del valle de Florida, en el municipio de La Jigua, este sitio controlaba las rutas comerciales que confluían hacia la región de Copán, lo que sugiere su rol como centro secundario de intercambio dentro de la red maya de la zona.

Rastrojón. Sitio satélite del sistema de Copán, situado a poca distancia del parque arqueológico principal; se estima que fue fundado hacia mediados del siglo VI, durante el periodo Clásico Temprano de la cronología maya. Ahí se han restaurado 220 montículos tras varios años de investigación, aunque continúa siendo uno de los menos visitados de la región pese a su cercanía con Copán Ruinas.

Valle de Sula: la cerámica polícroma y las grandes aldeas del Formativo

El segundo eje de concentración arqueológica del país es el valle de Sula, en el departamento de Cortés, una región que según los registros del IHAH funcionó como punto de confluencia entre los valles de Copán, Comayagua y Santa Bárbara desde tiempos prehistóricos.

Parque Arqueológico Los Naranjos. Situado en la ribera norte del lago de Yojoa, es uno de los sitios más antiguos y monumentales del país: su ocupación se remonta al año 800 antes de Cristo, lo que lo hace preceder a Copán por varios siglos. Fue descubierto por la investigadora Doris Stone en 1934 y declarado oficialmente parque arqueológico el 7 de diciembre de 2001. Su Grupo Principal está integrado por siete grandes montículos, el más alto de aproximadamente 20 metros, con una arquitectura de clara influencia olmeca y maya.

Uno de los montículos escalonados del Parque Arqueológico Los Naranjos, en la ribera norte del lago de Yojoa, sector centro-occidental de Honduras. El sitio, considerado uno de los más antiguos y monumentales del país con más de 2,500 años de historia, se ubica dentro de un área natural protegida por su alta biodiversidad, con más de 800 especies de plantas y 407 especies de aves registradas.

Los arqueólogos lo asocian a la cultura proto-lenca y lo ubican como uno de los centros emergentes del periodo Formativo en la periferia sudeste de Mesoamérica, junto con Yarumela y Chalchuapa, en El Salvador.

Puerto Escondido. Localizado en el valle inferior del río Ulúa, es considerado por los arqueólogos uno de los asentamientos más tempranos con cerámica del país, con ocupación que se remonta a cerca del año 1600 antes de Cristo.

Currusté. Uno de los cinco parques arqueológicos oficiales de Honduras, ubicado en las cercanías de San Pedro Sula, dentro del sistema de asentamientos del valle de Sula.

La Sierra. Zona arqueológica del valle de Naco, en el occidente de Cortés, vinculada al mismo corredor comercial que conectaba el valle de Sula con el altiplano occidental.

Playa de los Muertos. Sitio identificado en el valle inferior del río Ulúa, reconocido por los arqueólogos como uno de los asentamientos formativos más tempranos de la región, con hallazgos que incluyen concentraciones de cerámica y evidencia de ocupación continua.

Región central: Yarumela y las cuevas funerarias de Olancho

Vista aérea del montículo escalonado principal del sitio arqueológico de Yarumela, también conocido como El Chircal, en el departamento de La Paz. Con más de 3,000 años de historia, es considerado uno de los asentamientos más antiguos y complejos del corredor mesoamericano en Honduras, anterior incluso al esplendor de Copán, y estudios de arqueoastronomía han documentado alineaciones precisas de sus estructuras con el sol durante solsticios y equinoccios

Yarumela. Localizado en el valle de Comayagua, es junto con Los Naranjos uno de los dos grandes centros del periodo Formativo mesoamericano en Honduras. Las investigaciones documentan edificios públicos de tamaño monumental que alcanzan los 20 metros de altura, comparables en escala a los de Copán, aunque de una cronología considerablemente más temprana.

Cueva del Gigante. Situada en la aldea La Estanzuela, municipio de Marcala, departamento de La Paz, es de acuerdo con los arqueólogos que la investigaron el sitio con evidencia más antigua de ocupación humana en Honduras y, probablemente, en toda Centroamérica: los restos hallados datan de cerca de 9,480 años antes de Cristo, según la datación realizada por los investigadores estadounidenses George Hasemann y Timothy Scheffler.

Cuevas de Talgua. Ubicadas en el cauce del río Talgua, municipio de Catacamas, departamento de Olancho, forman parte del Parque Eco-Arqueológico del mismo nombre, uno de los cinco parques oficiales del país. Su hallazgo más relevante es el llamado túnel de la cámara ritual, un complejo de tres pasadizos superpuestos donde se localizaron 23 depósitos de restos óseos humanos, al menos 20 de ellos con múltiples individuos. La ocupación del sitio se estima alrededor del año 1000 antes de Cristo.

