TOCOA, COLÓN.—La orden, según la hipótesis policial, habría salido de dos teléfonos celulares. El precio acordado habría sido de 20 mil lempiras. El motivo que ahora investigan las autoridades apunta hacia una mezcla de celos, resentimiento y una supuesta disputa sentimental que terminó con el asesinato de Ingrids Corina Fúnez Mendoza.
La joven fue atacada a tiros el domingo mientras se encontraba trabajando en el sector de La Abisinia, Tocoa. Dos hombres habrían llegado hasta el lugar para cumplir una misión que, de acuerdo con las primeras diligencias de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), comenzó a planificarse meses atrás.
Horas después del crimen, cuatro personas estaban bajo custodia: dos jóvenes señalados como presuntos ejecutores y dos hermanas que ahora aparecen en el centro de la investigación como las supuestas autoras intelectuales.
La mañana parecía transcurrir como cualquier otra en La Abisinia. Ingrids se encontraba en su lugar de trabajo cuando dos hombres se aproximaron y abrieron fuego contra ella.
El ataque fue rápido. Los responsables escaparon, pero la escena dejó suficientes rastros para que los investigadores comenzaran a reconstruir sus movimientos. Minutos después, agentes policiales capturaron a dos jóvenes de 20 y 19 años, señalados preliminarmente como los presuntos autores materiales.
La detención abrió una nueva línea investigativa. El asesinato, según la Policía, no habría sido producto de un asalto ni de un encuentro fortuito. Alguien habría ordenado matar a Ingrids.

Las primeras averiguaciones condujeron a los investigadores hasta el barrio Las Brisas, también en Tocoa. Allí fueron localizadas y capturadas dos hermanas de apellidos Molina Flores, de 26 y 21 años.
La DPI las señala de manera preliminar como las supuestas responsables de planificar el crimen y contactar a quienes presuntamente ejecutaron el ataque.
De acuerdo con la versión policial, las hermanas habrían ofrecido y pagado 20 mil lempiras a los sicarios. Los teléfonos celulares decomisados durante la operación podrían convertirse en piezas centrales para establecer si desde esos dispositivos se coordinó el asesinato.
Los investigadores deberán recuperar conversaciones, llamadas, ubicaciones y cualquier otro registro digital que permita reconstruir las horas y los días anteriores al ataque.
Detrás del crimen, la Policía investiga un supuesto conflicto sentimental que se habría prolongado durante varios meses.


La hipótesis sostiene que una disputa relacionada con la pareja de una de las hermanas habría provocado celos y resentimientos contra Ingrids. Lo que inicialmente habría sido un problema personal presuntamente avanzó hacia la planificación de un asesinato por encargo.
Hasta ahora, esta explicación forma parte de una investigación en desarrollo. Corresponderá al Ministerio Público presentar las pruebas y a los tribunales determinar si existió el acuerdo criminal señalado por la DPI.
Los dos jóvenes detenidos poco después del ataque permanecen señalados como presuntos autores materiales. Las hermanas Molina Flores fueron remitidas a la Fiscalía bajo la sospecha de haber participado como autoras intelectuales.
La investigación deberá establecer quién contactó a los supuestos sicarios, cómo se habría realizado el pago de los L20 mil, qué instrucciones recibieron y si existieron más personas involucradas.

