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Calor extremo pone al límite la red eléctrica del Valle del Aguán

La demanda nacional superó los 2,024 megavatios mientras la ENEE advierte que las líneas de transmisión del litoral atlántico se recalientan y "se salen de las manos".

OLANCHITO, Yoro.— El calor que esta semana rozó los 40 grados en el Valle del Aguán no solo afecta la salud de las personas y los cultivos — también está empujando al límite una red eléctrica que lleva décadas sin la inversión que necesita.

Para los abonados de Atlántida, Colón y la zona de Yoro que incluye Olanchito, Sabá y Sonaguera, los próximos días traen una advertencia clara de la propia ENEE: prepárense para los cortes.
No es sorpresa. Es un ciclo que el Valle del Aguán conoce de memoria.

En las últimas horas, la demanda energética nacional ha alcanzado cifras cercanas a los 1,994 megavatios, mientras que en otros momentos ha superado los 2,000 megavatios, reflejando un comportamiento inusualmente alto impulsado principalmente por el incremento de las temperaturas.

El Centro Nacional de Despacho registra que la demanda saltó de 1,994 a 2,024 megavatios en cuestión de días — un salto que en términos técnicos representa la diferencia entre un sistema que trabaja al límite y uno que empieza a fallar.

El dirigente del Sindicato de Trabajadores de la ENEE, Alexander Godoy, explicó que la tendencia continuará al alza y podría agravarse en el corto plazo, mencionando entre las zonas más susceptibles a interrupciones el oriente, occidente y la región del litoral Atlántico, donde el calor extremo ya supera los 40 grados centígrados.

La ENEE tiene un mensaje que quiere que Honduras entienda antes de culpar a la generación. “No es un problema de generación, quiero dejarlo claro y ser enfático. Es un problema en la distribución de energía”, afirmó Godoy. “Los transformadores se disparan por recalentamiento debido a las altas temperaturas, que técnicamente se nos salen de las manos”.

La física es implacable: cuando el calor exterior supera ciertos umbrales, los transformadores y las líneas de transmisión acumulan temperatura propia de su operación más la del ambiente, y superan los límites de diseño para los que fueron construidos — muchos de ellos hace décadas, con capacidades que no contemplaban el crecimiento explosivo de abonados que ha experimentado el Valle del Aguán en los últimos veinte años.

El litoral atlántico consume aproximadamente 160 megavatios en condiciones normales — una cifra que en temporada de calor extremo se dispara significativamente, saturando circuitos diseñados para capacidades menores y obligando a la ENEE a sacarlos del sistema para evitar daños mayores.

El problema en el corredor Olanchito-Sabá-Tocoa-Trujillo no es igual al del resto del país. En esta región convergen tres factores que multiplican el riesgo:

El primero es la infraestructura obsoleta. Las líneas de transmisión que sirven al Valle del Aguán tienen décadas de antigüedad y no han sido reemplazadas ni ampliadas al ritmo del crecimiento poblacional y comercial de la zona. Cada temporada de calor las pone a prueba. Cada año la prueba es más difícil.

El segundo es el crecimiento desproporcionado de abonados. La expansión agroindustrial del corredor — palma africana, ganadería, agroindustria, comercio — multiplicó la demanda de energía sin que la infraestructura de distribución creciera en proporción. Los transformadores instalados para servir a comunidades rurales de hace veinte años hoy alimentan zonas industriales y residenciales de escala completamente diferente.

El tercero es el calor extremo sostenido. En 2025 se registraron 10,520 fallas en el Sistema Interconectado Nacional, que dejaron 187.4 millones de kilovatios hora no entregados. Entre 2022 y 2025, las interrupciones acumularon 40,841 aperturas de circuitos. El Valle del Aguán contribuye de forma consistente a esa estadística, especialmente en los meses de marzo a mayo.

Las autoridades han comenzado a aplicar medidas inmediatas para mitigar el impacto, como la gestión de cargas en horarios de mayor consumo. Esto se traduce en cortes controlados en determinados sistemas para evitar el sobrecalentamiento de las líneas de transmisión, práctica que podría evolucionar hacia racionamientos más amplios si la situación se intensifica.

En términos más directos: cuando la red no aguanta, la ENEE apaga sectores de forma rotativa para que el sistema en conjunto no colapse. Es una solución de emergencia que no resuelve nada estructural — pero evita el mal mayor de un colapso total.

Entre las alternativas en evaluación por el Gobierno destaca el uso de plantas generadoras a base de diésel, una opción que permitiría cubrir la demanda en momentos críticos, pero implicaría un costo significativamente mayor en comparación con otras fuentes de generación.

Este incremento en los costos operativos se trasladaría inevitablemente a la tarifa eléctrica. En otras palabras: si Honduras usa el diésel para aguantar el verano, los abonados lo pagarán en la próxima factura.

La ENEE adquirió transformadores para subestaciones clave, pero aún no están en funcionamiento. De ser exitoso el proceso de licitación en curso, su instalación tardaría un promedio de seis meses — lo que significa que no estarían listos durante el primer semestre del año, precisamente cuando más se necesitan.

Especialistas en el sector energético indican que estas circunstancias evidencen la necesidad de diversificar la matriz energética y fortalecer la infraestructura de transmisión y distribución. La integración de fuentes renovables con sistemas de almacenamiento, así como la modernización de las redes, se consideran aspectos clave para reducir la vulnerabilidad ante picos de demanda.

Para el Valle del Aguán, esa modernización tiene nombre y dirección: nuevas subestaciones en el corredor, reemplazo de transformadores obsoletos, ampliación de la capacidad de transmisión desde las centrales generadoras hasta los puntos de consumo. Es una inversión que no se ha hecho — y cuya ausencia se siente cada vez que el termómetro sube.

Mientras la ENEE trabaja con lo que tiene, los abonados del Valle del Aguán pueden tomar medidas para reducir el impacto de los cortes y proteger sus equipos eléctricos. Los técnicos recomiendan desconectar electrodomésticos de alto consumo — especialmente refrigeradoras, aires acondicionados y lavadoras — cuando ocurra un apagón y antes de reconectar al volver el servicio, para evitar el golpe de voltaje que daña los motores.

El uso de reguladores de voltaje y UPS para equipos sensibles como computadoras y televisores también reduce significativamente el riesgo de daño.

Las horas de mayor riesgo de corte en el litoral atlántico son el mediodía — entre las 11 a.m. y la 1 p.m. — y la noche, especialmente entre las 6:30 y las 9:00 p.m., cuando la demanda residencial se suma a la industrial.

El calor seguirá. La red seguirá bajo presión. Y el Valle del Aguán, como cada verano, seguirá esperando la inversión que nunca termina de llegar.

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