Costa norte y oriente: Cuyamel y el corredor comercial del Caribe

Cuevas de Cuyamel. Ubicadas en Trujillo, departamento de Colón, forman parte del registro de sitios costeros vinculados a las rutas de intercambio del litoral atlántico hondureño.

Palo Blanco. Sitio arqueológico documentado en la zona sur del país, una de las regiones junto con La Mosquitia que los especialistas identifican como menos exploradas arqueológicamente.

La Mosquitia: más de 200 sitios y la leyenda de la Ciudad Blanca

Ninguna región concentra tanto misterio arqueológico como La Mosquitia hondureña, la vasta selva del departamento de Gracias a Dios que durante casi un siglo alimentó la leyenda de la Ciudad Blanca o Ciudad Perdida del Dios Mono.

Según el registro histórico documentado en fuentes académicas, la búsqueda formal se remonta a 1976, cuando el investigador David Zink y el arqueólogo Edwin M. Shook filmaron una expedición en la zona, y continuó en 1998 con un equipo que afirmó haber localizado el sitio mediante radar de apertura sintética (SAR).

El hallazgo que finalmente confirmó la existencia de asentamientos monumentales llegó en mayo de 2012, cuando un sobrevuelo con tecnología LIDAR financiado con apoyo de la Universidad de Houston y el cineasta Steve Elkins detectó, bajo el follaje de un valle remoto, estructuras artificiales que se extendían por más de un kilómetro y medio.

El hallazgo fue confirmado oficialmente por el IHAH en 2014. Su entonces gerente, Virgilio Paredes, explicó en su momento que la extensión de esas ruinas superaba a la del parque arqueológico de Copán, con edificaciones que ocupan un área aproximada de cinco kilómetros cuadrados dentro de bosque primario. Una expedición terrestre posterior, en 2015, con participación de National Geographic, permitió a los arqueólogos trazar el mapa de extensas plazas, terraplenes, montículos y una pirámide de tierra correspondientes a una cultura que floreció, según los científicos, entre los años 1000 y 1400 después de Cristo y que hasta la fecha no ha recibido una denominación formal, dado lo poco que se conoce de ella.

El Rostrojon, La ubicación del sitio, en altura, con fuentes naturales de agua y vistas dominantes, refuerza su valor como bastión defensivo y centro de comunicaciones durante el reinado del doceavo gobernante de Copán (628–695 d.C.).

El sitio más estudiado dentro de ese hallazgo es el conocido como Ciudad del Jaguar o “sitio 955”, donde los arqueólogos han identificado altares, una pirámide de tierra central y una clara diferenciación social reflejada en el tamaño y ubicación de las estructuras. Para su protección se constituyó la Fundación Kaha Kamasa, integrada por el IHAH, el Instituto Hondureño de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Instituto de Conservación Forestal, entre otras organizaciones.

Más allá de este hallazgo puntual, los registros académicos documentan que más de 200 sitios arqueológicos han sido identificados y catalogados en distintas zonas de La Mosquitia a lo largo del último siglo, tanto por investigadores profesionales como por exploradores aficionados, lo que confirma que la región alberga uno de los patrones de asentamiento prehispánico menos comprendidos de Centroamérica.

Un patrimonio pendiente de proteger

El contraste entre la magnitud del patrimonio arqueológico hondureño y la capacidad institucional para investigarlo, registrarlo y protegerlo sigue siendo, según los propios especialistas del IHAH, uno de los mayores desafíos del país. Entre las razones que explican por qué el 80% del territorio permanece sin explorar arqueológicamente se citan la extensión y lo accidentado del terreno nacional, el difícil acceso a zonas como La Mosquitia, la escasez de investigadores especializados y, de manera recurrente, la falta de recursos económicos destinados a la investigación científica.

De los más de 140,000 sitios estimados, solo cinco cuentan hoy con la categoría de parque arqueológico oficial abierto al público: Copán Ruinas, El Puente, Los Naranjos, las Cuevas de Talgua y Currusté. El resto miles de montículos, cuevas, petroglifos y asentamientos dispersos por Copán, el valle de Sula, Intibucá, La Paz, Olancho y la costa atlántica permanece a la espera de fondos, expediciones y, en no pocos casos, de ser oficialmente descubierto.

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