En el marco de la Semana Santa, el sacerdote Arismendi Salinas invitó a los fieles a vivir el Lunes Santo como un llamado urgente a la transformación personal, tomando como base dos de los pasajes más impactantes de la vida de Jesucristo: la limpieza del templo y la maldición de la higuera.

Salinas explicó que cuando Jesús expulsó a los mercaderes del templo, no solo denunció la corrupción religiosa de su tiempo, sino que dejó un mensaje vigente: el corazón humano también puede convertirse en un espacio ocupado por intereses, egoísmo, orgullo y distracciones que desplazan lo esencial.
El sacerdote profundizó en que esta “limpieza del templo” no es un acto simbólico lejano, sino una tarea diaria. En medio de una sociedad marcada por el ruido, la prisa y las apariencias, Salinas recordó que el verdadero templo es interior: “No se trata de lo que mostramos afuera, sino de lo que realmente habita dentro de nosotros”.

En esa misma línea, abordó el episodio de la higuera estéril, subrayando que representa a quienes aparentan vida espiritual, pero carecen de frutos reales. “La higuera tenía hojas, pero no tenía fruto. Así también nosotros podemos aparentar fe, pero vivir vacíos de amor, de justicia y de compromiso con el prójimo”, reflexionó.
Para Salinas, este pasaje interpela directamente la vida cotidiana: ¿qué frutos estamos dando como personas, como familias y como sociedad?. El llamado, dijo, no es solo a creer, sino a demostrar esa fe con acciones concretas: solidaridad, perdón, humildad y servicio.
El mensaje del Lunes Santo, concluyó, es claro y desafiante: limpiar lo que está mal dentro de nosotros y comenzar a dar frutos que transformen nuestro entorno. En tiempos donde las crisis sociales y humanas se hacen evidentes, el sacerdote insistió en que este día debe ser vivido no como una tradición más, sino como una oportunidad real de cambio.

“Jesús no solo pasó por Jerusalén, también pasa hoy por nuestras vidas. Y así como limpió el templo, quiere limpiar nuestro corazón. La pregunta es si estamos dispuestos a dejarlo entrar”, expresó.
La reflexión deja una invitación abierta a los fieles: hacer de este Lunes Santo un punto de partida para una fe auténtica, capaz de trascender palabras y convertirse en vida.

